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Ojitos
de Angel llega a Panamá
Daniel Domínguez
Z.
ddomingu@prensa.com
Tatiana
Salamín es una de las directoras que más ha trabajado con piezas
de autores nacionales. Su debut en 1996 fue con el montaje de
Loma ardiente y vestida de sol, de Rafael Pernett y Morales,
a la que siguió en el 2000 La quinta pata del gato, de
Edgardo Molino García, y más recientemente lo hará con Ojitos
de ángel, de Ramón Fonseca Mora.
Como Loma ardiente y vestida sol, Ojitos de ángel
es originalmente una novela. Salamín no conocía la historia entre
una pequeña en estado terminal y un rico y viejo amargado, ambos
recluidos en un hospital público. Una copia se la entregó el año
pasado la productora de la puesta en escena, Vilma de Bonilla,
cuando la directora estaba involucrada en otro trabajo escénico.
Ojitos de ángel ya va por su tercera edición, y ha vendido
más de 5 mil ejemplares en Panamá. Recibió una mención de honor
en el concurso Enka de Literatura Infantil, y en 1999 fue aprobada
por el Ministerio de Educación para su uso como obra complementaria
para los docentes y estudiantes de pre-media de la educación básica
general.
“Me
gusta mucho esta novela porque valora la solidaridad entre gente
que no tiene nada en común. En este caso, el señor con la niña,
ya que ambos comienzan a preocuparse el uno del otro. Me sorprendió
gratamente que un libro tan sencillo y humano haya tenido gran
éxito entre los adolescentes, porque ahora el grueso de los jóvenes
está por la diversión, las drogas y la violencia”, dijo Salamín,
que también ha ejercido la profesión de actor, y actualmente es
publicista.
Confiesa que el trasfondo emocional de la obra le tocó su lado
más sensible, ya que ella es madre de dos niños, y sabe lo que
es luchar por los hijos. “Cuando leí la novela por primera vez,
al final lloré. Me sentí conmovida”.
Por otra parte, el interés de Salamín de explorar el potencial
de lo audiovisual en las tablas (la primera exploración la hizo
con La quinta pata del gato), se mantiene y se profundiza
en Ojitos de ángel. “Las escenas de vídeo serán un elemento
conceptualmente integrado”, pero no da mayores detalles porque
prefiere que el público lo descubra por sí mismo.
El libreto, adaptación de la dramaturga argentina Susana Torres
Molina (Extraños juguetes y Paraísos perdidos),
se concentra principalmente en la amistad que surge entre don
Julio, un hombre prepotente e intolerante, y la dulce Mechi, una
chiquita enferma que en poco tiempo le enseña valiosas lecciones
de vida.
Es válido recordar que Ojitos de ángel se presentó en el
2000 en Santa Fe de Bogotá, Colombia, y hay planes para hacer
una puesta en escena en Argentina, a cargo de la propia Susana
Torres Molina, artista que Ramón Fonseca Mora conoció hace cuatro
años durante un viaje promocional -a Buenos Aires- de su obra
La ventana abierta .
En tanto, la escenificación de Tatiana Salamín será del 1 al 30
de mayo en el Teatro en Círculo. Su elenco lo conforman Carlos
Bromley, Luigi Lescure, Ana Marissa Chávez, Raquel Fonseca, Ramiro
Cárdenas, Lucía Moreno, Masha Armuelles, Javier Carrillo y Berta
Carrizo. La producción, responsabilidad de Producciones Music
& Kids, es a beneficio de la Fundación Amigos del Niño con
Leucemia y Cáncer.
Adelantó Tatiana Salamín que habrá actores que tendrán la responsabilidad
de encarnar dos y hasta tres personajes, y puso como ejemplo el
hecho de que Mechi será interpretada tanto por Raquel Fonseca
como por Berta Carrillo. De inmediato aclara que la selección
de Raquel fue el resultado de una audición, y que no influyó en
lo absoluto que sea la hija de Ramón Fonseca Mora.
Un escritor
afortunado
El
escritor y abogado Ramón Fonseca Mora es un creador afortunado,
ya que conoce lo que es llevar libros suyos al escenario. En julio
de 1998 se presentó en el Teatro en Círculo su pieza teatral Cuatro
mujeres vestidas de negro (Mención de honor del concurso nacional
Ricardo Miró), bajo la dirección del panameño Bruce Quinn.
Luego, en junio del 2000, en Santa Fe de Bogotá, el director colombiano
Rodrigo Rodríguez llevó a cabo una experimental puesta en escena
de sus Ojitos de ángel. El líder de la compañía de teatro
Ditirambo depositó buena parte de la responsabilidad de su propuesta
en una jovencita de 13 años de edad, la debutante Karen Bravo,
y en el veterano actor y dramaturgo Carlos Hinestrosa.
El dos veces ganador del Ricardo Miró en la sección novela, por
La danza de las mariposas (traducida al alemán) y Soñar
con la ciudad, sabía que por estructura y estilo Ojitos
de ángel podía trasladarse sin dificultades a proscenio. “Originalmente
el montaje se iba a hacer en Panamá en el 2000, pero como surgió
la posibilidad de hacerla en Colombia, decidimos en conjunto con
la productora Vilma de Bonilla dejarla para este año”.
Le encanta la idea de que Tatiana Salamín sea la encargada del
montaje en el Teatro en Círculo de Ojitos de ángel, ya
que se enamoró de la puesta en escena que hizo de Loma ardiente
y vestida de sol.
¿Expectativas?
Muchas. “Morderme las uñas y esperar hasta el día del estreno,
y ojalá que guste al público... Ver montada la obra de uno es
todo un acontecimiento. Me gusta la sorpresa de qué será, y me
encanta que una persona diferente a mí la tome y la interprete”,
dijo.
Le sorprende que entre sus libros sea precisamente Ojitos de
ángel la que consigue captar lectores de todas las edades,
y le diera satisfacciones escénicas dentro y fuera del país. Inicialmente
la tuvo guardada varios meses en su escritorio antes de decidir
terminarla. Cuando se la prestó a varios amigos la respuesta fue
favorable, y eso lo impulsó a echarle mano.
Lo hace feliz que el tema de la soledad, las falsas apariencias,
el materialismo excesivo y la falta de amor entre los seres humanos,
haya calado también entre los muchachos; tanto, que media docena
de escuelas secundarias de la ciudad capital le ha pedido que
vaya a conversar con los estudiantes sobre Ojitos de ángel.
Esta novela también le ha dado satisfacciones como padre. Desde
que anunció en casa que sería transformada para teatro, su hija
Raquel, de 11 años, le comentó que ella sería Mechi, y él le aconsejó
que llamara a la productora, y que participara en el casting
como el resto de las 10 aspirantes al papel. Eso hizo y, para
sorpresa de todos, su experiencia de participar en anuncios comerciales
y puestas escolares le dio la oportunidad de cumplir su sueño.
Fonseca Mora quedó más que feliz, y Raquel “saltaba por las paredes
de la alegría”.
Este logro por partida doble es más hermoso, si recordamos que
en abril de 1999 Ramón Fonseca Mora nos compartió los dos motivos
que dieron vida y razón a Mechi. Uno, Raquel, que estuvo en 1990
a punto de morir a causa de dos enfermedades virales sumamente
peligrosas, y segundo, la labor que realizan a favor de los pequeños
en el Hospital del Niño.
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