Panamá, 3 de mayo de 2001
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Chapultepec...principio décimo utópico

El poder económico y las leyes mordaza coartan la libertad del periodista panameño de ejercer su trabajo sin cortapisas

Mireya Jaramillo de Pérez

Al celebrarse el día mundial de la libertad de prensa, se hace necesario hacer una reflexión en torno al ejercicio del periodismo en Panamá. En nuestro país se dan situaciones irrespetuosas contra los periodistas, debido a que los dueños de los medios de comunicación social no son periodistas. Son empresarios que se toman la libertad en ocasiones de decidir qué se publica y qué no.

En la República de Panamá, existen pocos medios de prensa escrita. El poder económico y las leyes mordaza coartan la libertad del periodista panameño de ejercer su trabajo sin cortapisas, pero sí con amenazas de perder el empleo o ser demandado por calumnia e injuria. En ocasiones se les cuestiona el contenido de los escritos publicados, si la parte que ha sido denunciada reclama.

Al respecto vale recordar el décimo principio de la Declaración de Chapultepec, que a la letra dice: “Ningún medio de comunicación o periodista debe ser sancionado por difundir la verdad o formular críticas o denuncias contra el poder público.”

Es evidente que este principio no se respeta. Se sufre día a día porque los dueños de algunos medios y funcionarios públicos tienen intereses políticos, económicos y familiares. Los periodistas asalariados, que son los que trabajan buscando las informaciones, sienten en ocasiones desaliento, al verse perseguidos, utilizados y explotados, cuando realmente son el motor que mueve a la empresa.

Molesta que empresarios y funcionarios públicos, preocupados tan solo por el éxito económico y su reputación, no se interesen en estudiar y entender el trabajo periodístico; que no sientan la necesidad de valorar al profesional que estudia en la universidad, las técnicas para la producción periodística, motivo por el cual debe estar en el lugar que le corresponde, lejos del menosprecio y el miedo a ratificar el derecho, que cada uno tiene, de decir siempre la verdad al público que ávidamente busca la información fresca y veraz. Es a ese público a quien tienen que responder.

En nuestro país se demanda, se destituye y hasta se encarcela a periodistas por denunciar la corrupción. Ultimamente se demandó a uno por un millón de dólares, tan solo por la publicación de una caricatura, en donde aparece aludido, el máximo dirigente de la Democracia Cristiana en nuestro país. El Contralor de la República, Alvin Weeden, está ofendido porque se le publicó el asunto de una carretera que beneficia su finca en La Chorrera. Ha dado tanta explicación por la radio y la TV, que los panameños estamos bien ilustrados de que su finca está allí con carretera, tractores, fotos aéreas y todo. Existe mucha ignorancia por parte de los funcionarios públicos, en lo que a la carrera periodística se refiere.

Es cierto que al nacer se llora; es la forma de decir que no se está dé acuerdo con que se prive de la comodidad y el silencio del útero materno. Y todo ser humano nace libre y con derechos; sin embargo, el periodista tiene además la responsabilidad profesional y la licencia que lo acredita como tal, para desarrollar otros géneros periodísticos que requieren investigación concreta y confidencial. Lo paradójico es que personas no idóneas en la carrera periodística se abroguen el derecho de censurar a periodistas profesionales...¿Absurdo verdad?

La autora es enfermera y periodista



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