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El anuncio hecho por la mandataria, Mireya Moscoso,
sobre la probable concesión del beneficio de indulto a
los periodistas que actualmente son procesados por hechos
que se ciñen estrictamente al ejercicio de la libertad
de prensa, no debe despacharse rápidamente como si fuera
un intento de la presidenta de quedar bien con este gremio.
Hay un trasunto profundo en esta cuestión, pues desde
hace un tiempo relativamente corto la justicia ha endurecido
su posición contra los periodistas, sin que haya alguna
razón evidente para ello. Lo único que podría estar impulsando
la represión judicial contra el periodismo es una errada
noción de la autoridad y un desprecio por la necesaria
rendición de cuentas. Digámoslo sin ambages: la libertad
que se ejerce desde los medios de comunicación es una
salvaguarda insustituible contra las componendas que se
puedan dar en los oscuros rincones del poder, público
o privado. Al tomar partido por la libertad de expresión,
Moscoso chocará inevitablemente contra algunos sectores
de su partido y su propio gobierno que, por supuesto,
intentarán disuadirla de hacer lo que sin lugar a dudas
sería una medida ejemplar en el continente. ¿Podrá la
presidenta hacer buena su promesa? Como el periodismo
riñe con el ansia de profetizar, lo mejor es no adelantarse
a los resultados y observar los hechos. Lo que al final
la mandataria haga, dirá mucho de la salud de la que goza
la democracia panameña, porque nada menos que eso es lo
que está en juego.
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