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Todos conocemos el cuento del pastor y el lobo, y pareciera
que estamos preparándonos para una nueva edición de esta
historia. Nos estamos acostumbrando a que se denuncien
graves actos contra la seguridad del Estado, sin que haya
una investigación concluyente en la que se den a conocer
los hechos ocurridos y se establezcan las responsabilidades
del caso. Ocurrió hace poco con una serie de cintas magnetofónicas
que contenían supuestamente ‘conversaciones’ de altos
funcionarios del Estado. Nunca se supo quién hizo las
grabaciones, ni con qué propósito las hizo circular en
los medios, a pesar de que la presidenta anunció que un
sospechoso había sido identificado y que las autoridades
competentes se proponían efectuar su arresto. Con ocasión
de los disturbios del día de la marcha contra el aumento
del pasaje, se volvió a decir que había un plan para desestabilizar
al gobierno y luego no se supo más. Ahora se denuncia
un supuesto intento de asesinar a dirigentes de oposición
y nuevamente se hacen anuncios sin respaldo de información
veraz sobre los hechos. Es una extraña manera de conducir
los asuntos de seguridad del Estado, porque tiende a trivializar
lo que debe manejarse con un máximo de discreción y divulgarse
con una absoluta claridad. La próxima vez que se anuncie
algo similar, podríamos pensar que es más de lo mismo,
y mostrar poco interés o no hacer caso, lo que tendría
letales consecuencias, si en verdad es el lobo quien merodea
entonces por nuestra casa.
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