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Homenaje
al mago de la isla
En sus
versos predomina la forma límpida, un ansia de transparencia que
va buscando afanosamente su cauce
Errol E.
Caballero
ecaballero@prensa.com
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Obra:
Poesía
completa
de
Rogelio Sinán
Autor:
Rogelio Sinán
Género: Poesía
Editorial: Univeridad Tecnológica de Panamá
Año de edición: 2001
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La
poesía de Rogelio Sinán es proteica: de resonancia tanto romántica
como metafísica, de construcción tanto onírica como racional.
En sus versos predomina la forma límpida, un ansia de transparencia
que va buscando afanosamente su cauce.
A casi un siglo del nacimiento del vate tabogueño, la Universidad
Tecnológica de Panamá (UTP) publica Poesía completa de Rogelio
Sinán el primer libro compilador de la obra poética de Sinán,
quien falleció en 1994.
Prologado por la poetisa Elsie Alvarado de Ricord, Poesía completa
de Rogelio Sinán empieza con Onda poemario que, en
opinión de varios literatos panameños, introdujo las formas europeas
de la poesía vanguardista en Panamá.
En la primera parte de Onda, los versos oscilan entre la
inercia y la exhortación, alternan entre la sombra y la luz. En
la segunda parte, el poeta se abandona a la contemplación mística,
dejándose embriagar por el elixir de sus hallazgos y visiones.
También se denota en esta etapa una mayor racionalización lírica,
como se puede apreciar en poemas como Teorema de la imageny
Teorema de la curva en movimiento.
Al éxtasis experimental de Onda, le sigue Incendio (1944),
considerado por Ricord como una de las máximas expresiones líricas
de la poesía panameña.
Inspirado por un siniestro que consumió un inmueble popular, el
poema está marcado por una trágica, casi desgarradora belleza.
Incendio emula el arquetipo propuesto por Dante en su Divina
Comedia: el infierno estaría simbolizado por el primer tiempo,
donde los inquilinos despiertan de su sueño para verse rodeados
por un círculo de llamas (Incandescentes garfios dolorosos/sacaron
de su sueño almas a flote ya/en alas del infierno); el segundo
tiempo es un canto de misericordia, un grito de auxilio lanzado
por una voz que “sangra en las sombras, torturada/por alfileres
de humo”; por último tenemos el cielo, representado por un
canto de resignación ante una salvación que llega demasiado tarde:
“¡Qué suave y retardada esta caricia/del agua redentora!”.
Sinán
continuaría su experimentación métrica y metafórica en Semana
santa en la niebla, esta vez tomando como escenario un ambiente
marino, buscando de esta manera una conexión directa con su infancia.
El protagonista es, sin duda alguna, la isla de Taboga, con su
mar circundante, el cual se transmuta en un ente espectral cuya
superficie refleja las visiones más delirantes: “Flota, digo,
la niebla, crispada de ladridos,/ amarrando en las jarcias elásticas
gaviotas./Y, al recoger el hombre su red, semidormido,/quizá tema
al espectro que va sobre las olas”.
La antología continúa con Saloma sin Salomar, poemario
en que confluyen temáticas y matices líricos muy diversos. El
libro culmina con Décimas a la suerte de la patria, un
canto nacionalista que arremete contra el oportunismo y la disoluta
indiferencia.
Como todo poeta de alcance universal, Sinán supo reflejar, en
varios de sus poemas, la angustia inherente a la condición humana,
el terror metafísico que experimenta un ser precario, inconsistente,
perecedero frente al peligro de la disolución: “Te presento a
un amigo. ¿Quién? Es ése/ que no se sienta y pasa y se disuelve.
/Gritas, y ni la imagen de tu grito/ te da el espejo de tu voz.../
Seguirás existiendo, humo, éter, nada,/ del brazo de la nube y
de tu sangre./ Poséelas. No
Narrativa
de lo insólito
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Obra:
Corazones
en la pared
Autor:
Yolanda J. Hackshaw
Género: Cuento
Editorial: Fundación Cultural
Signos
Año de edición: 2001
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Hay
una tendencia en la literatura mundial hacia la narración breve,
lo cual según algunos intelectuales puede estar propiciado por
el frenético ritmo de la vida moderna, en la que los lectores
apenas tienen tiempo de leer algo que no sean sus e-mails.
Si bien las narraciones de la escritora Yolanda J. Hackshaw M.
son considerablemente más extensos que el célebre cuento del “dinosaurio”
de Monterroso, usualmente no abarcan más de una página, por lo
que pueden ser clasificados dentro del género de la ficción breve.
Es así que en Corazones en la pared, su primer libro publicado,
la autora reúne en sus escasas 61 páginas, hasta 17 historias.
Más que cuentos, las narraciones de Hackshaw se asemejan más a
chistes o construcciones lúdicas con un desenlace irrisoriamente
cruel.
La antología inicia con el homónimo Corazones en la pared,
en el que la escritora utiliza la narración en primera persona
para adentrar al lector en el tórrido universo emotivo de un amante
frustrado.
Si bien el tema de los celos y de las pasiones malogrados es un
asunto literario bastante trillado, Hackshaw, hábilmente, le imprime
un giro insospechado al no revelar el sexo del protagonista sino
hasta el final de la narración, en cuyo clímax fantástico el lector
encontrará la clave para descifrar la historia.
En Fídel Bocángel la autora aborda la difícil problemática del
sida con una buena dosis de humor e ironía. Nuevamente, Hackshaw
vuelve a sorprender con un desenlace insospechado, que raya en
lo insólito.
La mendiga de papel realiza una fuerte crítica social frente al
desmedido proceso de privatización de las empresas estatales que
se ha venido realizando en Panamá en los últimos años, y que ha
provocado una alarmante fuga de divisas hacia el extranjero.
Hackshaw utiliza los personajes de una típica mendiga callejera
y la de un alto ejecutivo de una transnacional como elementos
para realizar su incisiva denuncia.
Al final del cuento, el ejecutivo llama a la policía para que
se desaloje al opaco saco de huesos que afea la prístina fallada
de su empresa. No obstante, al llegar la policía no encuentran
a nadie. Una vez que se retiran los uniformados, el ejecutivo
inglés vuelve a encontrar a la mendiga dormitando plácidamente
en la entrada de su edificio.
La historia puede ser interpretada como un símbolo de que la contradicción
entre ricos y desposeídos es eterna, mientras no se realice un
drástica redistribución de la riqueza e insoluble.
Siguiendo con el tono de denuncia social, tenemos Historia de
un nombre, que hace énfasis en la dramática realidad que viven
miles de niños que diariamente tienen que padecer los horrores
del maltrato doméstico.
La autora describe, con gran agudeza, las consecuencias psicológicas
del abuso: el niño vive en un constante estado de ansiedad, ya
que cada insignificante error que cometa puede provocar la brutal
furia del padre.
El maltrato que padece el protagonista no solo es físico, sino
que también es verbal, a tal punto que el niño desconoce su propio
nombre. Cuando una maestra en el colegio, al cual asiste sin permiso
del padre, le pregunta cómo se llama, el niño se limita a responder:
“Chiquillo del carajo, maestra”.
Si bien el lenguaje de Hackshaw es escueto y sencillo en extremo,
sus giros narrativos le otorgan una dimensión inusitada a sus
ficciones, las cuales se nutren con la incorporación de elementos
característicos del realismo mágico.
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