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La libertad de expresión es insustituible para
construir sociedades democráticas y así debe mantenerse.
Sobre ella debía escribirse y meditarse hoy, día internacional
de la libertad de expresión, pero la sociedad panameña
está inmersa en una grave crisis porque las autoridades
persisten en la absurda idea de que los principales problemas
radican en lo que los medios de comunicación reportan.
El trágico accidente vial ocurrido ayer, en el que la
vida de decenas de ciudadanos fue puesta en peligro por
el manejo irresponsable de unos transportistas, nos da
la medida exacta de la situación del país. O hacemos responsables
a las autoridades de los excesos y desafueros que acontecen
en el devenir cotidiano, ya sea por omisión o por extralimitación
de sus funciones, o bien nos resignamos a aceptar todos
los males actuales como algo natural en el Gobierno que
debe tolerar la sociedad. La ausencia de una política
eficaz de circulación vial con efectos preventivos, es
lo que subyace muchas veces en los incidentes diarios
en que las personas ven amenazada su existencia y sus
bienes. La libertad de expresión la necesitamos, entre
otras cosas, justamente para eso, para llamar la atención
de las autoridades sobre el bien común y los abusos y
descuidos que lo ponen en peligro.
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