De
política
De
altos puntajes y habilidades publicitarias
No
hay duda de que Juan Carlos Navarro tiene mejor manejo publicitario
que la mayoría de los políticos criollos
Carlos
Guevara Mann
De
acuerdo con la última encuesta de Dichter y Neira, a principios
de abril un 75% de los encuestados tenía una imagen favorable
del alcalde Juan Carlos Navarro. Tal revelación perturbó
a los simpatizantes de Martín Torrijos, ya que el alcalde
-un recién llegado a las filas del PRD- aparenta superar
en popularidad al secretario general y excandidato presidencial,
cuyo liderazgo (por lo demás opaco) se fundamenta en su
indisputable condición de hijo del fenecido dictador y
fundador del partido, Omar Torrijos.
En
efecto, frente al 75% de Juan Carlos Navarro, un 67% de los encuestados
declaró tener una imagen favorable de Martín Torrijos.
Sin embargo, contrario a lo que algunos se apresuraron a concluir,
el mayor puntaje del alcalde no lo convierte automáticamente
en el candidato presidencial del PRD. Mucho tiempo queda por transcurrir
antes del inicio de las campañas internas y no será
hasta entonces cuando las percepciones populares influirán
en la asignación de los altos cargos del Estado.
De
lo que sí es indicio el resultado de la encuesta es de
la gran habilidad de Juan Carlos Navarro para proyectar eficazmente
su imagen pública a través de la prensa, la radio
y la televisión. En la sociedad de masas, el manejo de
los medios constituye el principal factor que determina la formación
de percepciones públicas. Y no hay duda de que Juan Carlos
Navarro tiene mejor manejo publicitario que la mayoría
de los políticos criollos.
Un
análisis de las notas publicadas en El Panamá América
entre inicios de enero y mediados de abril del año en curso
-lapso en el que se formaron las percepciones reflejadas en la
última encuesta de Dichter y Neira-- sirve para sustentar
esta afirmación. De aproximadamente 100 números
de dicho diario publicados en el período indicado, por
lo menos 75 destacaron ejecutorias de Juan Carlos Navarro, frente
a unos 50 que hicieron referencia a declaraciones o acciones de
Martín Torrijos. En los otros medios, la presencia de Juan
Carlos Navarro también supera a la del secretario general
del PRD.
En
una sociedad que valora lo cosmético, lo sensacional y
lo inmediato sobre lo concreto, lo substancial y lo perdurable,
el alcalde, además, ha llenado su agenda de actividades
que atraen amplia publicidad. El programa de remozamiento de los
inmuebles capitalinos, la entrega de llaves de la ciudad a dignatarios
extranjeros, las reuniones con personalidades internacionales,
la invitación al Santo Padre (por más que el Pontífice,
en su condición de jefe
de
Estado, no pueda aceptarla, pues proviene de quien ostenta un
rango inferior al suyo) y los emotivos llamados a la unidad nacional
y partidaria, además de los bailes, jolgorios y otras actividades,
buscan adornar con los laureles del éxito una gestión
que, sin embargo, aún no logra acometer los principales
problemas del distrito de Panamá: el deterioro urbano y
social, las insuficiencias del transporte público, el caos
vial, la violencia, la contaminación ambiental, la ineficiencia
administrativa y tantos más.
La
eficacia de su estrategia de relaciones públicas explica,
entonces, el alto porcentaje de aceptación del alcalde,
pues como lo dejó apuntado Nicolás Maquiavelo, hace
quinientos años, en las sesudas páginas que lo inmortalizaron:
El príncipe no necesita tener todas sus cualidades
indicadas, pero debe aparentar tenerlas. Es más, tenerlas
y emplearlas es peligroso; pero fingirlas, siempre es conveniente
(...) porque, en general, los hombres (y, por cierto, también
las mujeres) juzgan más por los ojos que por las manos,
pues todos pueden ver, pero muy pocos saben tocar. Cada cual ve
lo que parece ser; pero muy pocos saben lo que eres, y la minoría
no se atreve a ir contra la opinión pública (...).
El autor es consultor político-financiero y miembro
del Partido Arnulfista
Debates
en mora
Sería
un retroceso que una futura elección en el PRD se decidiera
por razones monetarias o por la capacidad de maniobra de los contendores
Mario
Velásquez Chizmar
La
existencia de ideas diversas y una total libertad para disentir,
son valores consustanciales al carácter democrático
de un partido que evoluciona. Características que deben
combinarse sabiamente con la indispensable disciplina que demanda
una acción transformadora efectiva que apunte al respaldo
de las mayorías. Si en las últimas encuestas hubieran
preguntado quién practica estos valores para engrandecer
al PRD en oposición, el resultado habría sido distinto.
Juan
Carlos Navarro tiene que despojarse todavía del manto de
su mentor que evoca recuerdos negativos en lo que se refiere a
fortalecer al partido como núcleo organizativo operante.
La figura de Martín Torrijos se asocia a la idea opuesta:
fortalecimiento de la estructura partidaria y alternativa permanente
de poder. Por supuesto que existen diferencias entre estos dos
dirigentes. Esta es una de ellas.
Es
evidente que ambos desean que el PRD triunfe en el 2004 y también
es indiscutible que se trata de dos excelentes opciones para alcanzar
dicha meta, privilegio con el que no cuentan los otros partidos.
Sería
un retroceso que una futura elección en el PRD se decidiera
por razones monetarias o por la capacidad de maniobra de los contendores.
Este dictamen debe ser fruto de una verdadera y estrecha comunicación
entre las bases y sus dirigentes, de manera que aquellas sientan
que es el PRD como partido el que va a competir.
La adquisición
de este sentimiento, en oposición, deviene del trabajo
interno y de la relevancia nacional del partido. En esta carrera
la ventaja la tiene Martín.
Esta
diferencia es demostrable. Basta averiguar qué acción
proyecta más la idea de un PRD grande, fuerte, renovado
y dispuesto: ¿la de Juan Carlos o la de Martín?
La gestión alcaldicia merece una alta calificación,
pero la de Martín es muy diferente. Su liderazgo permitió
al PRD convertirse en una real opción de poder en menos
de dos años de ejercer como oposición. Lo novedoso
del PRD no está en la Alcaldía. Ahí el alcalde
hace bien las cosas, pero son asuntos que estaban pendientes y
que son propios de un municipio.
La
creatividad perredista, empujada por una fuerza centrífuga
renovada, apareció con los obligados cambios de ruta registrados
por sus adversarios en temas cruciales para el país y con
los cambios en la correlación de fuerzas en el campo político.
La fuerza del PRD no proviene de tener un excelente alcalde, sino
de una nueva y efectiva manera de hacer política que solo
ha hecho posible Martín desde la oposición, con
metas futuras claramente definidas.
Es
perfectamente legítimo que cualquier miembro del PRD aspire
a disputarle el liderazgo a Martín o trate de introducir
sus adeptos en los mandos de dirección. Lo mismo sucede
con las diligencias del actual secretario general por mantener
su liderazgo. Pero sería motivador que este proceso se
hiciera con honestidad y sensatez, en aras de enriquecer a las
bases, y fomentando un debate serio y amplio entre los interesados.
No ocultemos las diferencias. Por el contrario: señalémoslas
con respeto y tolerancia, sin descalificaciones ni improperios,
siempre con disciplina, con la misma meta y sin descuidar los
verdaderos problemas nacionales.
El
estilo de ambos lo permite, aunque no faltarán quienes
gozarían viéndolos sacarse los ojos o quebrantando
la disciplina. Son precisamente estos últimos los dirigentes
dejados por el tren.
El
silencio y la indiferencia pueden crear un clima de malentendidos
que causaría alegría en ciertos círculos.
Hay
que hablar alto y claro; cuidándose de no crear víctimas
ni héroes, despejamos el escenario. La ruptura de esta
mora caería bien en las bases, que ya saben dónde
radica la fuerza del partido.
El autor es abogado y miembro del PRD
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