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Quienes padecieron las interrupciones del servicio
eléctrico en la ciudad de Colón durante varios días en
el pasado mes de febrero, probablemente se sentirán complacidos
por la multa de 200 mil dólares que el Ente Regulador
de los Servicios Públicos ha impuesto a Elektra Noreste,
S.A. Lamentablemente, no es tan justo como parece, por
la sencilla razón de que todas las distribuidoras de energía
eléctrica, tarde o temprano, le trasladan al usuario todos
los costos de operación, de una manera u otra. El Ente
Regulador de los Servicios Públicos tiene un evidente
conflicto de intereses, porque es una institución pública,
y el Estado es accionista o dueño de las empresas que
deben regularse. Ello ocurre en el Instituto de Acueductos
y Alcantarillados, propiedad del Estado; en las empresas
distribuidoras de energía eléctrica, en las que es accionista;
en la empresa que transmite la energía de las generadoras
a las distribuidoras, y en algunas generadoras termoeléctricas
e hidroeléctricas. ¿Qué hacer? El Estado debe vender su
participación en esas empresas de electricidad y telecomunicaciones
o integrar el Ente Regulador de los Servicios Públicos
con personas de reconocida capacidad técnica e independencia,
que no dependan del Organo Ejecutivo ni del Legislativo.
No hacerlo así, es burlarse de todos los usuarios de los
servicios públicos que, además, pagan por una protección
que en realidad no reciben.
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