Una
reliquia arquitectónica
TEXTOS: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIAS: CORTESIA DEL PADRE JOSE CASTAÑO
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Así era la Iglesia de la Merced a finales del siglo XIX.
Compárese con la otra fotografía, en donde ya aparecen los
rieles del tranvía. Nótese que bella e interesante era la
construcción original, con su fachada toda de piedra y sin
sufrir el sacrificio de la inapropiada pintura blanca. En
nuestra opinión muy personal, ese era el edificio religioso
más llamativo de la ciudad. Además de la pintura, hoy se
observan modificaciones en las ventanas y en la escalera
que aparece posteriormente. Se dice que la pequeña capilla
exterior de la derecha era usada para bautizos y la otra
para rogar por las ánimas.
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En el año de 1258, el catalán Pedro Nolasco funda la orden religiosa
y militar de la Virgen de la Merced, dedicada a redimir o liberar
a los prisioneros existentes en diversas partes del mundo. Al inicio
trabajaban en España y en Africa. Con posterioridad vinieron a la
América.
A Panamá, los primeros miembros de dicha orden llegaron entre
1514 y 1519. A favor de la primera versión está el hecho de que,
cuando Pedrarias Dávila arribó aquí en el primer año anotado,
vino con el primer obispo Fray Juan de Quevedo, en unión de varios
franciscanos y “de otros clérigos” cuya orden no se especificaba.
Llama la atención que una de sus naves tenía el nombre de “Santa
María de la Merced”, muy relacionada con la comunidad que hoy
nos ocupa.
Veamos ahora qué argumentos se pueden aducir a favor de la fecha
de 1519.
Al ser trasladada la ciudad de Santa María la Antigua del lado
Pacífico al Atlántico y ser reemplazada por la que se llamó Nuestra
Señora de la Asunción de Panamá, Pedrarias, su fundador, tenía
como capellán a Francisco de Bovadilla, quien obtuvo permiso para
conseguir el terreno, en donde pronto se erigiría “la primera
casa o convento” que tuvo la Merced en tierra firme de este continente.
De más está decir que Bovadilla era miembro de la comunidad de
los mercedarios, nombre de la asociación en la cual hoy estamos
interesados
De manera que ya tenemos a estos religiosos, instalados en lo
que hoy se conoce como Panamá La Vieja.
También tuvieron un convento hospital en San Felipe de Portobelo.
En sus inicios, el obispo de Panamá, Pedro de Torres, no les permitía
a los mercedarios predicar, confesar, ni pedir limosnas, lo que
hizo que el religioso Pedro de Hiba solicitara a la casa real
de España que ordenara modificar esa situación, lo cual les fue
concedido.
Con ello los ingresos aumentaron y el convento fue creciendo no
solo físicamente sino también en ingresos y en el número de religiosos
(10). Llegaron a poseer alrededor de 300 cabezas de ganado y unos
bohíos que alquilaban a los viajeros que cruzaban el istmo.
En 1671, el pirata Henry Morgan saquea Panamá y convierte el nuevo
convento mercedario en su plaza de armas.
Debido a la destrucción de la ciudad, los mercedarios debían trasladarse
al sitio de Ancón. Pero los obstáculos por parte de las autoridades
continuaban. Se dice que a pie y sobre los hombros poco a poco
se fueron transportando las piedras.
Corría el rumor de que Morgan y sus huestes iban a atacar de nuevo.
La comunidad mercedaria resolvió entonces no usar aquel material
para construir un nuevo convento. Lo utilizó para levantar una
muralla que protegía a la ciudad de otro ataque, dando así más
pruebas de su desprendimiento.
La nueva iglesia fue entonces construida de madera, por lo cual
fue presa de varios incendios. La fecha se fija entonces en 1732,
a juzgar por la inscripción que aparecía en las nuevas campanas.
La Merced, debido a la demora y también a los incendios que asolaron
a la Catedral, cumplió las funciones de esta en variadas y prolongadas
ocasiones.
Comentarios de nuestro lectores
En una muy amable carta, Don Carlos A. Miranda G. nos envió un
extenso relato de la fundación de Boquete, en las postrimerías
del siglo XIX, por un grupo de habitantes de Dolega que buscaba
mejores tierras.
Entre ellos figuraban José Mercedes, José Salomé y Manuel del
Rosario Miranda, Antonio y Popo González. Así como los Rovira,
Guerra, Urriola, Ciana y otros.
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