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Aunque persisten las contradicciones y ambigüedades,
tanto en las declaraciones de los funcionarios gubernamentales
como en las de los dirigentes sindicales, aparentemente
las intransigencias se han reducido. El Gobierno se dice
dispuesto a “reconsiderar” la unificación y -en la mayoría
de los casos, aumento- del pasaje en el transporte colectivo
de pasajeros, y los transportistas también parecen aceptar
que la tarifa no tiene relación con las privatizaciones,
el IDAAN, el servicio telefónico, la energía eléctrica
o las políticas neoliberales. Es un signo positivo que
contribuye a buscar y, tal vez, lograr un consenso racional
y constructivo. De una y otra parte se han cometido errores
que hicieron más difícil el entendimiento. La decisión
gubernamental se adoptó unilateralmente, fundada en un
estudio -algunos dicen que dos- que no se han divulgado.
Pero el problema de fondo es que quienes deben pagar el
aumento no han sido tomados en cuenta, mientras en las
negociaciones participan grupos sindicales organizados,
que por legítima que sea su representación, no son voceros
autorizados de la gran cantidad de pasajeros que no pertenecen
a ningún sindicato. Según declaraciones de altos funcionarios
hay alternativas, y sin duda existen, pero no se discutieron
ni tomaron en cuenta antes de adoptar la conflictiva medida.
Lo procedente, entonces, es suspender el aumento, iniciar
negociaciones y encontrar las soluciones, sin someter
al país a traumas que ciertamente no necesita.
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