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Es cierto que el derecho es parte de la cultura, pero
hay veces que la cultura funciona al revés del derecho.
Por ejemplo, el Código Judicial establece la obligación
que tiene toda persona de poner en conocimiento de las
autoridades la perpetración de un delito y al mismo tiempo
señala el deber del Ministerio Público de perseguir los
actos delictivos de oficio, con excepción de crímenes
que requieran de querella de parte interesada. Los medios
de comunicación denuncian con frecuencia hechos que por
constituir delito deben ser investigados por los fiscales,
pero estos están tan ocupados que no tienen tiempo de
abrir una investigación de su propia iniciativa y cumplir
así con lo que la ley les manda. ¿En qué se consume el
valioso tiempo del personal del Ministerio Público? Habrá
que investigarlo, pero hay indicios que sugieren que las
fiscalías invierten una parte importante de su tiempo
adelantando los casos de calumnia e injuria, que son dos
delitos que no deben perseguirse de oficio, sino solo
cuando medie parte interesada. Curiosamente, una buena
parte de estos expedientes de los llamados delitos contra
el honor es contra periodistas, cuyo trabajo es denunciar
públicamente lo que el Ministerio Público está muy ocupado
para investigar. Hacer justicia requiere de equilibrio,
pero ¿puede el Ministerio Público servir a la ley cuando
tiene el fiel de la balanza torcido?
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