Panamá, 20 de mayo de 2001
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Todos conocemos el cuento del pastor y el lobo, y pareciera que estamos preparándonos para una nueva edición de esta historia. Nos estamos acostumbrando a que se denuncien graves actos contra la seguridad del Estado, sin que haya una investigación concluyente en la que se den a conocer los hechos ocurridos y se establezcan las responsabilidades del caso. Ocurrió hace poco con una serie de cintas magnetofónicas que contenían supuestamente ‘conversaciones’ de altos funcionarios del Estado. Nunca se supo quién hizo las grabaciones, ni con qué propósito las hizo circular en los medios, a pesar de que la presidenta anunció que un sospechoso había sido identificado y que las autoridades competentes se proponían efectuar su arresto. Con ocasión de los disturbios del día de la marcha contra el aumento del pasaje, se volvió a decir que había un plan para desestabilizar al gobierno y luego no se supo más. Ahora se denuncia un supuesto intento de asesinar a dirigentes de oposición y nuevamente se hacen anuncios sin respaldo de información veraz sobre los hechos. Es una extraña manera de conducir los asuntos de seguridad del Estado, porque tiende a trivializar lo que debe manejarse con un máximo de discreción y divulgarse con una absoluta claridad. La próxima vez que se anuncie algo similar, podríamos pensar que es más de lo mismo, y mostrar poco interés o no hacer caso, lo que tendría letales consecuencias, si en verdad es el lobo quien merodea entonces por nuestra casa.

 
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