Raíces
penitenciarias
HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOS: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR R. LOPEZ ARIAS
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Nos encontramos en el antiguo corregimiento capitalino de
Juan Díaz, nombre que algunos atribuyen al de un soldado
del reino español que se estableció allí y otros al de un
comerciante de la misma nacionalidad. Ustedes escogerán
la versión que más les satisfaga.
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Siempre han existido condenados por causa de diversos delitos. Pero
no siempre los sentenciados eran alojados en edificaciones construidas
especialmente para ese propósito. Acordémonos de cuando los condenados
recibían como castigo la esclavitud para servir como galeotes o
remeros en ciertas embarcaciones llamadas galeras. O cuando eran
desterrados dentro (transterrados) o fuera de su país. O cuando
tan sólo eran torturados. O cuando eran eliminados por medio de
las más crueles maneras.
Entre nosotros tuvimos otros ejemplos. Después de la Guerra de
Coto, los prisioneros fueron trasladados a Taboga, en donde se
internaron en lo que era el Hotel Aspinwall.
También tuvimos decapitaciones, exilios, torturas y otras múltiples
aberraciones que, aunque lentamente, se han ido subsanando. Nuestras
cárceles siempre han dejado mucho que desear. Véase nuestra foto
de hoy.
Parece que fue durante la Edad Media cuando en Italia, Holanda
e Inglaterra, aparecieron las primeras edificaciones con ese fin.
En el primero de estos países, en Florencia (1679), se construyó
una muy famosa conocida como La Murate. Luego fueron apareciendo
en otros lugares. Aparecieron variados sistemas, atendiendo al
tiempo y forma de internación de los presidiarios. Tales sistemas
fueron conocidos como filadélficos, de Ausborn, de clasificación,
de comunidad, progresiva, de Elmira, de Crofton y varios más.
En Panamá, desde la época colombiana, las reclusiones dejaban
mucho que desear. Desde finales del siglo XIX y a principios del
siguiente, los detenidos eran recluidos en el Cuartel Colombia
situado en donde hoy se levanta el Palacio de Gobierno (calle
1a de San Felipe) o en el llamado presidio de Chiriquí en la actual
Plaza de Francia.
Este último constaba de 8 bóvedas incluyendo la terrible “Solitaria”.
El hacinamiento, la humedad, ya que el agua del mar penetraba,
y la carencia de las más elementales normas de higiene, hacían
de esas cárceles una verdadera inmundicia.
Una vez lograda la independencia, se expiden leyes en 1904 y 1907
para eliminar aquellas condiciones. Se propuso construir cárceles
en la capital y otra en el interior.
Florencio Harmodio Arosemena es enviado a Europa a fin de observar
sus sistemas penitenciarios.
La eterna falta de dinero para las cosas útiles atrasaron la solución.
Por fin, en 1914, se llegó a un acuerdo con los estadounidenses
Fearsen y Winsley, quienes iban a construir un hotel en las Bóvedas
a fin de que se interesaran en el tema de las cárceles.
Se destinan 100 mil dólares para la de aquí y 50 mil para otra
en Colón. A un costo de mil 200 dólares, el arquitecto J.C. Wright
elabora los planos. Era secretario de Obras Públicas Manuel Quintero
Villarreal.
Se nombra un comité de control de la construcción formado por
Ricardo J. Alfaro, en su condición de secretario de Gobierno y
Justicia, Rodolfo Estripeaut, gobernador de la provincia, Charles
L. Stockerler y Leonardo Villanueva Mayer.
Julio Payló fue el constructor de lo que se consideró como la
primera verdadera cárcel de la Nación.
Los documentos revisados no especifican su localización. No pensamos
que fuera la cárcel conocida como la Modelo que fue inaugurada
a finales de 1925.
En las Raíces del domingo pasado, hay que corregir el apellido
de la señora Elsa Díaz de Jiménez, que apareció como Diez. Allí
vivió cuando niño el presidente Enrique Jiménez. En el piso superior
de esa casa vivió la familia de don Juan Brin. La plazuela se
llamaba simplemente de Alfaro, sin ningún otro nombre añadido.
En la segunda de las fotos y sobre la calle 9 se ve la casa que
ocupaba el negocio de Florencio Carlos Herbruger, siendo la casa
propiedad de Enrique Linares. En el piso superior vivió la familia
Ayala.
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