Panamá, 26 de abril de 2001
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Cuesta abajo

Resaltar “lo bueno” del gobierno podrá ser una obligación para los medios controlados, pero no es una misión inherente al periodismo

Sabrina Bacal

Desgastada por su excesiva y conveniente utilización, el gobierno parece haber decidido prescindir de una de sus coartadas favoritas: la de las tristemente célebres encuestas “de carne y hueso”. Su nueva defensa para enfrentar los resultados negativos de los sondeos de opinión ha resultado, al menos en apariencia, algo más sutil que las carnívoras reacciones de antaño.

En principio se ha manifestado la disposición a “corregir errores”, lo que no es solo un novedoso reconocimiento de la existencia de los mismos, sino también de la capacidad de las mediciones científicas para evaluar las percepciones de la ciudadanía.

Esta sensatez inicial, empero, se vio ensombrecida a la hora de señalar a los culpables de tales desaciertos. El argumento presentado a la opinión pública advierte que si bien hay un descontento con la gestión del gobierno, este se debe a que “los medios hacen campaña en su contra”, y “a que no resaltan lo bueno, solo lo malo”.

Ambas afirmaciones denotan una visión distorsionada sobre el papel que deben asumir los medios de comunicación en una democracia. La división entre “lo bueno y lo malo”, entre lo que los ciudadanos deben conocer y lo que se les debe ocultar, es típica de sociedades autoritarias. Resaltar “lo bueno” del gobierno podrá ser una obligación para los medios controlados o manipulados por sus Estados, pero ciertamente no es una misión inherente al periodismo. Los medios deben ir más allá de los comunicados oficiales, para informarle a los gobernados sobre el verdadero desempeño de sus gobernantes, sea este adecuado o deficiente. Sin esa intención de trascender lo que está en la superficie, los medios se convertirían en simples cajas de resonancia de la voluntad de las autoridades, y contribuirían con esto, a engrandecer el poder de instituciones y personas, que idealmente deben ser fiscalizados por su gran incidencia en la cosa pública.

Nadie niega que los medios de comunicación tienen la facultad de resaltar o atenuar los hechos, influyendo enormemente en los juicios que se forman los ciudadanos. Sin embargo, esta posibilidad tiene límites muy claros, más aún en una sociedad en la que los emisores de la información se identifican con ideales diversos y responden a intereses divergentes. Es sencillamente insostenible afirmar en este contexto, que el sentir de la población reflejado en los resultados de las encuesta s es una mera creación de periodistas malintencionados.

Dos sondeos recientes publicados por dos medios escritos de diferente orientación política- La Prensa y El Universal -, coinciden en la caída abrupta de la popularidad de la cabeza del Ejecutivo. Acompañando la baja calificación que recibe la gestión de gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, se encuentra la creciente preocupación de los encuestados por la situación económica nacional y personal, y la percepción mayoritaria de que existe corrupción en las altas esferas gubernamentales. El cuadro presentado por ambas encuestas no solo es coherente en cuanto a los síntomas y a la enfermedad detectados, sino que se fortalece por la simultaneidad de la información dada por dos medios que difícilmente coinciden en sus posiciones políticas. Aunque la credibilidad de las empresas encuestadoras y la calidad de las muestras y las técnicas utilizadas, son suficientes para sustentar la información arrojada, la concordancia de muchos de los datos presentados tendría que convencer hasta a los más escépticos.

Claro está que cuando la incredulidad, en lugar de estar fundamentada sobre análisis racionales, se adivina cercana al ego herido de algunos políticos, se debe declarar totalmente incurable. No está de más recordar, que a tres años de las elecciones presidenciales, el anticipado maratón político puede dejar a más de uno desorientado y sin aliento. Prematuras son las conjeturas de lo que acontecerá en el 2004, y si no se acallan los adivinadores, se podría desviar la atención de lo verdaderamente relevante arrojado por los últimos sondeos. El gobierno debe escuchar a conciencia la campanada de alerta que suponen los mismos, puesto que de otra forma se expone a que su índice de aprobación continúe cuesta abajo.

Especial para La Prensa


Un mensaje alto y claro

El pueblo panameño le envió, en forma contundente, un mensaje alto y claro a la presidenta

Rafael Mezquita

La extraña circunstancia de que las principales casas encuestadoras del país -Dichter & Neira y PSM SIGMADOS- coincidieran en las fechas (del 4 al 8 de abril) de levantamiento de sus encuestas, que por cierto tienen diseños equivalentes y que fueron publicadas la semana pasada, nos ofrece una buena excusa para zambullirnos en sus interioridades y demostrarles algunas coincidencias en sus resultados.

Las encuestas bien hechas reflejan la realidad y recogen el sentir ciudadano en un momento dado, y cuando se producen con relativa frecuencia, o sea, cuando marcan tendencias, forman como una serie de fotos observadas en secuencia, que a la larga se convierten en una película.

Las encuestas ganan credibilidad cuando sus estimados se validan; o sea, cuando sus pronósticos se confirman con los resultados reales. En tal sentido, Dichter& Neira (DN de aquí en adelante) lleva ya dos elecciones nacionales (1994 y 1999) y un referéndum, el del 98, pronosticando con certeza sus resultados, y de lo que se trata en este análisis y como hipótesis de trabajo, es el de validar o no los resultados que nos presenta la última encuesta de PSM SIGMADOS ( PSM de aquí en adelante), cuando algunas de sus respuestas son comparadas a las de DN.

En esta ocasión, no vamos a repetir los consabidos análisis de la percepción ciudadana sobre la pobre gestión gubernamental, o sobre la popularidad de nuestros funcionarios y políticos. Ahora, analizaremos cinco otros aspectos extraídos de las dos encuestas, a saber: a) situación económica nacional; b) desempleo y capacidad gubernamental para disminuirlo; c) corrupción y eficiencia e interés del gobierno en combatirla; d) inseguridad ciudadana, y e) la recomendación social lógica frente al desastre de gobierno percibido: el cambio de gabinete.

Sobre la situación económica actual del país, seis de cada diez panameños (DN) considera que la situación económica ha empeorado con el gobierno de Mireya Moscoso, y el 75% de la población ( PSM) califica dicha situación de mala o muy mala en comparación con el año 2000. Esta es la causa fundamental de la pobre evaluación que los panameños hacen del gobierno actual y la consecuencia principal de esta situación -el desempleo-, es valorado en su justa dimensión cuando la mitad de la población (PSM) considera que este es el mayor problema del país, y el 84% (DN) cree que el gobierno es poco o nada eficiente combatiéndolo.

Otra razón de la baja calificación social del gobierno, lo constituye la pobre percepción de su actitud frente a la corrupción. Aclaramos. Si la percepción de que hay corrupción en el gobierno es alta, el 75% de la población cree además que el gobierno es poco o nada eficiente en combatirla (DN), mientras más de la mitad piensa que es porque no tiene interés. Aquí lo que se observa es una incapacidad alarmante para transmitir que, por lo menos, hay interés en combatir un fenómeno inaceptable socialmente, sobre todo cuando las condiciones económicas y sociales del país andan como andan.

Para acabarla de fregar, 9 de cada 10 ciudadanos piensan que la situación de la seguridad ciudadana ( asaltos, secuestros, tráfico de drogas, etc.) es muy, o algo alarmante y peligrosa (PSM); y la totalidad de la población divide opiniones (DN) entre que con este gobierno, la seguridad en las calles se mantiene igual o ha empeorado en comparación con la administración anterior. Estimo que quedó demostrado entonces la hipótesis de que las dos encuestas confirman con sus resultados que la población piensa como ellas lo expresan.

Ahora bien, y dado el hecho de que Mireya Moscoso aún preserva una imagen ligeramente superior a la su gobierno, 7 de cada 10 ciudadanos (para las dos encuestas) consideran que este es el momento para que la presidenta cambie su gabinete, esperanzados de que quizá así, las cosas cambiarán. Me reservo mi opinión al respecto, pero aún así, pienso que la presidenta está en un buen y quizá irrepetible momento para tomar las decisiones que garanticen la sobrevivencia de su gobierno, aun a costa de una posible ruptura de la frágil correlación de fuerzas que la sustentan.

En forma contundente, el pueblo panameño le envió un mensaje alto y claro a la presidenta, y en sus manos queda interpretarlo adecuadamente.

El autor es miembro del PRD


Foro ciudadano

Las encuestas de opinión se han convertido en un valioso instrumento de medición de la percepción ciudadana en diversos temas. En el ámbito político, y a pesar del rechazo que algunos expresan, son mayoritariamente aceptadas por los ciudadanos. Bien harían nuestros gobernantes si les pusieran un poco más de atención.


Lo que ellos opinan

Maribel Cuervo de Paredes
Directora del CELAP

Las encuestas son ins- trumentos valiosos de medición, siempre y cuando sean diseñadas con todos los criterios de medición científica y de forma que el resultado re- fleje con veracidad la opi- nión del grupo encues- tado..

 

 

 

 




Milton Henríquez
Abogado y ex legislador

Todo político moderno necesita de las encues- tas para sentir el pulso del país al que quiere servir, pero no se puede reducir la acción política a la búsqueda de popu- laridad, porque hay te- mas cuyos resultados son a largo plazo. Se tra- ta de una fotografía de la opinión de un grupo en un momento, y su impor- tancia es que sean me- diciones continuas.

 

 

 


Frases de la semana

“En Panamá no hay persecu- ción contra los periodistas, y las leyes de desacato advierten a los ciudadanos que deben guardar respeto a las autoridades...”

Juan Antonio Tejada, nuevo defensor del pueblo en declaraciones a La Prensa.

 

 


“Permitir que los buses que vienen de Panamá oeste se detengan en la Avenida de Los Mártires, perjudica la inversión privada”.

Carlos Vallarino, administrador de la Termi-nal de Transporte de Albrook.

 
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