Policías no mataron a sangre fría, según su abogado
JOSE OTERO
jotero@prensa.com
El asesor legal de la Policía Nacional, Fernando Basurto, aseguró
que la muerte del obrero César Gálvez, ocurrida a mediados de
este mes en Felipillo, no fue un crimen a sangre fría cometido
por agentes de esta institución, “sino un hecho provocado” por
un “intercambio” de disparos en el que “participó la víctima”.
Basurto habló ayer por primera vez desde que murió Gálvez. Destacó
que las investigaciones preliminares confirman que, en efecto,
se produjo un cruce de disparos entre Gálvez y los policías antes
de ocurrir el trágico desenlace.
Agregó, además, que en el lugar de los hechos se han recogido
evidencias que confirman residuos de plomo y perforaciones de
balas en paredes de dos locales que estaban en la parte de atrás
de donde se encontraban los agentes policiales cuando ocurrió
el intercambio de disparos.
Sin embargo, el abogado de los familiares de la víctima, Víctor
Almengor, sostiene que no hay ningún testigo que afirme que se
produjo un enfrentamiento.
Gálvez murió en horas de la noche del 14 de abril pasado en el
sector de Nueva Esperanza, Felipillo. Su cadáver presentaba tres
impactos de bala. Por este caso están siendo investigados los
agentes policiales Mario Aizprúa, Carlos Acosta y Luis Villarreal.
El abogado de los policías dijo ayer que los agentes acudieron
al lugar para investigar una denuncia de un robo en un establecimiento
comercial y que observaron a dos personas corriendo.
Los tres policías, agregó, le dieron la voz de alto a los individuos
y uno de ellos les disparó, por lo que tuvieron que lanzarse al
suelo y responder con sus respectivas armas de fuego.
Según explicó, los agentes policiales declararon que uno de los
sujetos escapó y el otro se les acercó con una arma en la mano
y volvió a dispararles.
Estando en el suelo, dijo, los agentes policiales le repitieron
al atacante que soltara el arma, pero como no les hizo caso se
vieron en la necesidad de dispararle.
Indicó que el cuerpo de Gálvez tiene una perforación que denota
que la bala se introduce en la parte de abajo de la palma de su
mano derecha y le sale en el antebrazo; además, presenta otra
herida de bala en el hombro, que pudo ser producida por la trayectoria
de la misma bala.
Esto demuestra, añade el abogado, que Gálvez tenía su brazo derecho
en alto como en posición de estar disparando un arma de fuego,
cuando fue herido por este proyectil.
Sin embargo, la prueba parafina (para determinar si hay rastros
de pólvora) practicada al cadáver resultó negativa.
Por otro lado, Basurto negó que los agentes policiales intentaran
cambiar de lugar el cadáver y limpiar la sangre con agua. Sostuvo
que las pruebas científicas aplicadas en este caso demostraron
que la escena del crimen no fue alterada.
Por otro lado, la Policía Nacional informó que la supuesta arma
de fuego que se encontró al lado del cadáver de Gálvez pertenecía
a la institución, pero que la misma había sido robada en 1993
a un sargento dentro de un autobús, y que de esto consta la denuncia
presentada No 0144-93.
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