Panamá, 23 de mayo de 2001
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Sindicalismo y cooperativismo

La experiencia de un número considerable de trabajadores tiene relación con el sindicalismo, pero también hay sectores que han desarrollado el cooperativismo. En algunos casos en el seno de los sindicatos se han fomentado cooperativas

JUAN CARLOS DÍAZ y JOSÉ ARCIA
invest@prensa.com

El sindicalismo, que defiende las conquistas laborales de los trabajadores, ha dado cabida a que entre sus miembros se organicen cooperativas que faciliten la solución de algunos problemas sociales y económicos de los trabajadores. Según los entendidos en la materia, no hay contradicción entre una u otra organización, sino que más bien se complementan en la búsqueda del bienestar de los asalariados.

El cooperativismo moderno se inició en Rochedale , Inglaterra, en 1844, cuando un grupo de tejedores organizó una cooperativa de consumo, inspirado en los aportes que dieron ciertos pensadores o precursores, muchos de los cuales sentaron las bases del sindicalismo en la cooperación o ayuda para mejorar el estilo de vida de los trabajadores.

La Declaración sobre la Identidad y los Principios Cooperativos de 1995 reconoce al cooperativismo como “una asociación autónoma de personas agrupadas voluntariamente para satisfacer sus necesidades económicas, sociales y culturales, por medio de una empresa que se posee en conjunto y se controla democráticamente".

La Alianza Cooperativa Internacional (ACI), creada a finales del siglo XIX, asumió estos retos y se encargó de representar y promover el cooperativismo como una fórmula de reposición del viejo modelo cooperativo en el nuevo entorno económico, político, social y comercial.

Por su parte, el sindicalismo se encarga “de luchar por las reivindicaciones sociales de los trabajadores”, según lo explica Luis Araúz, de la Central General Autónoma de Trabajadores de Panamá (CGTP).

Araúz considera que la diferencia entre sindicalismo y cooperativismo parte de que este último “busca el mejoramiento de la vida económica de los trabajadores mediante el ahorro, para crear reservas que les permiten beneficios en el otorgamiento de préstamos”, mientras que el primero actúa con instrumentos como la negociación de la contratación colectiva de trabajo, la demanda de incremento salarial o con formas de movilización como medio de lucha.

Sin embargo, considera que pueden ser compatibles, y un ejemplo es su participación como presidente de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Istmeña de Trabajadores y como directivo de la CGTP.

El sindicalismo y el cooperativismo son complementarios, según las apreciaciones de Antonio De León, director de educación del Instituto Panameño Autónomo Cooperativo (IPACOOP). “No debe haber ningún choque o contraposición; al contrario son movimientos complementarios siempre que se respeten la autonomía y la filosofía que orientan a cada uno de estos movimientos”.

“Si los movimientos cooperativo y sindical se apoyaran recíprocamente, podrían obtener mejores condiciones para recibir ayuda internacional”, señaló De León.


El cooperativismo en Panamá

En Panamá el cooperativismo “se ha dado en forma tradicional o autóctona, es decir un cooperativismo primario, aquel que parte de las comunidades campesinas o indígenas que tienen un modelo cooperativo muy avanzado, producto de su cultura, pues allí muchas actividades se practican en base a la cooperación”, explica De León.

La primera cooperativa formal de Panamá se da en el año de 1933 en el área de la antigua Zona del Canal, formada por trabajadores panameños y norteamericanos, legalizada bajo las leyes federales de Estados Unidos, y registrada en el estado de Delaware.

En 1952 se constituye la primera cooperativa en el territorio jurisdiccional de Panamá, la cooperativa agrícola Cacao Bocatoreña, con sede en Almirante, provincia de Bocas del Toro, amparada en algunos artículos del Código de Trabajo de 1947, pues no existía ninguna ley sobre cooperativismo.

La primera de estas organizaciones amparada por una ley cooperativa se creó en 1956, en El Higo de San Carlos, bajo el nombre de Santa Rosa del Higo, R.L.

La variante que liga al cooperativismo con el sindicalismo fue propiciada por la antigua Central Istmeña de Trabajadores (cuyos miembros pasaron a formar la CGTP) cuando contribuyó con la creación de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de la Central Istmeña de Trabajadores (CACCIT). “En esta experiencia se dio una relación entre las dos organizaciones totalmente independiente, pero con una misma visión: el trabajador”, según la evaluación de De León.

Los procesos organizativos que se viven en estas experiencias, dependen “del proceso educativo que se dé, que debe evitar cualquier mala interpretación de la relación que tiene que darse. No creo que deba haber ningún choque entre ambos movimientos, al contrario, estos esfuerzos deben ser complementarios”, indica De León.

En Panamá hay 433 cooperativas registradas en IPACOOP, de las cuales 211 son de ahorro y crédito. De servicios múltiples hay 126 cooperativas. Entre el resto de los 14 tipos de cooperativas están la de transporte (29), consumo (17) y vivienda (15).

El número de socios asciende a 179 mil 839 miembros, según informes del IPACOOP; de éstos el 82% o sea, 148 mil 454 se abrigan bajo el manto del ahorro y crédito.

El encargado de dirigir, planificar y ejecutar la política cooperativa del Estado panameño es el IPACOOP, el cual fue creado mediante la Ley 24 de 21 de julio de 1980. Entre sus finalidades están planificar y programar el desarrollo del sector cooperativo panameño; colaborar y coordinar con las asociaciones cooperativas todos los programas de educación cooperativa; promover la organización de todo tipo de asociaciones cooperativas; orientar el financiamiento estatal hacia las cooperativas; brindar asistencia técnica, y fiscalizar las operaciones de las cooperativas.

En 1990 se dictó la ley 12 mediante la cual se establece la enseñanza del cooperativismo en los centros educativos del país. Así “se establece la enseñanza aprendizaje del cooperativismo en los diversos niveles y modalidades que conforma el sistema educativo panameño”, dice la ley.

Se dice que la enseñanza del cooperativismo debe combinar aspectos teóricos y prácticos con sentido eminentemente didáctico y se especifica que “el Ministerio de Educación fomentará y apoyará el establecimiento de cooperativas escolares, cuyos asociados serán los estudiantes de cada plantel educativo, conforme a la ley y a los reglamentos que regulan el cooperativismo”.

En 10 años de vigencia de esta ley solo se han conformado ocho cooperativas escolares que cuentan con 307 asociados estudiantiles, lo que es una clara demostración de la lentitud con la que actúa el Ministerio de Educación en relación al cumplimiento de esta ley.


Un ejemplo: cooperativa Santa Rosa

El cooperativismo, según la evaluación de Hilda Bonilla, presidenta de la cooperativa Santa Rosa de Panamá, R.L. integrada principalmente por trabajadores de la Coca Cola, cervecería Panamá, cervecería Barú e inversiones Hato Pintado, es una ventaja para el trabajador porque se le presenta como una alternativa para la solución de algunos problemas.

La cooperativa se inició el 14 de junio de 1967, con unos 20 asociados y un capital de 85 dólares; hoy cuenta con unos 500 socios y su gama de ofrecimientos se ha ampliado a múltiples servicios como ahorro de aportaciones, escolar y de navidad, así como a los préstamos ordinarios, automáticos, de urgencia y de rápida recuperación.

Esta cooperativa fue reconocida legalmente en 1969 cuando obtuvo su personería jurídica y se afilió a la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito de Panamá, R.L. (FEDPA).

“Las cooperativas en cierta medida ayudan a solventar los problemas económicos de los trabajadores”, conceptúa Bonilla.

Para la dirigente cooperativista, los movimientos de globalización no son un tema que le preocupa, puesto que las cooperativas forman parte del competitivo mercado crediticio y han aprendido a sobrevivir en este “feroz mundo de competencia”, por ello desde octubre del 2000 esta cooperativa inició un proyecto de desarrollo organizacional y estratégico para enfrentar los retos del nuevo milenio.


Anotaciones finales

Aquellos grupos de trabajadores sindicalizados, que semana a semana se ven en la penosa necesidad de caer en manos de prestamistas agiotistas, que usufructúan del salario del trabajador sin miramiento alguno, pudieran encontrar en la organización cooperativa una alternativa para solventar sus urgencias económicas.

Bonilla, en un estudio que hizo sobre la ventaja de las cooperativas para los trabajadores, considera que se deben procurar productos o servicios tales como menor costo del dinero, por provenir de aportaciones del asociado; comodidad, ambiente y formularios para tramitación de tipo bancario; mantener un canal de comunicación permanente con los asociados; desarrollar actividades educativas culturales y recreativas; autobeneficio al consumir los servicios, y oportunidad de participar como directivo en las juntas o comités.

Considera Bonilla que se debe dar la prestación de los servicios a los empleados de las empresas integrados a la cooperativa al igual que a trabajadores del entorno familiar y vecinal de los asociados y cualesquiera personas naturales de la república, para lo cual se requiere de la aprobación de la junta directiva.

Bonilla ve a las cooperativas como los organismos que tienden a lograr asociados plenamente satisfechos mediante la prestación de servicios financieros de forma competitiva, con capacidad creciente para rendir beneficios efectivos dentro de un mundo de globalización, aprovechando la iniciativa, moral y la capacidad de trabajo gregario.

Deben las cooperativas contribuir con el desarrollo integral de los asociados y la comunidad en general, con fundamento en los principios y los valores del cooperativismo, prestando servicios financieros a través de un sistema eficaz, oportuno, confiable y promotor de capacitación para la integración social y cultural, y garantizando la óptima organización económica familiar.

Se debe buscar, en síntesis, según Bonilla, la implantación de la “cultura del servicio”.

 
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