Panamá, 14 de mayo de 2001
RESEÑA
RAICES
HOY EN LA RED
PORTADAS DEL DÍA
REPORTAJES ESPECIALES
DIRECTORIO DE
E-MAIL
TITULARES POR
E-MAIL
EDICIONES ANTERIORES
¿QUIENES SOMOS?
TRANSPORTE
EMPLEOS
SERVICIOS
ANUNCIOS VARIOS
BIENES RAICES
ALQUILER
VENTA
ARTÍCULOS VARIOS
FINANZAS
JUDICIALES

 

   
 

¿Embalses necesarios?

La tendencia mundial es desarrollar lagos muy profundos, ya que los grandes embalses excluyen valiosas tierras del desarrollo

Rubén Darío Paredes

Al parecer, ciertos intereses creados presionaron a un canal de televisión local para que cancelara -sin explicación alguna- una entrevista realizada a mi persona por invitación del mismo medio. La entrevista versó alrededor del proyecto que acaricia con insistencia la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), y que consiste en inundar 447 km2. de densos bosques ricos en biodiversidad y sumidero boscoso que sirve de pulmón a la capital.

Lo primero que hay que decir es que ese manto vegetal sirve de hábitat y refugio de subsistencia a 18 mil 844 paisanos campesinos y costeños. De construirse ese gran embalse, los panameños que habitamos en el “eje” de mayor concentración poblacional del país -la capital, La Chorrera, San Miguelito y Colón-, que sumamos un total de un millón 290 mil 474 ciudadanos (44% del total), deberíamos tomar conciencia de que nuestra calidad de vida y salud también serían seriamente afectados, como consecuencia de este crimen ecológico de gran trascendencia.

Dichos bosques purificadores que piensan sepultar bajo las aguas, en la actualidad contribuyen a purificar nuestra atmósfera viciada de contaminantes muy perjudiciales, como el monóxido y bióxido de carbono, generados principalmente por la extraordinaria concentración vehicular en el “eje”.

Los capitalinos deberíamos dormir con un ojo abierto ante la intención de la ACP, porque esta esponja verde donde cabría 2.5 veces la ciudad capital, dista de nosotros solo 85 kms. en línea recta. Desde que se deforestó la franja boscosa para dar cabida al corredor norte, la curva de contaminación y altas temperaturas se ha incrementado.

Alberto Alemán Zubieta, director de la ACP y sus técnicos Agustín Alberto Arias y Juan Héctor Díaz han declarado que hay 30 opciones para modernizar el Canal; sin embargo, la ACP insiste en mencionar solo una de ellas, “el gigantesco embalse”. Sería de mucho provecho conocer las 29 opciones restantes. Deberíamos imitar lo actuado por los puertorriqueños en isla de Vieques, al preguntarle mediante un referéndum -solo a los viequenses- si deseaban que dicha isla continuara siendo utilizada como un polígono para prácticas de bombardeo de las fuerzas navales estadounidenses. Como todos sabemos, lo rechazaron. En nuestro medio, este ejercicio democrático debería ser regional, específicamente entre los pobladores de los distritos de Chagres y Donoso.

Sugerimos a la señora presidenta, a los ciudadanos responsables de la ACP y a los miembros de su junta directiva, que analicen el artículo 319 del título XIV (sobre el Canal de Panamá) de nuestra Constitución, y que señala lo siguiente: “Los tratados o convenios internacionales que celebre el Organo Ejecutivo sobre el Canal de esclusas, su zona adyacente y la protección de dicho Canal, así como la construcción de un canal a nivel del mar o de un tercer juego de esclusas, deberán ser aprobados por el Organo Ejecutivo y luego en su aprobación serán sometidos a un referéndum nacional, que podrá celebrarse antes de los tres meses siguientes a la aprobación legislativa. Esta disposición se aplicará también a cualquier contrato que celebre el Organo Ejecutivo con alguna empresa o empresas particulares o pertenecientes a otro Estado o Estados, sobre la construcción de un canal a nivel del mar o de un tercer juego de esclusas”.

Es evidente que los constitucionalistas -con gran visión y tino- quisieron dejar en el artículo 319 un necesario límite para evitar excesos que fueran en perjuicio de los intereses nacionales. Además, la obligatoriedad de convocar al pueblo a un referéndum -no antes de los tres meses siguientes de la aprobación del Organo Legislativo-, crea el espacio obligado y conveniente para una divulgación profusa, la confrontación positiva de ideas, y el debate abierto y franco con todas las fuerzas productivas del país, antes de definir en las urnas ese sensitivo tema nacional. Confiamos que esta obligación constitucional sea respetada, por el bien de nuestro estado de derecho.

Cuando la ACP presentó la iniciativa de ampliar la cuenca del Canal al gobierno anterior, tenía la seguridad de transformar los tres ríos en un gigantesco embalse. Sin embargo, hace solo una semana la ANAM firmó un entendimiento de cooperación con la Agencia Internacional de Japón (ICA) para salvar, conservar y reforestar la gran cuenca hidrográfica del Canal, con la participación y capacitación de los moradores históricos que viven en ella.

Al mismo tiempo, la ACP otorgaba un contrato por un millón 297 mil dólares a un consorcio formado por The Louis Berger Group, la Universidad de Panamá y el Instituto Smithsonian, para realizar investigaciones sobre la cuenca, pero en dirección contraria a la que enfocan la ANAM y JICA.

Surge entonces la pregunta, ¿dónde radica la coordinación y autoridad para impulsar la estrategia del desarrollo integrado de los recursos de la nación? ¿Por qué la ACP no utiliza estos recursos, dinero y tecnología para realizar sondeos de investigación con la intención de traer aguas de cuencas distantes por canales como Darién, Veraguas y Bocas del Toro?

La tendencia mundial es desarrollar lagos muy profundos y de espejos moderados, ya que los antiguos embalses gigantescos como Gatún y Bayano, confinan y excluyen para siempre del desarrollo valiosas y grandes extensiones de tierra con sus recursos naturales, incluyendo al hombre. En otras palabras, el país se achica. Por eso, La Fortuna, con espejo modesto, es todo un ejemplo en América.

Los núcleos de población que serían expulsados -aun con indemnización- pasarían a engrosar el “eje de alta densidad poblacional”, ejerciendo presión sobre los servicios básicos, el paternalismo estatal, el incremento de la inseguridad pública y delincuencia.

Sin duda debemos redoblar esfuerzos por modernizar nuestro Canal, pero sin convertirnos en su rehén. No es propio de un estadista ni de administradores modernizar el Canal en perjuicio de la calidad de vida de casi el 50% de la población de Panamá.

Mejorar y conservar los bosques en su estado actual, que es hacia donde apunta la ANAM y JICA, beneficia al Canal y a la población nacional.

Finalmente, los estadounidenses dejaron algunos avances conceptuales para modernizar el Canal con un tercer juego de esclusas; sin embargo, hacían énfasis en no transformar, destruir o sustituir los bosques milenarios existentes en la cuenca, ni otros vecinos a ella. Dichas proyecciones garantizan la operación el Canal por los próximos 40 ó 50 años.

Esta estrategia consistía en rectificar y optimizar las infraestructuras originales, lo que se resume en un dragado de los fondos gravemente sedimentados de los lagos Gatún y Madden para aumentar la cantidad y capacidad de almacenamiento de agua, y construir un nuevo embalse no tan grande ni competidor con el hombre, en uno de los brazos del río Trinidad (Cerro Campana).

Es necesario organizar urgentemente la “policía guardafronteras” para frenar -en conjunto con las autoridades respectivas-, la alta tasa de deforestación anual que precipita la erosión y sedimentación en todas las cuencas que tributan hacia el Canal.

El autor es general retirado

Además en opinión

 
.

[ Regresar ]

Derechos reservados, Corporación La Prensa.
internet@prensa.com