| |
Una mora más que moral
Roberto Lombana
En los últimos 18 meses se han tomado decisiones difíciles en la Caja Seguro Social. Una fue la escogencia de la terna para designar al director general y, las otras, todas aquellas que pusieron a prueba el amor de la ciudadanía por tan noble institución. Recordemos el enfrentamiento entre los sectores representados en la junta directiva por las denuncias y señalamientos de irregularidades; la campaña en contra del sector privado; la falta de transparencia; la discrecionalidad en los actos que a diario se manejan; el uso de la imprenta en actividades ajenas a la institución; comunicados sindicales pagados; el despido del jefe de Contabilidad; la falsa escasez de insulina; los hallazgos por parte de la Contraloría General de la República; los choques con el Ministerio de Salud; la corrupción galopante en los juzgados ejecutores; la manipulación de las listas de morosos; la deuda gubernamental; el intento de crear una dirección de seguridad; la participación secreta en el Plan Colombia; la salida del director de Compras y así, tantas situaciones que fueron muy bien descritas por el señor contralor cuando afirmó que: “donde toco en la Caja de Seguro Social sale pus”.
Me tocó lidiar con muchas de esas denuncias e irregularidades que consideré pura y llana corrupción; otras vieron la luz pública a través de denuncias ciudadanas. Si hubiera callado o me hubiera retirado, me hubiese identificado como partícipe de las mismas. Recibí mucho apoyo, también injurias, ataques y amenazas de sobra, pero continué con lo que mis valores y conciencia me indicaron.
No me equivoqué, y los resultados están a la vista de todos. Sin embargo, los grandes ausentes en toda esta vorágine, fueron y siguen siendo los jubilados, asegurados y beneficiarios que son los únicos a quienes nos debemos. Es por ellos que nuestro trabajo diario conlleva la obligación de brindarles satisfacción en todo sentido, ya sea por medio de un eficiente sistema de citas que elimine las filas de la madrugada; de un moderno sistema de pago de prestaciones; de una gama completa de medicamentos que siempre esté en las farmacias, y que los trabajadores, médicos, técnicos y administrativos de la institución sean tomados en cuenta. Así les estaríamos devolviendo la motivación que alguna vez les mantuvo enaltecido el espíritu. Si todo esto se comienza a realizar, evitaremos el sentimiento de frustración que envuelve a los principales actores de este drama social.
Pienso que seguir construyendo más instalaciones es desperdiciar recursos, toda vez que ni siquiera aprovechamos al máximo las que tenemos. ¿Cuán sensato será que la institución recoja para sus activos instalaciones privadas, si no puede con lo que tiene? Sería más sabio pensar en aliviar la presión existente en los programas de cirugía ambulatoria y en las miles de cirugías mayores pendientes que resultan extremadamente costosas. Al asegurado tenemos que mantenerlo medicado, con laboratorios, citas y fuera o aislado de su vida familiar y de sus labores durante meses para que al final, cuando le llega su turno, el daño a su salud sea mayor y a veces hasta irreversible. Lo más cerca a una excelente solución sería que la Caja negociara con el sistema privado el poder utilizar sus instalaciones por un tiempo y con costos pre-establecidos y que deben ser menores a los costos del uso de las propias instalaciones.
Debemos poner al día toda esa mora, que llamaría una “mora moral”, porque no hay razón alguna que impida que esto se pueda hacer para beneficio y respecto a los jubilados, asegurados y sus beneficiarios.
Caminar en esa dirección asusta a los que piensan en privatización; pero deberían revisar los conceptos de solidaridad y de responsabilidad social, para brindar soluciones de salud sin descuidar los nuevos rumbos que nos llevan hacia una medicina preventiva y a un adecuado ambiente de trabajo.
Dentro de la importancia nacional que tiene la CSS y las mejoras en su rentabilidad, se pueden apreciar los logros que financieramente se obtienen y cómo se proyecta como banca de segundo piso para decir presente en la dinamización de la economía. Paradójicamente, por querer aparentar que tenemos las soluciones y billonarios recursos, propiciamos el cierre de más instituciones hospitalarias con el consecuente aumento del desempleo y el incumplimiento al asegurado y sus familiares, a quienes va dirigido nuestro mandato constitucional.
Finalmente, es importante darle todo el apoyo de la sociedad, que somos todos, a la iniciativa de esta administración por haber logrado incluir en la agenda de Estado la problemática de la institución, a través de la comisión de alto nivel; y al PNUD, como facilitador del proceso. No obstante, no debemos olvidar que los problemas que a diario viven los usuarios en las filas de la madrugada es materia de hoy y no de mañana. Por tanto, y a manera de sugerencia final, sería interesante ir pensando en la figura de un ombudsman de los asegurados, para que no volvamos a dejarlos por fuera, pues harto conocido es que los mandos superiores cambian con los gobiernos cada cinco años como una consecuencia directa de los vaivenes de las políticas partidistas.
El autor es industrial y directivo de la CSS
Además
en opinión
-
Una mora más que moral: Roberto Lombana
-
Preocupación urbana: Cheryl de Obediente
-
La banda del F. Naudeau: Ricardo Brown Araúz
-
Fiebre aftosa, catástrofe nacional:
Hatuey Castro Barahona
-
Bajo el palo de guarumo: Rolando Villalaz
Guerra
|
|