Con
la discusión en la Asamblea Legislativa de un proyecto de ley
que regule el comercio electrónico en Panamá, nuestro país se
prepara para entrar de lleno a lo que tal vez sea la forma predominante
de comercio en el siglo XXI.
Aún así,
en la mente de los usuarios y compradores todavía penden muchas
dudas acerca del origen, la evolución, y sobre todo la seguridad
que ofrece este tipo de transacciones.
El término
e-commerce ha evolucionado notablemente desde su elemental
concepción de “compras vía internet” hasta abarcar todos los aspectos
comerciales y de técnicas de mercadeo que la tecnología de la
internet ha permitido desarrollar.
Actualmente,
el e-commerce puede ser definido como el proceso de conducir
y ejecutar transacciones a través de un sistema electrónico.
La ventajas
para el comprador son obvias. Al eliminarse la necesidad física
de interacción entre el vendedor y el comprador, este último se
evita todas las desventajas que el desplazamiento a una tienda
o centro comercial implica: los tranques, las filas en la caja,
y los más importante, los horarios, ya que los sites de
e-commerce, como el e-Bay, por ejemplo, se mantienen abiertos
las 24 horas del día. Asimismo, el cibernauta puede realizar compras
desde cualquier punto del globo.
No obstante
el “comercio electrónico” no se limita a compras online.
El mismo incluye las bases de datos que contienen la información
derivada de cualquier transacción comercial vía internet (compras,
ventas, mercadeo, soporte técnico, etc).
De acuerdo
con el sitio www.escout.com/about/ecommerce.html hay tres
modelos básicos de comercio electrónico: el “Business to Consumer”
(B2C), que explota las capacidades de la World Wide Web específicamente
para vender mercancías en el ciberespacio; el Intra-Organizacional,
que es el que tiene lugar a través de la Intranet (red interna
de una organización); y el Business to Business (B2B),
que incluye los hubs o centros de e-commerce, socios financieros,
clientes, proveedores, laboratorios de investigación y representantes
de campo.
El B2B es
el modelo más complejo, ya que restringe el acceso a catálogos
virtuales y otra información relacionada con la interacción comprador/vendedor.
Asimismo, el B2B posibilita la creación y expansión de las relaciones
cliente/proveedor a largo plazo, facilitando la incorporación
de nuevos y más económicos canales de comunicación.
El e-commerce
a través del B2B es el que también presenta el mayor grado de
crecimiento: se proyecta que para el año 2003 se generen ganancias
por más de dos trillones de dólares, en comparación con los 50
billones contabilizados el año pasado.
‘E-commerce’
contra comercio
tradicional
Unas de las
principales críticas que empuñan los defensores del comercio tradicional
es que el crecimiento del e-commerce está limitado por
el número de personas que pueden adquirir una PC y costear una
conexión a la internet.
Si bien esto
es cierto, también hay que tener en cuenta las drásticas reducciones
en los precios de las computadoras personales que se han venido
dando en los últimos años.
No obstante,
los promotores del comercio electrónico no sitúan sus esperanzas
en el mercado de las PC, sino en la “internet inalámbrica”, la
cual permitirá el acceso a la web desde cualquier lugar del mundo
mediante el uso de dispositivos portátiles mucho más económicos,
tales como notebooks, PAD (asistentes digitales personales),
celulares, y en la televisión interactiva, mediante la cual el
televidente podrá hacer sus compras a control remoto.
Más que representar
una extensión de las prácticas comerciales actuales, el comercio
electrónico ofrece nuevas y revolucionarias maneras de hacer negocios.
Por eso fomenta el desarrollo estratégico de herramientas y tecnologías
informáticas para satisfacer objetivos comerciales.
Las tecnologías
telemáticas ha transformado los antiguos paradigmas comerciales
en una interactiva comunidad global, conformada por consumidores
y mercaderes. Aun así, todavía hay, y con justa razón, personas
que temen introducir su tarjeta de crédito o cualquier otra información
personal por miedo a que la misma puede ser sustraída y utilizada
por un hacker para fines ilícitos.