Sindicalismo
y cooperativismo
La
experiencia de un número considerable de trabajadores tiene
relación con el sindicalismo, pero también hay sectores
que han desarrollado el cooperativismo. En algunos casos en el
seno de los sindicatos se han fomentado cooperativas
JUAN CARLOS
DÍAZ y JOSÉ ARCIA
invest@prensa.com
El sindicalismo,
que defiende las conquistas laborales de los trabajadores, ha
dado cabida a que entre sus miembros se organicen cooperativas
que faciliten la solución de algunos problemas sociales
y económicos de los trabajadores. Según los entendidos
en la materia, no hay contradicción entre una u otra organización,
sino que más bien se complementan en la búsqueda
del bienestar de los asalariados.
El cooperativismo
moderno se inició en Rochedale , Inglaterra, en 1844, cuando
un grupo de tejedores organizó una cooperativa de consumo,
inspirado en los aportes que dieron ciertos pensadores o precursores,
muchos de los cuales sentaron las bases del sindicalismo en la
cooperación o ayuda para mejorar el estilo de vida de los
trabajadores.
La Declaración
sobre la Identidad y los Principios Cooperativos de 1995 reconoce
al cooperativismo como una asociación autónoma
de personas agrupadas voluntariamente para satisfacer sus necesidades
económicas, sociales y culturales, por medio de una empresa
que se posee en conjunto y se controla democráticamente".
La Alianza
Cooperativa Internacional (ACI), creada a finales del siglo XIX,
asumió estos retos y se encargó de representar y
promover el cooperativismo como una fórmula de reposición
del viejo modelo cooperativo en el nuevo entorno económico,
político, social y comercial.
Por su parte,
el sindicalismo se encarga de luchar por las reivindicaciones
sociales de los trabajadores, según lo explica Luis
Araúz, de la Central General Autónoma de Trabajadores
de Panamá (CGTP).
Araúz
considera que la diferencia entre sindicalismo y cooperativismo
parte de que este último busca el mejoramiento de
la vida económica de los trabajadores mediante el ahorro,
para crear reservas que les permiten beneficios en el otorgamiento
de préstamos, mientras que el primero actúa
con instrumentos como la negociación de la contratación
colectiva de trabajo, la demanda de incremento salarial o con
formas de movilización como medio de lucha.
Sin embargo,
considera que pueden ser compatibles, y un ejemplo es su participación
como presidente de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Istmeña
de Trabajadores y como directivo de la CGTP.
El sindicalismo
y el cooperativismo son complementarios, según las apreciaciones
de Antonio De León, director de educación del Instituto
Panameño Autónomo Cooperativo (IPACOOP). No
debe haber ningún choque o contraposición; al contrario
son movimientos complementarios siempre que se respeten la autonomía
y la filosofía que orientan a cada uno de estos movimientos.
Si los
movimientos cooperativo y sindical se apoyaran recíprocamente,
podrían obtener mejores condiciones para recibir ayuda
internacional, señaló De León.
El cooperativismo en Panamá
En Panamá
el cooperativismo se ha dado en forma tradicional o autóctona,
es decir un cooperativismo primario, aquel que parte de las comunidades
campesinas o indígenas que tienen un modelo cooperativo
muy avanzado, producto de su cultura, pues allí muchas
actividades se practican en base a la cooperación,
explica De León.
La primera
cooperativa formal de Panamá se da en el año de
1933 en el área de la antigua Zona del Canal, formada por
trabajadores panameños y norteamericanos, legalizada bajo
las leyes federales de Estados Unidos, y registrada en el estado
de Delaware.
En 1952 se
constituye la primera cooperativa en el territorio jurisdiccional
de Panamá, la cooperativa agrícola Cacao Bocatoreña,
con sede en Almirante, provincia de Bocas del Toro, amparada en
algunos artículos del Código de Trabajo de 1947,
pues no existía ninguna ley sobre cooperativismo.
La primera
de estas organizaciones amparada por una ley cooperativa se creó
en 1956, en El Higo de San Carlos, bajo el nombre de Santa Rosa
del Higo, R.L.
La variante
que liga al cooperativismo con el sindicalismo fue propiciada
por la antigua Central Istmeña de Trabajadores (cuyos miembros
pasaron a formar la CGTP) cuando contribuyó con la creación
de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de la Central Istmeña
de Trabajadores (CACCIT). En esta experiencia se dio una
relación entre las dos organizaciones totalmente independiente,
pero con una misma visión: el trabajador, según
la evaluación de De León.
Los procesos
organizativos que se viven en estas experiencias, dependen del
proceso educativo que se dé, que debe evitar cualquier
mala interpretación de la relación que tiene que
darse. No creo que deba haber ningún choque entre ambos
movimientos, al contrario, estos esfuerzos deben ser complementarios,
indica De León.
En Panamá
hay 433 cooperativas registradas en IPACOOP, de las cuales 211
son de ahorro y crédito. De servicios múltiples
hay 126 cooperativas. Entre el resto de los 14 tipos de cooperativas
están la de transporte (29), consumo (17) y vivienda (15).
El número
de socios asciende a 179 mil 839 miembros, según informes
del IPACOOP; de éstos el 82% o sea, 148 mil 454 se abrigan
bajo el manto del ahorro y crédito.
El encargado
de dirigir, planificar y ejecutar la política cooperativa
del Estado panameño es el IPACOOP, el cual fue creado mediante
la Ley 24 de 21 de julio de 1980. Entre sus finalidades están
planificar y programar el desarrollo del sector cooperativo panameño;
colaborar y coordinar con las asociaciones cooperativas todos
los programas de educación cooperativa; promover la organización
de todo tipo de asociaciones cooperativas; orientar el financiamiento
estatal hacia las cooperativas; brindar asistencia técnica,
y fiscalizar las operaciones de las cooperativas.
En 1990 se
dictó la ley 12 mediante la cual se establece la enseñanza
del cooperativismo en los centros educativos del país.
Así se establece la enseñanza aprendizaje
del cooperativismo en los diversos niveles y modalidades que conforma
el sistema educativo panameño, dice la ley.
Se dice que
la enseñanza del cooperativismo debe combinar aspectos
teóricos y prácticos con sentido eminentemente didáctico
y se especifica que el Ministerio de Educación fomentará
y apoyará el establecimiento de cooperativas escolares,
cuyos asociados serán los estudiantes de cada plantel educativo,
conforme a la ley y a los reglamentos que regulan el cooperativismo.
En 10 años
de vigencia de esta ley solo se han conformado ocho cooperativas
escolares que cuentan con 307 asociados estudiantiles, lo que
es una clara demostración de la lentitud con la que actúa
el Ministerio de Educación en relación al cumplimiento
de esta ley.
Un ejemplo: cooperativa Santa Rosa
El cooperativismo,
según la evaluación de Hilda Bonilla, presidenta
de la cooperativa Santa Rosa de Panamá, R.L. integrada
principalmente por trabajadores de la Coca Cola, cervecería
Panamá, cervecería Barú e inversiones Hato
Pintado, es una ventaja para el trabajador porque se le presenta
como una alternativa para la solución de algunos problemas.
La cooperativa
se inició el 14 de junio de 1967, con unos 20 asociados
y un capital de 85 dólares; hoy cuenta con unos 500 socios
y su gama de ofrecimientos se ha ampliado a múltiples servicios
como ahorro de aportaciones, escolar y de navidad, así
como a los préstamos ordinarios, automáticos, de
urgencia y de rápida recuperación.
Esta cooperativa
fue reconocida legalmente en 1969 cuando obtuvo su personería
jurídica y se afilió a la Federación de Cooperativas
de Ahorro y Crédito de Panamá, R.L. (FEDPA).
Las
cooperativas en cierta medida ayudan a solventar los problemas
económicos de los trabajadores, conceptúa
Bonilla.
Para la dirigente
cooperativista, los movimientos de globalización no son
un tema que le preocupa, puesto que las cooperativas forman parte
del competitivo mercado crediticio y han aprendido a sobrevivir
en este feroz mundo de competencia, por ello desde
octubre del 2000 esta cooperativa inició un proyecto de
desarrollo organizacional y estratégico para enfrentar
los retos del nuevo milenio.
Anotaciones finales
Aquellos grupos
de trabajadores sindicalizados, que semana a semana se ven en
la penosa necesidad de caer en manos de prestamistas agiotistas,
que usufructúan del salario del trabajador sin miramiento
alguno, pudieran encontrar en la organización cooperativa
una alternativa para solventar sus urgencias económicas.
Bonilla, en
un estudio que hizo sobre la ventaja de las cooperativas para
los trabajadores, considera que se deben procurar productos o
servicios tales como menor costo del dinero, por provenir de aportaciones
del asociado; comodidad, ambiente y formularios para tramitación
de tipo bancario; mantener un canal de comunicación permanente
con los asociados; desarrollar actividades educativas culturales
y recreativas; autobeneficio al consumir los servicios, y oportunidad
de participar como directivo en las juntas o comités.
Considera
Bonilla que se debe dar la prestación de los servicios
a los empleados de las empresas integrados a la cooperativa al
igual que a trabajadores del entorno familiar y vecinal de los
asociados y cualesquiera personas naturales de la república,
para lo cual se requiere de la aprobación de la junta directiva.
Bonilla ve
a las cooperativas como los organismos que tienden a lograr asociados
plenamente satisfechos mediante la prestación de servicios
financieros de forma competitiva, con capacidad creciente para
rendir beneficios efectivos dentro de un mundo de globalización,
aprovechando la iniciativa, moral y la capacidad de trabajo gregario.
Deben las
cooperativas contribuir con el desarrollo integral de los asociados
y la comunidad en general, con fundamento en los principios y
los valores del cooperativismo, prestando servicios financieros
a través de un sistema eficaz, oportuno, confiable y promotor
de capacitación para la integración social y cultural,
y garantizando la óptima organización económica
familiar.
Se debe buscar,
en síntesis, según Bonilla, la implantación
de la cultura del servicio.
|