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Cuesta
abajo
Resaltar “lo bueno” del gobierno podrá ser una obligación
para los medios controlados, pero no es una misión inherente al
periodismo
Sabrina
Bacal
Desgastada por su excesiva y conveniente utilización, el gobierno
parece haber decidido prescindir de una de sus coartadas favoritas:
la de las tristemente célebres encuestas “de carne y hueso”. Su
nueva defensa para enfrentar los resultados negativos de los sondeos
de opinión ha resultado, al menos en apariencia, algo más sutil
que las carnívoras reacciones de antaño.
En principio se ha manifestado la disposición a “corregir errores”,
lo que no es solo un novedoso reconocimiento de la existencia
de los mismos, sino también de la capacidad de las mediciones
científicas para evaluar las percepciones de la ciudadanía.
Esta sensatez inicial, empero, se vio ensombrecida a la hora de
señalar a los culpables de tales desaciertos. El argumento presentado
a la opinión pública advierte que si bien hay un descontento con
la gestión del gobierno, este se debe a que “los medios hacen
campaña en su contra”, y “a que no resaltan lo bueno, solo lo
malo”.
Ambas afirmaciones denotan una visión distorsionada sobre el papel
que deben asumir los medios de comunicación en una democracia.
La división entre “lo bueno y lo malo”, entre lo que los ciudadanos
deben conocer y lo que se les debe ocultar, es típica de sociedades
autoritarias. Resaltar “lo bueno” del gobierno podrá ser una obligación
para los medios controlados o manipulados por sus Estados, pero
ciertamente no es una misión inherente al periodismo. Los medios
deben ir más allá de los comunicados oficiales, para informarle
a los gobernados sobre el verdadero desempeño de sus gobernantes,
sea este adecuado o deficiente. Sin esa intención de trascender
lo que está en la superficie, los medios se convertirían en simples
cajas de resonancia de la voluntad de las autoridades, y contribuirían
con esto, a engrandecer el poder de instituciones y personas,
que idealmente deben ser fiscalizados por su gran incidencia en
la cosa pública.
Nadie niega que los medios de comunicación tienen la facultad
de resaltar o atenuar los hechos, influyendo enormemente en los
juicios que se forman los ciudadanos. Sin embargo, esta posibilidad
tiene límites muy claros, más aún en una sociedad en la que los
emisores de la información se identifican con ideales diversos
y responden a intereses divergentes. Es sencillamente insostenible
afirmar en este contexto, que el sentir de la población reflejado
en los resultados de las encuesta s es una mera creación de periodistas
malintencionados.
Dos sondeos recientes publicados por dos medios escritos de diferente
orientación política- La Prensa y El Universal -, coinciden en
la caída abrupta de la popularidad de la cabeza del Ejecutivo.
Acompañando la baja calificación que recibe la gestión de gobierno
de la presidenta Mireya Moscoso, se encuentra la creciente preocupación
de los encuestados por la situación económica nacional y personal,
y la percepción mayoritaria de que existe corrupción en las altas
esferas gubernamentales. El cuadro presentado por ambas encuestas
no solo es coherente en cuanto a los síntomas y a la enfermedad
detectados, sino que se fortalece por la simultaneidad de la información
dada por dos medios que difícilmente coinciden en sus posiciones
políticas. Aunque la credibilidad de las empresas encuestadoras
y la calidad de las muestras y las técnicas utilizadas, son suficientes
para sustentar la información arrojada, la concordancia de muchos
de los datos presentados tendría que convencer hasta a los más
escépticos.
Claro está que cuando la incredulidad, en lugar de estar fundamentada
sobre análisis racionales, se adivina cercana al ego herido de
algunos políticos, se debe declarar totalmente incurable. No está
de más recordar, que a tres años de las elecciones presidenciales,
el anticipado maratón político puede dejar a más de uno desorientado
y sin aliento. Prematuras son las conjeturas de lo que acontecerá
en el 2004, y si no se acallan los adivinadores, se podría desviar
la atención de lo verdaderamente relevante arrojado por los últimos
sondeos. El gobierno debe escuchar a conciencia la campanada de
alerta que suponen los mismos, puesto que de otra forma se expone
a que su índice de aprobación continúe cuesta abajo.
Especial para La Prensa
Un
mensaje alto y claro
El pueblo panameño le envió, en forma contundente, un mensaje
alto y claro a la presidenta
Rafael Mezquita
La extraña circunstancia de que las principales casas encuestadoras
del país -Dichter & Neira y PSM SIGMADOS- coincidieran en
las fechas (del 4 al 8 de abril) de levantamiento de sus encuestas,
que por cierto tienen diseños equivalentes y que fueron publicadas
la semana pasada, nos ofrece una buena excusa para zambullirnos
en sus interioridades y demostrarles algunas coincidencias en
sus resultados.
Las encuestas bien hechas reflejan la realidad y recogen el sentir
ciudadano en un momento dado, y cuando se producen con relativa
frecuencia, o sea, cuando marcan tendencias, forman como una serie
de fotos observadas en secuencia, que a la larga se convierten
en una película.
Las encuestas ganan credibilidad cuando sus estimados se validan;
o sea, cuando sus pronósticos se confirman con los resultados
reales. En tal sentido, Dichter& Neira (DN de aquí en adelante)
lleva ya dos elecciones nacionales (1994 y 1999) y un referéndum,
el del 98, pronosticando con certeza sus resultados, y de lo que
se trata en este análisis y como hipótesis de trabajo, es el de
validar o no los resultados que nos presenta la última encuesta
de PSM SIGMADOS ( PSM de aquí en adelante), cuando algunas de
sus respuestas son comparadas a las de DN.
En esta ocasión, no vamos a repetir los consabidos análisis de
la percepción ciudadana sobre la pobre gestión gubernamental,
o sobre la popularidad de nuestros funcionarios y políticos. Ahora,
analizaremos cinco otros aspectos extraídos de las dos encuestas,
a saber: a) situación económica nacional; b) desempleo y capacidad
gubernamental para disminuirlo; c) corrupción y eficiencia e interés
del gobierno en combatirla; d) inseguridad ciudadana, y e) la
recomendación social lógica frente al desastre de gobierno percibido:
el cambio de gabinete.
Sobre la situación económica actual del país, seis de cada diez
panameños (DN) considera que la situación económica ha empeorado
con el gobierno de Mireya Moscoso, y el 75% de la población (
PSM) califica dicha situación de mala o muy mala en comparación
con el año 2000. Esta es la causa fundamental de la pobre evaluación
que los panameños hacen del gobierno actual y la consecuencia
principal de esta situación -el desempleo-, es valorado en su
justa dimensión cuando la mitad de la población (PSM) considera
que este es el mayor problema del país, y el 84% (DN) cree que
el gobierno es poco o nada eficiente combatiéndolo.
Otra razón de la baja calificación social del gobierno, lo constituye
la pobre percepción de su actitud frente a la corrupción. Aclaramos.
Si la percepción de que hay corrupción en el gobierno es alta,
el 75% de la población cree además que el gobierno es poco o nada
eficiente en combatirla (DN), mientras más de la mitad piensa
que es porque no tiene interés. Aquí lo que se observa es una
incapacidad alarmante para transmitir que, por lo menos, hay interés
en combatir un fenómeno inaceptable socialmente, sobre todo cuando
las condiciones económicas y sociales del país andan como andan.
Para acabarla de fregar, 9 de cada 10 ciudadanos piensan que la
situación de la seguridad ciudadana ( asaltos, secuestros, tráfico
de drogas, etc.) es muy, o algo alarmante y peligrosa (PSM); y
la totalidad de la población divide opiniones (DN) entre que con
este gobierno, la seguridad en las calles se mantiene igual o
ha empeorado en comparación con la administración anterior. Estimo
que quedó demostrado entonces la hipótesis de que las dos encuestas
confirman con sus resultados que la población piensa como ellas
lo expresan.
Ahora bien, y dado el hecho de que Mireya Moscoso aún preserva
una imagen ligeramente superior a la su gobierno, 7 de cada 10
ciudadanos (para las dos encuestas) consideran que este es el
momento para que la presidenta cambie su gabinete, esperanzados
de que quizá así, las cosas cambiarán. Me reservo mi opinión al
respecto, pero aún así, pienso que la presidenta está en un buen
y quizá irrepetible momento para tomar las decisiones que garanticen
la sobrevivencia de su gobierno, aun a costa de una posible ruptura
de la frágil correlación de fuerzas que la sustentan.
En forma contundente, el pueblo panameño le envió un mensaje alto
y claro a la presidenta, y en sus manos queda interpretarlo adecuadamente.
El autor es miembro del PRD
Foro
ciudadano
Las
encuestas de opinión se han convertido en un valioso instrumento
de medición de la percepción ciudadana en diversos temas. En el
ámbito político, y a pesar del rechazo que algunos expresan, son
mayoritariamente aceptadas por los ciudadanos. Bien harían nuestros
gobernantes si les pusieran un poco más de atención.
Lo
que ellos opinan
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Maribel
Cuervo de Paredes
Directora
del CELAP
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Las encuestas son ins- trumentos valiosos de medición, siempre
y cuando sean diseñadas con todos los criterios de medición científica
y de forma que el resultado re- fleje con veracidad la opi- nión
del grupo encues- tado..
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Milton
Henríquez
Abogado y ex legislador
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Todo político moderno necesita de las encues- tas para sentir
el pulso del país al que quiere servir, pero no se puede reducir
la acción política a la búsqueda de popu- laridad, porque hay
te- mas cuyos resultados son a largo plazo. Se tra- ta de una
fotografía de la opinión de un grupo en un momento, y su impor-
tancia es que sean me- diciones continuas.
Frases
de la semana
“En
Panamá no hay persecu- ción contra los periodistas, y las leyes
de desacato advierten a los ciudadanos que deben guardar respeto
a las autoridades...”
Juan
Antonio Tejada, nuevo defensor del pueblo en declaraciones a La
Prensa.
“Permitir
que los buses que vienen de Panamá oeste se detengan en la Avenida
de Los Mártires, perjudica la inversión privada”.
Carlos Vallarino, administrador de la Termi-nal de Transporte
de Albrook.
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