Panamá, 4 de mayo de 2001
RESEÑA
RAICES
HOY EN LA RED
PORTADAS DEL DÍA
REPORTAJES ESPECIALES
DIRECTORIO DE
E-MAIL
TITULARES POR
E-MAIL
EDICIONES ANTERIORES
¿QUIENES SOMOS?
TRANSPORTE
EMPLEOS
SERVICIOS
ANUNCIOS VARIOS
BIENES RAICES
ALQUILER
VENTA
ARTÍCULOS VARIOS
FINANZAS
JUDICIALES

 

   
 

Cabeza y corazón

El que compra artículos producidos en el tercer mundo, debe saber que allí la mano de obra es más barata

Surse Pierpoint

Este es el título de una columna de opinión de Paul Krugman publicada el 22 de abril en el New York Times. El señor Krugman es economista en el Massachussetts Institute of Technology y ha escrito 16 libros y varios cientos de artículos sobre temas varios de la economía global. Tiene una columna en la revista Fortune y se ganó la ira del señor Lew Kuan Yew, de Singapur, en un artículo de 1994 al comparar las economías asiáticas a la vieja Unión Soviética bajo Stalin. El argumento fue que las economías asiáticas crearon crecimiento al movilizar recursos (gente e inversión extranjera) sin agregar valor (productividad, tecnología, calidad). Todo esto fue pre-crisis asiática y después de la debacle se le tildó de ser el que predijo la crisis.

La columna que nos ocupa trata de los polos opuestos relativos al tema de globalización y el último enfrentamiento en Quebec hace unos días. Hay un dicho que reza: “el que no ha sido socialista antes de los 30 no tiene corazón y el que es socialista después de los 30 no tiene cabeza”. Esto es en síntesis lo que el señor Krugman dice que está pasando con los últimos choques que empezaron en Seattle en el 99. El que ha comprado algún artículo producido en el tercer mundo, debe saber que fue producido por una mano de obra que no gana lo que se gana en un país industrializado y en unas condiciones que tampoco se asemejan. Añade que al que no le incomode esto, no tiene corazón.

Sin embargo, esta realidad no le da la razón a los manifestantes; y el que cree que la situación se arregla con protestas en contra de la globalización no tiene cabeza.

El señor Krugman da el ejemplo patético de los resultados de una campaña en contra del uso de niños en maquilas en Bangladesh. En 1993 se detectó que había niños trabajando en fábricas de subcontratistas de Wal-Mart, la cadena estadounidense de tiendas. El senador Tom Harkin propuso una legislación que prohibía la importación de productos hechos con mano de obra de menores de edad, y el resultado fue que las textileras en Bangladesh dejaron de usar este tipo de mano de obra. ¿Regresaron estos niños a la escuela? ¿A hogares felices? No, por el contrario, se vieron en la necesidad de buscar peores trabajos, ir a la calle e incluso prostituirse.

El punto es que los países tercermundistas no son pobres porque su gente gana poco. La única manera en que un país subdesarrollado puede competir a falta de baja productividad, falta de infraestructura y una desorganización general combinada con una burocracia abrumadora, es a través de sueldos más bajos que los de los países industrializados.

¿Por qué los mexicanos se van en estampida hacia la frontera con EU? Porque esos sueldos de los que se quejan los manifestantes en Quebec, son buenísimos para un mexicano que no tiene ningún otro.

Esos puestos de trabajo no existirían, si los salarios fueran iguales que en Estados Unidos, porque no habría una ventaja comparativa para crearlos en México por las razones arriba detalladas.

Pero los manifestantes contra la globalización dicen que en el campo la vida es superior a la de las ciudades, o que la culpa de la pobreza en el tercer mundo la tienen las empresas multinacionales. Como dice Sánchez Borbón: ¡la gran flauta!

Lo que los manifestantes no pueden aceptar es que nuestros países necesitan de la inversión extranjera para el desarrollo de la industria de la exportación, y que para recibir esa inversión tiene que haber una ventaja para que el capital haga la inversión. Solo así lograremos progresar paulatinamente.

Krugman pregunta entonces: “¿Quiénes son los malos de la película?”. Los activistas en Quebec logran sus imágenes de un puñado de líderes acuartelados con miles de policías protegiéndolos de las masas enfurecidas. Pero la verdad es que los que están adentro, están tratando de mejorar la situación de los obreros en países tercermundistas, mientras que los que están afuera hacen todo lo posible para empobrecerlos más.

El autor es comerciante en la Zona Libre de Colón



Además en opinión

  • Cabeza y corazón
  • Modernización de la gestión pública
  • ALCA - rajo
  • La función pública no debe paralizarse
  •  
    .

    [ Regresar ]

    Derechos reservados, Corporación La Prensa.
    internet@prensa.com