Panamá, 11 de mayo de 2001
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Un sitio de gran actividad

TEXTO: HARRY CASTRO STANZIOLA.
FOTOS: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR R. LOPEZ ARIAS

 

Las dos tomas de hoy son de comienzos del siglo XX. De la primera casa a la derecha no obtuvimos datos. Le sigue la que en esos tiempos ocupaba la familia de doña Elsa Diez Jiménez. En la planta baja quedaba la firma Pinel y Hermanos, que después se mudó al frente. De ella hablaremos en la foto que sigue. A la vuelta estaba la residencia de la familia Ehrman que, pasados los años, obsequió a la Fundación Luz y Vida para albergar a ancianos sin recursos. A la pequeña plaza, la del árbol, según nuestra vieja costumbre se le ha cambiado el nombre varias veces, igual que a otras. Originalmente, y en el siglo XIX, se llamó Francisco José de Alfaro, por el teniente coronel que había sido enviado desde Venezuela para combatir la insurrección de Espinar. En 1903 la plaza se llamó de Amador, en honor a nuestro primer presidente. Con posterioridad se llamó Rodolfo Aguilera, en honor al periodista, historiador y gran polemista, y por último se denominó Plaza 2 de enero, fecha del movimiento insurreccional de Acción Comunal. Pasemos ahora a la mano izquierda. Allí aparece un letrero que dice Fábrica de maletas, baúles y escobas de Octavio Valencia. Originalmente este negocio era de su hermano Horacio, quien después se lo vendió. Para 1930 se mudó a la Avenida Nacional.

En tiempos pasados, uno de los lugares de más movimiento en todas las ciudades era la plaza del mercado al igual que sus alrededores. Con el tiempo hicieron su aparición los super, hiper o mega centros comerciales, además de otros muelles, por lo que todo aquello tendió a desaparecer, no se sabe si para bien de unos pocos o mal de muchos.

Nuestras dos vistas de hoy fueron captadas desde la esquina de la Calle 11 Este, en ese punto conocido como la bajada del DENI, y el inicio del plano inclinado, rampa o subida del mercado.

La calle que tenemos al frente, para entonces partida en tres, es continuación de la que primitivamente tuvo varios nombres. Arriba está la Calle de la Muralla y después, al descender, se encuentra la Calle de Córdoba, seguida de la del Mercado y a continuación la de Las Tablas.

Después todo el trayecto se denominó Avenida Norte, y hoy se conoce como la Vía Eloy Alfaro, que viene desde donde estaba el colegio de la Salle hasta la Calle 3 de Noviembre actual.

El árbol que aparece al fondo y a la derecha está en el parque. De él hablaremos después; y si caminamos más hacia la izquierda, llegaremos al siempre anhelado por muchos Palacio de las Garzas, o sea, el presidencial. ¿Estamos claros hasta aquí?

Además del muelle, el mercado, los comercios y un cuartel de bomberos, la Capitanía del Puerto quedaba también por allí.

Hoy, cosa rara, el lugar ha desmerecido. Abundan las cantinas (¿cuándo no?), los desocupados y las mariposas nocturnas, que ahora también son diurnas. Menos mal que el mercado aún cumple gran labor.

A finales del siglo XIX, los hermanos Próspero y Pablo Pinel fundan lo que se llamó la Compañía Nacional de Navegación, la misma cuyo anuncio aparecía en la primera de estas fotografías y que tiempo después se mudó a la planta baja del edificio que ahora les mostramos. Estamos más arriba que en la anterior y ya en la esquina de la Avenida Norte o Eloy Alfaro con la Calle 9a. Un pariente político de ellos, Fernando Oller, natural de Cuba, fue el primer armador de barcos que hubo en Panamá. Además del transporte marítimo de carga y pasajeros a cargo de una bien surtida flota de embarcaciones, la empresa se dedicaba a la venta de perlas que obtenía en las islas de Coiba y Coibita. René Mistelli, el joyero, las exportaba a Francia. Con la aparición de las perlas cultivadas el negocio decayó. Doña Rosario Oller Pinel de Sarasqueta, con quien sostuvimos una amable conversación, nos recuerda haber visto la famosa y enorme perla llamada la Peregrina, y que hoy adorna una de las coronas de los monarcas ingleses. Doña Rosario Oller Pinel de Sarasqueta, con quien sostuvimos una amable conversación, nos recuerda haber visto la famosa y enorme perla llamada la Peregrina, y que hoy adorna una de las coronas de los monarcas ingleses.

El todo hace parte de este absurdo mare mágnum urbanístico en que se ha convertido la ciudad .

 

 
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