Pintores callejeros
Son artistas que convierten los espacios públicos en sitios
para rendirle un merecido culto al arte
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Jorge
Dunn aparece repentinamente del interior de la Farmacia Arrocha
de Paitilla, con una caja de pasteles y una barra de chocolate
en la mano: su herramienta de trabajo y su almuerzo, respectivamente.
Durante su corta ausencia, algunos curiosos se han acercado a
apreciar sus lienzos.
“Les tengo una oferta irresistible: tres por el precio de uno”,
les espeta Dunn, quien ansía realizar por lo menos una venta en
el día, ya que confiesa que este año no ha sido el mejor de su
vida artística. El pintor atribuye la escasa venta de sus cuadros
a la merma general que sufre la economía panameña.
Con más de 50 años de carrera plástica, Dunn es un pintor absolutamente
consagrado a su arte, el cual representa la única forma de subsistencia
tanto para él como para su esposa e hijos.
Autodidacto orgulloso, a Dunn no le perturba que cientos de personas
que transitan diariamente por su área de trabajo lo observen mientas
trabaja en su “minitaller”, ubicado en la entrada de la Farmacia
Arrocha de Paitilla, su lugar oficial de trabajo por 20 años.
Sus temas pictóricos se relacionan con el folclor, aunque abundan
también las tinajas, y uno que otro paisaje impresionista. El
artista define su estilo como “académico”.
Experiencia y maestría
Otro artífice que intenta usufructuar la afluencia de público
en los centros comerciales es Martín Jaramillo, retratista profesional
que con destreza y concentración atrae la atención de los transeúntes.
Carboncillo, pastel y óleo son las tres técnicas que Jaramillo
domina con palmaria maestría. Aunque también trabaja paisajes,
su especialidad es el dibujo del rostro humano, siendo capaz de
retratar a una persona en una media hora. “Cuando uno aprende
a dibujar el rostro humano, es capaz de pintar cualquier cosa”,
comenta el artista.
El pintor mantiene un puesto permanente en una esquina del centro
comercial El Dorado, el cual comparte con un asistente. Cada vez
que sus labores de profesor de pintura se lo permiten, Jaramillo
visita el centro comercial.
En su opinión, los meses de noviembre y diciembre son los mejores
para la venta de retratos, por ser una época en la que los almacenes
se atiborran de compradores potenciales.
Por otro lado, su talento como retratista y fotógrafo no pasó
desapercibido para los militares del extinto Comando Sur, para
quienes trabajó durante varios años realizando desde retratos
hasta afiches publicitarios.
Al
contrario de Dunn, Jaramillo dista mucho de ser autodidacto. Hizo
sus primeros pininos pictóricos a la edad de cinco años, empezando
a dibujar profesionalmente a los 13 años.
Por más de cinco años estudió anatomía y retrato en España. Después
su afición al retrato lo llevaría a Holanda y México. Hoy en día
tiene 33 años de experiencia profesional.
El retrato le permite mantener una relación más directa con el
público, al contrario de otras disciplinas pictóricas. Eso sí,
este oficio requiere de una dedicación mayor: hasta nueve horas
diarias frente a los lienzos.
Está convencido de la necesidad de que el artista panameño reciba
más apoyo por parte del Gobierno, como sucede en países europeos
donde la actividad artística está subvencionada por el Estado.
Galerías al aire libre
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Intermitentes gotas de lluvia anuncian la proximidad del aguacero.
Nubarrones de tormenta se apiñan frente al litoral. Ricardo Herrarte
recoge apresuradamente sus pinturas, las cuales ha pegado con
cinta adhesiva en una de las bancas del parque de la Plaza de
Francia, y corre a refugiarse bajo el monumento dedicado a los
constructores del Canal Francés.
“Hay que aprovechar el verano al máximo, ya que es la temporada
en que pasan más turistas”, señala el pintor, quien utiliza el
seudónimo de Brahms para rubricar sus trabajos.
Herrarte vende sus viñetas de los diferentes monumentos del área
capitalina a cinco dólares cada una. El artista ha retratado lugares
tan emblemáticos de la era colonial como la Casa Miller, la Plaza
de Francia, e incluso la Torre de Panamá Viejo.
Un estático calor baña la plaza. El mutismo de los cielos teñidos
de gris absorbe al caminante. El pintor espera que el vendaval
mengüe para salir a vender sus modestos cuadros llenos de colorido.
Otro desconocido talento que también frecuenta la Plaza de Francia
con la esperanza de vender sus obras es Agustín Herrera. El artista
visita la plaza, por lo menos una vez a la semana, cuando sus
estudios en la escuela de artes plásticas de la Universidad de
Panamá así se lo permiten, y mantiene una férrea disciplina de
trabajo, levantándose todos los días a las 2:00 de la mañana para
empuñar el pincel.
En la obra de Herrera predomina el pastel, aunque también trabaja
con la acuarela. Al igual que Herrarte, su repertorio está compuesto
principalmente por viñetas de los principales atractivos turísticos
del Casco Viejo.
En el caso de Herrera, la temática de sus cuadros está, en cierta
forma, dictada por la demanda, ya que la mayoría de su clientela
está compuesta por turistas.
La pintura para Herrera representa su único medio de subsistencia,
ya que es una actividad a la que se dedica a tiempo completo.
Considera imperativo un mayor apoyo de entes gubernamentales como
el Instituto Nacional de Cultura (INAC) y el Instituto Panameño
de Turismo (IPAT) para promover la creación de “galerías al aire
libre” en las plazas y en los parques de la capital, de tal manera
que se cree una especie de vitrina en la que el arte autóctono
pueda ser expuesto ante el público nacional y extranjero.
Aunque en los últimos años el pintor ha notado un incremento en
la afluencia de visitantes extranjeros por esta zona, este hecho
no se ha traducido en un mayor índice de venta. La mayoría de
los turistas curiosea escépticamente los cuadros, siendo espantados
por un fogonazo repentino de sol tropical que rompe la cerrazón
del cielo.
Herrera, sin embargo, se mantiene absorto en su trabajo, sentado
en una banca situada bajo la fresca sombra de un árbol, sin dejarse
perturbar por la falta de compradores.
Además en revista
Pintores callejeros
Aborígenes brasileños luchan por preservar su cultura
Un paseo por la ciudad suiza de Berna
Postergan juicio al tenor italiano Luciano Pavarotti
Un verano de secuelas, dramas y ficción
|