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.El
juego activa las mismas zonas del cerbro que la cocaína
(12:55 p.m.) Washington,
23 (EFE) — La adicción al juego parece activar las mismas zonas
del cerebro que se ponen en funcionamiento con el consumo de la
cocaína, según un estudio que profundiza en el mecanismo cerebral
de "la recompensa". Este estudio, dirigido por investigadores del
Hospital General de Massachusetts, indica que la espectativa de
una gratificación económica pone en funcionamiento el sistema del
cerebro que también procesa la "recompensa"que ofrecen las drogas
o la comida. Los investigadores creen que descubrir las zonas del
cerebro implicadas en el juego puede ayudar a tratar este problema
y, en general, todos los desórdenes de tipo compulsivo.
Solo en EU, el juego mueve cerca de 500 mil millones de dólares
cada año y destruye la vida de decenas de miles de personas. Estudios
efectuados por la Clínica Mayo de Rochester, en Minnesota, comparan
el desarrollo de la adición compulsiva al juego - denominada en
psiquiatría como ludopatía - con el de la dependencia del alcohol
y los psicotrópicos. La investigación dada a conocer ahora ha sido
realizada en el Hospital General de Massachusetts, y sus autores,
dirigidos por Hans Breiter, dan cuenta de sus hallazgos en la revista
Neuron. No identifican las áreas del cerebro específicas que se
activan con el juego, aunque indica que se trata de diferentes regiones,
todas ellas relacionadas también con las drogas.
Desde mediados de 70 se había localizado en el cerebro una región
en el sistema límbico, la misma que parece procesar las emociones,
en la que están localizados los "receptores de sustancias opiáceas
endógenas" donde las drogas descargan su recompensa de euforia.
Edmund Rolls, del departamento de Psicología Experimental de la
Universidad de Oxford, en Inglaterra, ha identificado en su libro
"Brain and Emotion" (Cerebro y Emociones) el "córtex orbitofrontal"
y la amígdala del cerebro como las zonas que procesan en los primates
las sensaciones de recompensa y castigo y las emociones. En el juego
compulsivo, según los estudios de la Clínica Mayo, a medida que
disminuye el control sobre el juego, disminuye el control sobre
la propia vida del que sufre el problema.
Las consecuencias pueden ser impredecibles pero incluyen la ruptura
de los vínculos de confianza con la familia, compañeros de trabajo
y amigos y el desarrollo de ansiedad y desordenes depresivos. En
ocasiones, añaden, aumenta la tendencia al suicidio. Hans Breiter,
quien pertenece al departamento de Radiología del hospital general
de Massachusetts, ha podido estudiar lo que ocurre en el cerebro
durante el juego gracias a las imágenes de resonancia magnética
tomadas a un grupo de voluntarios. "Hay múltiples áreas en el cerebro
implicadas en analizar lo que significa ganar o perder y muchas
de esas regiones responden cuando el individuo gana o pierde dinero",
afirma Breiter.
Las imágenes de resonancia magnética funcional de alta resolución
(FMRI,siglas en inglés) han captado la actividad de esas regiones
en experimentos de juego realizados con una especie de ruleta. "Un
incentivo único para los humanos - como es el de ganar dinero- produce
comportamientos en cerebrales parecidos a los que se dan en respuesta
a otros tipos de recompensa", indica Breiter. El científico afirma
que "esa similitud sugiere que un circuito del cerebro puede ser
usado para varios tipos de recompensa". El cerebro, según opina
por su parte el experto en psicología experimental Edmund Rolls,
está designado en torno a un sistema de recompensa y castigo, porque
ese es el modo en que los genes pueden construir un sistema complejo
saludable.
Emociones y motivación implican recompensa y castigo como una solución
del cerebro para interconectar diferentes sistemas. El hambre, la
sed y el comportamiento sexual son tres de los principios vitales
más básicos que funcionan como comportamientos motivados. Cerca
de dos tercios de los jugadores compulsivos son hombres. Aquellos
solteros, sean hombres o mujeres, y quienes tienen un historial
de depresión, abuso de alcohol, tabaco o drogas ilegales tienen
más riesgo de ser jugadores compulsivos. Como en la mayor parte
de los comportamientos adictivos, los ludópatas no son conscientes
de la pérdida de control que sufren y, a menudo, niegan la existencia
del problema, indican los estudios realizados por la Clínica Mayo
de Minnesota.
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