Panamá, 23 de abril de 2001
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Fiebre aftosa, catástrofe nacional

Debemos proteger una actividad que produce 40 mil exportaciones y que genera la ocupación de 32 mil ganaderos y cerca de 100 mil personas

Hatuey Castro Barahona

El actual brote de fiebre aftosa que afecta Inglaterra, con no menos de 750 ubicaciones, se ha declarado prácticamente incontrolable y se calcula que la epizootia causará pérdidas por más de 7 billones de dólares, afectando la economía rural de esa nación europea.

La enfermedad que se ha extendido a Europa Continental, con brotes en países como Francia y Holanda, ha obligado a casi todas las naciones de esa región a cerrar sus fronteras para evitar la expansión de este mal, creando pánico en el sector. Si la enfermedad continúa expandiéndose, se podría ocasionar una hecatombe cuyos costos nadie se atreve a cuantificar.

El brote originario descubierto el 19 de febrero en Inglaterra, pudo deberse a restos de comida de restaurantes que destinan sus sobras a la alimentación de cerdos, y se sospecha que la contaminación pudo haberse originado en productos importados de China. En el caso de Francia, se descubre que un tratante de ganado, a quien se le ubica como responsable de la importación de ovejas de Inglaterra, trajo a este país el primer grupo de ovejas infectadas que ocultó para evitar sacrificios.

En todo caso, el virus que afecta Europa ha sido identificado como un microorganismo de procedencia asiática, el cual es uno de los ocho que causan el mal, tradicionalmente localizado en Africa, Asia y América.

En el caso de América del Sur, fue determinante la falta de adecuado control por parte de las autoridades argentinas que privatizaron los servicios de veterinaria y que, además, descuidaron las normas. Se sospecha que incluso ocultaron información sobre los brotes de la enfermedad. Primero, para evitar los costos de vacunación de unas 13 millones de reses y, segundo, para no perder los mercados de países que prohíben la importación de carne de países afectados con aftosa, como es el caso del mercado estadounidense. El desastre sobre hatos ganaderos de Argentina, con no menos de 150 focos, puede poner en grave peligro ingentes esfuerzos por erradicar la fiebre aftosa de países como Uruguay y Chile. El resto de América del Sur presenta la enfermedad en distintas etapas de control y proceso de erradicación.

Todo lo anterior nos obliga a destacar el peligro que entraña la fiebre aftosa para nuestra nación.

El esfuerzo de los últimos 40 años por controlar la enfermedad vía Colombia, en donde hemos establecido rigurosos controles en la expansión de la ganadería y posible paso de ganado de América del Sur, nos ha venido a garantizar que a costa de limitar la expansión ganadera en Darién, la enfermedad se mantendrá a raya en la frontera sur.

Todo este esfuerzo monumental que han hecho muchos ganaderos panameños, debe ser respaldado no solo por el Gobierno, sino por todos los ciudadanos. En primer lugar, debemos ejecutar toda actividad necesaria para evitar que irresponsables trafiquen con animales provenientes de Darién a otro lugar de la República, o cualquier traslado desde esta provincia a otras regiones del país. Solo se debe permitir el traslado de esos animales a los diferentes mataderos de la ciudad capital, lo que conlleva controles de movilización de ganado. Se deberá imponer severas sanciones a transportistas o traficantes que arriesguen la seguridad alimentaria.

Por otra parte , Panamá es un país de tránsito de naves y aeronaves, por lo que deberá haber controles más rígidos, tanto para el movimiento de pasajeros como de carga, procediendo a la desinfección de calzados y vestimenta -según fuera el caso del riesgo declarado-, así como la desinfección de las cubiertas de carga, de los contenedores, con todo y la demora que esto suponga; incluyendo severas sanciones a naves o aeronaves que, por cualquier circunstancia, depositen restos de comida, procedentes o no de países afectados con la fiebre aftosa. Y esto porque nunca sabremos en realidad cuál es el origen de los alimentos que estas naves transportan.

Es preciso insistir en la responsabilidad de los daños que puedan producirse de esta enfermedad; y si bien es cierto que viajamos a todos los confines del mundo, cada panameño o extranjero debe abstenerse de visitar zonas rurales de países en donde esté la fiebre aftosa, para evitar que en vestimenta o en calzado pueda traer accidentalmente el virus.

Es necesario que seamos conscientes de que la ganadería es uno de nuestros principales rubros y que los criadores panameños han invertido más de mil 500 millones de dólares en este sector, que ocupa un 20% del territorio nacional.

Esta actividad produce 40 mil exportaciones que genera la ocupación no solo de los 32 mil ganaderos del país, sino de las cerca de 100 mil personas que se dedican a todas las faenas de la ganadería, que incluyen todas aquellas dedicadas a la limpieza de terrenos, mantenimiento de cercas, manejo y ordeño de vacas. También se incluye esa multitud de personas que devengan sus ingresos de la ganadería, como los transportistas que mueven estos animales entre las diferentes provincias con destino a los mataderos, a los que se suma la pléyade de obreros que faenan el ganado en los múltiples centros de matanza del país, así como los que trabajan en la industria láctea, desde la pasteurización hasta la fabricación de quesos y otros productos derivados.

Naturalmente, quedarían en grave riesgo los que se dedican a la fabricación de piensos y concentrados, y todos aquellos que venden insumos, pasando por los comerciantes de fertilizantes, matamalezas y los que venden maquinaria agrícola, incluidos los vehículos del transporte típico de la campiña, como los de doble tracción.

Si a ello agregamos el riesgo simultáneo de la industria porcina, cuyos animales también son víctimas de la fiebre aftosa, no sería tampoco de extrañar que los 250 millones de dólares que producimos anualmente entre carne de res y de cerdo, así como la producción de leche, se reduzcan sustancialmente, lo que afectaría al sector rural panameño, ese sector que debemos defender a toda costa.

Nuestra actual legislación pone en manos del Ministerio de Desarrollo Agropecuario la facultad de sancionar hasta con 100 mil dólares a quien infrinja las normas y no debe temblarle la mano a quien -por designios de la ley- tenga la facultad de ejecutar tales sanciones.

No podemos permitir que el sector pecuario panameño, cuyo valor es aproximadamente dos veces mayor que el agrícola, quede a merced de la buena Providencia. De ahí que le hemos propuesto al ministro del ramo, con carácter de urgencia, la creación del consejo nacional de salud animal en el que deben participar no solo los funcionarios relacionados con el sector pecuario, sino las organizaciones internacionales afines al asunto y los representantes formales de asociaciones de productores del sector pecuario de Panamá. Estos últimos deben asesorarse y respaldar las acciones de Gobierno, no solo como órganos de consulta, sino en la ejecución de normas y estrategias necesarias para aplicación de programas que permitan anticipar recursos con mayor premura para el caso que nuestra nación o vecinos de América Central puedan ser afectados por esta terrible enfermedad.

Le pido por otra parte a cada uno de los ganaderos y a mis casi 700 colegas veterinarios, cerrar filas, como un solo hombre, para defender el más vital de los sectores de la producción rural panameña.

Un brote de fiebre aftosa haría un grave daño al sector bancario, ya que los préstamos para la ganadería (los cuales exceden los 160 millones de dólares y superan con creces a los otorgados al sector agrícola) por la presencia de una enfermedad de esta magnitud se verían mermados, con el grave riesgo de pérdidas porque se dificultaría enormemente la recuperación de los créditos por parte del sector bancario.

Finalmente, ruego a Dios que continúe protegiendo a nuestros animales, y a aquellas personas que con tanto tesón y esmero han desarrollado nuestra ganadería.

El autor es director general del IMA


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