¿Retornará el socialismo?
Según Fukuyama, el impulso por la igualdad social no ha muerto
Ruling Barragán
Creo oportuno hacer un resumen sobre el artículo de Francis Fukuyama, “Will Socialism Make a Comeback?”
(¿Volverá el socialismo?) publicado por la revista Time durante el mes de mayo del año pasado. El artículo en cuestión resulta pertinente en relación a la situación mundial de los trabajadores y los prospectos internacionales de la globalización.
Fukuyama empieza su escrito señalando que, si el socialismo significa un sistema político-económico en que el Gobierno controle gran parte de la economía para distribuir la riqueza de manera igualitaria, entonces, dadas las actuales circunstancias, las probabilidades de que este sistema retorne próximamente son computables en cero.
No obstante, el impulso político por la igualdad se mantiene de manera enérgica. Este impulso o fuerza política por la igualdad no está actualmente en condiciones de implementar una agenda política coherente, pero puede crear una nueva forma de gobierno que actúe como un fuerte freno contra las corporaciones internacionales y los gobiernos que sirven a sus intereses.
Aunque los defensores de la globalización divulgan sin mayor reparo que el socialismo es un sistema que no funciona, desde un punto de vista histórico resulta fácil desmentir aquella afirmación. El socialismo sí funcionó durante los 30 y nuevamente en los 50 y los 60. Durante esas décadas, el crecimiento de los países socialistas -nos recuerda Fukuyama- fue más rápido que sus contrapartes capitalistas. No obstante, en algún momento durante los 70 y los 80, este crecimiento se detuvo, cuando los países capitalistas empezaban a entrar en lo que hoy conocemos como la era de la información.
Una de las razones por las cuales esto sucedió -piensa Fukuyama, apoyándose en Hayek- es que, con el desarrollo de la información, las decisiones descentralizadas resultaron más eficientes. Siendo la información un suceso local en principio, si tiene que pasar por la compleja jerarquía de burocracias estatales o corporativas, tenderá a ser manipulada, distorsionada y retardada. En una economía de mercado -que se destaca precisamente por sus decisiones descentralizadas, señala Fukuyama- esta información no está sujeta a las anomalías antes señaladas.
El desarrollo de las tecnologías de la información y la eficiencia de la economía no centralizada se unen ahora -según Fukuyama- a otro factor: la globalización. Esto fortalece los sistemas de economías abiertas en detrimento de los países socialistas. Circula demasiada información -y en innumerables formas- sobre los estándares de vida en los países desarrollados.
Décadas atrás, era relativamente fácil para un país socialista cerrar sus puertas y contentarse con el grado de justicia social alcanzado, aun cuando el desarrollo económico fuese pobre. No obstante, hoy día sus ciudadanos conocen demasiado acerca de cómo vive la gente en otros países. Esto ciertamente genera malestar y demandas en sus habitantes (piénsese en Cuba o China), quienes aspiran a un mejor nivel de vida.
No obstante, el impulso por la igualdad social no ha muerto, escribe Fukuyama. Esto se demuestra en las protestas contra los organismos financieros internacionales en Seattle 2000 y en Washington, durante el mismo año (y ahora más recientemente en Praga, Quebec, y las protestas de trabajadores a nivel internacional el pasado 1 de mayo). La izquierda -nos dice Fukuyama- puede estar pasando por una momentánea hibernación, pero está siendo revitalizada por un enemigo llamado globalización.
Ahora más que nunca es necesario que los trabajadores unifiquen sus fuerzas a nivel internacional. La exhortación de Marx y Engels, “¡trabajadores del mundo, uníos!, resulta hoy sumamente apropiada, señala Fukuyama. Solo si los trabajadores unieran sus fuerzas a nivel mundial, como análogamente -aunque en sentido opuesto- hacen las grandes corporaciones, se lograrían vindicaciones laborales.
Resulta totalmente imposible presionar a las corporaciones transnacionales de manera local; estas solo tendrían que mudarse de país y conseguir otros trabajadores. Las sindicatos de trabajadores tienen que traspasar todo tipos de fronteras nacionales-estatales; hacerse realmente internacionales; esto es, ‘globalizarse’ ellas mismas. Para esto será fundamental el papel que realicen las ONG, piensa Fukuyama.
Aunque esto es una contradicción en términos -una forma de gobierno por medio de ‘organizaciones no gubernamentales’-, las ONG pueden crear nuevas formas de organización social y económica muy efectivas. Y aunque per definitio las ONG no puedan crear formas institucionalizadas de gobierno, el impulso que mueve a estas organizaciones ha mostrado su capacidad en frenar la vorágine globalizadora. Muestra de ello la ha dado Greenpeace y otros grupos que defienden a los pobres y el medio ambiente.
Ciertamente, esto no es la clase de socialismo que conocimos, aunque parece ser la única que podría surgir, sugiere Fukuyama. “El impulso por la igualdad social” -frase fundamental en el artículo de Fukuyama- sigue muy enérgico y está fortaleciéndose cada vez más en todo el mundo. El deseo de justicia está siendo exacerbado a nivel mundial por la ambición desmedida de las corporaciones multinacionales.
El autor es licenciado en filosofía
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