Panamá, 14 de mayo de 2001
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Aeronáutica Civil, en el ojo de la tormenta

Los viejos problemas administrativos han restado fuerzas al despegue de una institución técnica como la DAC

HERASTO REYES Y ABDIEL ZÁRATE
invest@prensa.com

Última de dos entregas

Helicóptero presidencial reposa en los predios del Palacio de las Garzas.

La baja de la categoría de la 1 a la 2 y las denuncias de supuestas irregularidades en la compra de piezas han puesto a la Dirección de Aeronáutica Civil (DAC) en el ojo de la tormenta.


El 19 de julio del 2000, Jaime Fábrega, al renunciar como Director de la DAC, denunció mediante una carta dirigida a la presidenta de la República, Mireya Moscoso, el abandono en que se encuentra la aviación nacional en los últimos años.


Como ejemplos citó “el trágico accidente ocurrido hace algunos meses en las montañas de Darién y el deplorable estado en que se encuentran, tanto físico como técnico, los aeropuertos de la república”.

Esto, según Fábrega, ponía en duda que se pudiera pasar la inspección que efectuaría la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos para determinar el grado de clasificación y la seguridad aérea del país.

Jorge Rodríguez, el sucesor de Fábrega en la dirección de la DAC, dice que él tiene que hacerle frente a la situación de rebaja de la categoría, “porque eso fue lo que encontré y lo que heredé cuando llegué. Yo no puedo cambiar la imagen de esta institución en ocho meses”.

Rodríguez y Fábrega coinciden en que la DAC es una institución altamente técnica e incluso el primero establece la proporción de 80% técnica y 20% política. Fábrega dice que la institución “demanda de una gran capacidad y conocimiento aeronáutico y administrativo, más complicado y complejo de lo que el común de los ciudadanos pudiera imaginar”.

Rodríguez sostiene que esa proporción se ha invertido y mientras esta institución se maneje con criterio político y no técnicamente, como debe ser, “esto no tendrá ningún avance de ninguna clase, ni la vamos a poder mejorar”.

Fábrega denunció que subalternos suyos, nombrados por razones políticas, lo obligaron a dedicarle “más tiempo a la confrontación con tales funcionarios que a la atención de los problemas que hay que atender en la DAC”.

Seguridad

En cuanto al aspecto de la seguridad, los problemas tienen dimensiones tan riesgosas como el hecho de que la presidenta Moscoso solicitó que se dejaran de comprar dos carros bomba de los tres que eran imprescindibles para cubrir casos de desastres aeroportuarios.

El 20 de junio del 2000, Moscoso le dirigió una misiva a Fábrega en la que le notifica que los trabajos de reparación del avión presidencial Gulfstream H.P. 1-A, tuvo un incremento de 416 mil 444 dólares con 62 centésimos.

“Como quiera que es urgente cancelar dicha obligación para trasladar el avión a Panamá, y a sabiendas que la entidad tiene contemplada la compra de tres carros bomba por unos 725 mil dólares, le solicito que de dicha partida pague el saldo indicado a la Gulfstream y compre en este momento solo un vehículo”, le dice Moscoso a Fábrega.

Por otro lado, la presidenta le pidió al entonces director que “se agilicen los trámites requeridos para el pago de reparación de los motores del helicóptero [presidencial] HP1-A1, ya que el tener que usar otras naves para mis recorridos representa un riesgo para mi seguridad”.

De esta forma la seguridad de los pasajeros, en caso de accidente aéreo en Tocumen, se vio disminuida.

No se contempló que el objetivo principal del personal y equipo de salvamento y extinción de incendios “es permitir la evacuación y sobrevivencia de las personas que están a bordo de la aeronave [accidentada] en condiciones seguras”.

Esta definición está contenida en el documento confidencial “Diagnóstico relacionado al Departamento de Salvamento y Extinción de Incendio”, elaborado por Roberto Carrillo, un experto en la materia, el 31 de julio del 2000.

Además de las medidas solicitadas por la presidenta, está el hecho de que “nunca se hizo y no se cumplió” con el Programa Nacional de la Seguridad Operacional y Vigilancia Continua que había elaborado Germinal Sarasqueta, jefe de la misión de la OACI en Panamá.

La definición de seguridad en casos de incendios está establecida en una escala máxima de nueve. Esto es distinto a la calificación de categoría 1 ó 2.

En Tocumen, cuando están disponibles los cuatro carros adecuados para combatir un siniestro, esta escala es de siete, según la OACI.

Cuando se dio la desviación de fondos ordenada por la presidenta Moscoso, la seguridad del aeropuerto que requería de la compra de tres carros bomba solo obtuvo uno. Por lo tanto, esa escala de seguridad bajó de siete a cinco o cuatro, lo que puso al aeropuerto en una situación de alto riesgo.

Manejo administrativo

En cuanto a las cuestiones administrativas, los métodos utilizados en la DAC llevan a la anulación de un gran número de órdenes de compra que son detenidas en el trámite, inclusive después de haber sido firmadas por la Contraloría General de la República.

El director Rodríguez y el subdirector de Seguridad Aérea, Carlos Guerra, al refutar las publicaciones que se han hecho sobre el tema, mostraron un bloque de órdenes de compras con el sello de “anulada”.

Dos ejemplos de estos manejos son las órdenes de compra números 36085 (del 23 de noviembre de 1999) y 36157 (del 3 de diciembre de 1999) que fueron eliminadas el 3 de enero del 2000, según una nota que le envió Esperanza de Decerega, directora de finanzas, a Ezequiel Reales, jefe del departamento de compras.

Esa nota dice: “Favor anular la orden de compra No. 36157 del 3 de diciembre de 1999 a nombre de Helicopter Support Inc., por la suma de 412 dólares, porque dicha factura fue contemplada en la orden de compra No. 36085 del 23 de noviembre de 1999. Así mismo debe tomarse en cuenta que la orden de compra No. 36085 omitió en la factura S1190810 el pago del flete por la suma de 454 dólares con 56 centésimos, por lo que le solicitamos se proceda a confeccionar la orden de compra correspondiente lo antes posible”.

Anabella Giovanna Vásquez había sido auditora de la institución antes de que la encargaran del Departamento de Compras, al que llegó el 29 de septiembre de 1999.

En una nota que envió a Ricardo Soto, director de Asesoría Legal, el 20 de diciembre de 1999, dice que “me encontré que habían requisiciones desde el mes de enero pendientes, ya que las personas que trabajaban en el mismo solo sacaban las requisiciones que a ellas les convenían porque vivían de coimas, las que ellas sabían que no le podían dar nada no las trabajaban”.

Rodríguez y Guerra explican que estas denuncias “se han dado porque esto que es una materia estrictamente técnica la han llevado a la política”.

Fábrega en su momento se quejó de imposiciones políticas en el escogimiento y nombramiento del personal, en su carta de renuncia lo pone en evidencia: “lamentablemente, aun cuando alguno de esos nombramientos respondieran a compromisos políticos y de partido, considero que los mismos debieron haberme sido reportados con anticipación, o por lo menos coordinados para conocer con la debida antelación la función de cada uno y el rol que desempeñaría dentro de la institución”.

Rodríguez, quien además de director de la DAC es el piloto de la presidenta y director del departamento de la línea de vuelo, trabajos que brinda de manera honoraria, no habló de nombramientos políticos en la institución, pese a que sí reconoció que la política está inmiscuida en el 80% de la entidad en detrimento de la técnica.

 
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