Panamá, 10 de mayo de 2001
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De política

De altos puntajes y habilidades publicitarias

No hay duda de que Juan Carlos Navarro tiene mejor manejo publicitario que la mayoría de los políticos criollos

Carlos Guevara Mann

De acuerdo con la última encuesta de Dichter y Neira, a principios de abril un 75% de los encuestados tenía una imagen favorable del alcalde Juan Carlos Navarro. Tal revelación perturbó a los simpatizantes de Martín Torrijos, ya que el alcalde -un recién llegado a las filas del PRD- aparenta superar en popularidad al secretario general y excandidato presidencial, cuyo liderazgo (por lo demás opaco) se fundamenta en su indisputable condición de hijo del fenecido dictador y fundador del partido, Omar Torrijos.

En efecto, frente al 75% de Juan Carlos Navarro, un 67% de los encuestados declaró tener una imagen favorable de Martín Torrijos. Sin embargo, contrario a lo que algunos se apresuraron a concluir, el mayor puntaje del alcalde no lo convierte automáticamente en el candidato presidencial del PRD. Mucho tiempo queda por transcurrir antes del inicio de las campañas internas y no será hasta entonces cuando las percepciones populares influirán en la asignación de los altos cargos del Estado.

De lo que sí es indicio el resultado de la encuesta es de la gran habilidad de Juan Carlos Navarro para proyectar eficazmente su imagen pública a través de la prensa, la radio y la televisión. En la sociedad de masas, el manejo de los medios constituye el principal factor que determina la formación de percepciones públicas. Y no hay duda de que Juan Carlos Navarro tiene mejor manejo publicitario que la mayoría de los políticos criollos.

Un análisis de las notas publicadas en El Panamá América entre inicios de enero y mediados de abril del año en curso -lapso en el que se formaron las percepciones reflejadas en la última encuesta de Dichter y Neira-- sirve para sustentar esta afirmación. De aproximadamente 100 números de dicho diario publicados en el período indicado, por lo menos 75 destacaron ejecutorias de Juan Carlos Navarro, frente a unos 50 que hicieron referencia a declaraciones o acciones de Martín Torrijos. En los otros medios, la presencia de Juan Carlos Navarro también supera a la del secretario general del PRD.

En una sociedad que valora lo cosmético, lo sensacional y lo inmediato sobre lo concreto, lo substancial y lo perdurable, el alcalde, además, ha llenado su agenda de actividades que atraen amplia publicidad. El programa de remozamiento de los inmuebles capitalinos, la entrega de llaves de la ciudad a dignatarios extranjeros, las reuniones con personalidades internacionales, la invitación al Santo Padre (por más que el Pontífice, en su condición de jefe

de Estado, no pueda aceptarla, pues proviene de quien ostenta un rango inferior al suyo) y los emotivos llamados a la unidad nacional y partidaria, además de los bailes, jolgorios y otras actividades, buscan adornar con los laureles del éxito una gestión que, sin embargo, aún no logra acometer los principales problemas del distrito de Panamá: el deterioro urbano y social, las insuficiencias del transporte público, el caos vial, la violencia, la contaminación ambiental, la ineficiencia administrativa y tantos más.

La eficacia de su estrategia de relaciones públicas explica, entonces, el alto porcentaje de aceptación del alcalde, pues como lo dejó apuntado Nicolás Maquiavelo, hace quinientos años, en las sesudas páginas que lo inmortalizaron: “El príncipe no necesita tener todas sus cualidades indicadas, pero debe aparentar tenerlas. Es más, tenerlas y emplearlas es peligroso; pero fingirlas, siempre es conveniente (...) porque, en general, los hombres (y, por cierto, también las mujeres) juzgan más por los ojos que por las manos, pues todos pueden ver, pero muy pocos saben tocar. Cada cual ve lo que parece ser; pero muy pocos saben lo que eres, y la minoría no se atreve a ir contra la opinión pública (...)”.


El autor es consultor político-financiero y miembro del Partido Arnulfista


Debates en mora

Sería un retroceso que una futura elección en el PRD se decidiera por razones monetarias o por la capacidad de maniobra de los contendores

Mario Velásquez Chizmar

La existencia de ideas diversas y una total libertad para disentir, son valores consustanciales al carácter democrático de un partido que evoluciona. Características que deben combinarse sabiamente con la indispensable disciplina que demanda una acción transformadora efectiva que apunte al respaldo de las mayorías. Si en las últimas encuestas hubieran preguntado quién practica estos valores para engrandecer al PRD en oposición, el resultado habría sido distinto.

Juan Carlos Navarro tiene que despojarse todavía del manto de su mentor que evoca recuerdos negativos en lo que se refiere a fortalecer al partido como núcleo organizativo operante. La figura de Martín Torrijos se asocia a la idea opuesta: fortalecimiento de la estructura partidaria y alternativa permanente de poder. Por supuesto que existen diferencias entre estos dos dirigentes. Esta es una de ellas.

Es evidente que ambos desean que el PRD triunfe en el 2004 y también es indiscutible que se trata de dos excelentes opciones para alcanzar dicha meta, privilegio con el que no cuentan los otros partidos.

Sería un retroceso que una futura elección en el PRD se decidiera por razones monetarias o por la capacidad de maniobra de los contendores. Este dictamen debe ser fruto de una verdadera y estrecha comunicación entre las bases y sus dirigentes, de manera que aquellas sientan que es el PRD como partido el que va a competir.

La adquisición de este sentimiento, en oposición, deviene del trabajo interno y de la relevancia nacional del partido. En esta carrera la ventaja la tiene Martín.

Esta diferencia es demostrable. Basta averiguar qué acción proyecta más la idea de un PRD grande, fuerte, renovado y dispuesto: ¿la de Juan Carlos o la de Martín? La gestión alcaldicia merece una alta calificación, pero la de Martín es muy diferente. Su liderazgo permitió al PRD convertirse en una real opción de poder en menos de dos años de ejercer como oposición. Lo novedoso del PRD no está en la Alcaldía. Ahí el alcalde hace bien las cosas, pero son asuntos que estaban pendientes y que son propios de un municipio.

La creatividad perredista, empujada por una fuerza centrífuga renovada, apareció con los obligados cambios de ruta registrados por sus adversarios en temas cruciales para el país y con los cambios en la correlación de fuerzas en el campo político. La fuerza del PRD no proviene de tener un excelente alcalde, sino de una nueva y efectiva manera de hacer política que solo ha hecho posible Martín desde la oposición, con metas futuras claramente definidas.

Es perfectamente legítimo que cualquier miembro del PRD aspire a disputarle el liderazgo a Martín o trate de introducir sus adeptos en los mandos de dirección. Lo mismo sucede con las diligencias del actual secretario general por mantener su liderazgo. Pero sería motivador que este proceso se hiciera con honestidad y sensatez, en aras de enriquecer a las bases, y fomentando un debate serio y amplio entre los interesados. No ocultemos las diferencias. Por el contrario: señalémoslas con respeto y tolerancia, sin descalificaciones ni improperios, siempre con disciplina, con la misma meta y sin descuidar los verdaderos problemas nacionales.

El estilo de ambos lo permite, aunque no faltarán quienes gozarían viéndolos sacarse los ojos o quebrantando la disciplina. Son precisamente estos últimos los “dirigentes” dejados por el tren.

El silencio y la indiferencia pueden crear un clima de malentendidos que causaría alegría en ciertos círculos.

Hay que hablar alto y claro; cuidándose de no crear víctimas ni héroes, despejamos el escenario. La ruptura de esta mora caería bien en las bases, que ya saben dónde radica la fuerza del partido.


El autor es abogado y miembro del PRD

 

 
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