¿Quién
fue Emilio Castro?
Con la construcción de un nuevo local para la policlínica
Emilio Castro ha surgido la inquietud de la familia Cárdenas de
que se le cambie el nombre y se le ponga el de Miguel Cárdenas.
La familia Castro insiste que no debe haber ningún cambio de nombre
porque la institución es la misma de siempre.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
Eran tiempos duros; las enfermedades golpeaban sin piedad, la
ignorancia campeaba por las praderas, colinas y cerros de la provincia
de Los Santos; los pobladores morían, como sucedió en 1904, cuando
el verano se ausentó y las plagas se apoderaron de las sementeras.
El único remedio parecía ser la muerte.
Durante aquellas primeras décadas del siglo XX, reinaron en la
región santeña el espíritu de la fatalidad y el dolor de la vida
dura. Una cultura que ignoraba los beneficios de la higiene elemental
y que acudía a la resignación que deja la falta de herramientas
para enfrentar los males. Los santeños eran valientes, pero a
la valentía le faltaba el vapor de la efectividad.
Las vías de comunicación, por aquellas montañas del macizo de
Azuero o por las planicies costeñas de la península, eran trillos
en los que los caballos quedaban atascados en el lodo, y los viajes
se alargaban considerablemente. La esperanza quedaba cortada por
el camino enlodado o por el río torrentoso. Los aguaceros en vez
de amigos, fueron enemigos de los hombres.
En esos tiempos había infecciones y no había penicilina, ni antibiótico
alguno; había contaminación y la higiene brillaba por su ausencia;
avanzaban sin límites las enfermedades, a las cuales sólo se enfrentaba
algún chamán con sus místicas oraciones o algún yerbero con sus
menjurjes empíricos. La muerte vencía a las buenas intenciones.
Esa era la situación. El 3 de julio de 1918 se nombró como médico
oficial en interinidad de la provincia de Los Santos a Emilio
Castro, quien desde el primer momento de su gestión impulsó la
prevención en salubridad como medio para acabar con el arrastre
enfermizo de los campesinos y pobladores santeños.
Castro había nacido el 20 de diciembre de 1887 en Mayagüez, Puerto
Rico; viajó a Estados Unidos y obtuvo su título de doctor en medicina
en la Eastern University, de la ciudad de Washington, en 1911,
en cuyo hospital laboró por seis meses como médico cirujano. Se
trasladó luego a Nueva York, y en el Hospital Francés de esta
ciudad trabajó durante dos años como médico cirujano residente.
Después decidió mudarse a Panamá.
Entró en contacto con el tableño Claudio Vásquez Villarreal y
juntos instalaron una farmacia en Las Tablas. Así caminaba su
vida cuando lo nombraron, mediante el decreto No. 19, como el
encargado de la salud en la provincia de Los Santos.
Una vida dedicada a la salud
El historiador Oscar Velarde, celoso documentalista y hombre de
ciencia, compiló en un pequeño ensayo la trayectoria médica de
Emilio Castro. Para ello acudió a archivos parroquiales, familiares
y nacionales. En gran medida este trabajo periodístico se basa
en los escritos de Velarde y en algunos documentos facilitados
por los descendientes de Castro.
La conciencia de los santeños ha sido formada por la herencia
que viene de sus antepasados. Con sus contradicciones, con sus
aciertos y sus errores, los santeños, sobre todo aquellos que
quemaron rozas y sembraron arroz y maíz para mantener la más tradicional
dieta de la región, no medían las consecuencias de ese apego a
la tradición.
Con esa situación se encontró Castro, ilustrado por las universidades
del norte, cuando llegó a Las Tablas y fue nombrado médico oficial
de la región. Al santeño de esa época no le gustaba bañarse, y
menos todos los días, como manda la más elemental norma de higiene.
Ese santeño creía, con la ignorancia característica de su tiempo,
que “bueno es Dios y nos da calenturas”.
Cuán grande era la barrera que debían vencer el médico oficial
y los funcionarios públicos para llevar adelante los planes de
la campaña de medicina preventiva y curativa que el Estado impulsaba
por la vía de las leyes y de la dotación de recursos humanos y
materiales necesarios para llegar a la mayor cantidad de población
posible. En Los Santos el principal responsable de la campaña
era Emilio Castro.
El médico ganó la confianza del Inspector de Instrucción Pública
de Las Tablas, J .M. López Sosa, quien lo invitó a evaluar las
condiciones físicas y sanitarias de algunos locales escolares
y solicitó su gestión para encontrar un local escolar en mejores
condiciones, así fuera que hubiera que alquilarlo.
Entre la atención a los enfermos y el apoyo al ramo educativo,
Castro ganó el respeto de una comunidad que lo veía como benefactor
desinteresado del desarrollo y mejoramiento social de los pobladores.
Sin embargo, la vida tiene sus bemoles, y en junio de 1920 Castro
fue nombrado médico oficial de la Colonia Penitenciaria de Coiba;
seis meses después, en enero de 1921, el secretario de Gobierno
y Justicia, José Guardia Vega, aceptaba la renuncia de Castro
como médico de la penitenciaría.
Emilio Castro volvió a Las Tablas, y el 6 de septiembre de 1922
fue nuevamente nombrado en el puesto de médico oficial de la Provincia
de Los Santos. Había vuelto al lugar indicado para continuar su
labor educativa y preventiva que había iniciado años atrás.
Cuentan quienes lo conocieron por aquellos años, que a este hombre
nada lo detenía. Agarraba un caballo, colocaba su alforja, se
montaba, y dispuesto a atravesar la Loma Grande viajaba hasta
Tonosí para atender los comunes casos de paludismo y de otras
enfermedades que golpeaban a la población. Y para insistir en
la necesidad de prevenir los males antes de que aparecieran.
Pese a este apego por la tierra acogida, Castro nunca olvidó que
el mundo era más extenso que los valles, los cerros y las playas
santeñas. Con ese criterio, cuando se encontraba con algún caso
clínico que estuviera fuera de su especialidad o cuya atención
requería de recursos mayores a los que él tenía en la región,
los remitía a la Clínica Herrick en la ciudad de Panamá. Su comunicación
epistolar con uno de los médicos de esta clínica, D. F. Reeder,
permitió a Castro remitirle algunos pacientes.
Revelador fue su informe del 5 de julio de 1924. La preocupación
principal estaba concentrada en la limpieza y saneamiento de las
poblaciones, en las instalaciones de pozos artesianos y en la
necesidad de atención a las enfermedades venéreas que habían proliferado.
Observó que los tratamientos caseros, faltos de higiene y aplicados
intempestivamente, eran un mal tan grave como la enfermedad.
Su preocupación por los estudiantes y el pueblo llevó a Castro
a demandar la instalación de un hospital en adecuadas condiciones,
donde se atendería el despacho de las recetas que el médico oficial
hiciese tanto “a las clases proletarias como a los educandos pobres”.
En otro informe, dos años después, en 1926, Castro detectó que
las enfermedades más comunes en la región eran: anemia, paludismo,
uncinariasis, tonsilitis, resfriados y caries dentales. Los mayormente
afectados por estas dolencias eran los escolares. Decía el médico
que había que mejorar las condiciones de los niños en sus hogares,
sobre todo en los campos, porque la alimentación deficiente que
tenían era lo que les causaba la anemia que padecían.
“Emilio Castro es panameño”
El 13 de abril de 1928, bajo la firma del presidente de la República,
Rodolfo Chiari, y del secretario de Relaciones Exteriores, Ricardo
J. Alfaro, recibió su Carta de Naturaleza: “Emilio Castro es ciudadano
panameño”.
El maestro Manuel María Tejada Roca, nombrado en 1931 como inspector
de instrucción pública de la región, buscó en el médico Castro
la colaboración para llevar adelante “la ardua labor de higienizar
el ambiente escolar para beneficio de la niñez”. Juntos recorrieron
los distritos de Pocrí y Pedasí, evaluaron el estado de las escuelas
y recomendaron el cambio de algunos locales escolares de estos
distritos.
Su conducta fue calificada como intachable por las autoridades
y funcionarios provinciales de la época, y “tanto por los servicios
prestados en su profesión como por la manera correcta de proceder
en todos sus actos, se ha hecho acreedor a la estimación general”.
Los años pasaron, fue ratificado como médico oficial de la provincia
de Los Santos, se le otorgó la licencia definitiva para el ejercicio
de la medicina y finalmente fue nombrado médico forense, primero
de Las Tablas y después de la provincia de Los Santos.
A juicio de Velarde, “el doctor Emilio Castro es, sin duda alguna,
uno de los iniciadores de la medicina preventiva y curativa en
la región santeña”. Legó esa herencia al pueblo santeño al cual
había servido toda su vida. Murió en Las Tablas el 10 de noviembre
de 1949.
Dados los notables méritos y su voluntad de entrega al bienestar
social, la Policlínica de la Caja de Seguro Social lleva desde
1964, para complacencia de la comunidad tableña, el nombre del
doctor Emilio Castro C.
¿Cambiar
el nombre?
A raíz de la construcción de un nuevo edificio para la policlínica
Emilio Castro en la ciudad de Las Tablas, ha surgido una polémica
planteada por la familia Cárdenas que desea que se cambie el nombre
del legendario médico Emilio Castro por el del médico Miguel Cárdenas.
La familia Castro se opone a esta propuesta por cuanto el nombre
de Emilio Castro pertenece a la institución y no al edificio donde
se albergan sus instalaciones en la actualidad, de tal forma que
independientemente del local, la institución permanece y con ella
debe permanecer el nombre que tiene desde 1964.
En su programa “Hoy con el pueblo”, a través de Radio Mensabé,
el periodista Gumercindo Domínguez hizo un sondeo telefónico de
micrófono abierto, el pasado 22 de abril del 2001; durante 10
minutos, llamaron 91 personas, 24 de las cuales están a favor
de que se cambie el nombre y 77 dijeron que están de acuerdo con
que se mantenga el nombre de Emilio Castro a la policlínica del
Seguro.
Raúl Cárdenas, en representación del comité de la familia Cárdenas
que propugna el cambio del nombre de la policlínica, dijo en la
citada emisora que “luchamos por perpetuar el nombre de un gran
médico, Miguel Cárdenas”.
Explicó que a favor de su propuesta han recogido más de 2 mil
firmas en toda la provincia de Los Santos. “No hemos tenido respuesta
negativa en ninguno de los consejos municipales que hemos visitado;
al contrario, dijeron que esto es hacerle justicia y honor a un
hombre que se lo merece. Nunca hemos tenido respuesta negativa
en ningún concejo”.
Raúl Cárdenas explica que la fuente de su propuesta no está en
el hecho de que el actual ministro de Vivienda sea hijo del médico
Miguel Cárdenas, sino en la necesidad de reconocer la trayectoria
profesional y social del médico cuyo nombre buscan honrar.
Cárdenas reivindica el respeto por la memoria de Emilio Castro
y dice que su nombre permanecerá en el actual edificio, pero que
ante el hecho de que se construye un nuevo edificio, “consideramos
nosotros que se le debe dar el nombre de Miguel Cárdenas”.
El profesor Isidoro Vega, como parte de la familia Castro, en
una intervención radial a través del citado programa fue enfático
en su respuesta al abogado Raúl Cárdenas: "en ningún momento la
Caja de Seguro Social debe cambiar el nombre de la policlínica
Emilio Castro, porque el nombre se ha puesto a la institución
y no al edificio".
Vega protesta enérgicamente “porque eso es monospreciar la memoria
de un hombre que honró la profesión médica en esta provincia,
en tiempos difíciles".
El educador Vega recuerda en su intervención que ha trascendido
a los medios masivos de comunicación que el director de la Caja
de Seguro Social, Juan Jované, “no está de acuerdo con ese cambio
de nombre”.
Eso da a entender que “dentro de los elementos pensantes de la
institución sí hay preocupación por no hacer cosas que el licenciado
[Miguel] Cárdenas considera muy bonitas, como es irrespetar la
memoria de un muerto”.
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