Panamá, 23 de abril de 2001
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A mediados del pasado siglo, Europa daba sus primeros pasos para alcanzar lo que hoy es la Comunidad Económica Europea. Casi al mismo tiempo, los foros económicos latinoamericanos sembraban las semillas de lo que se conocería más tarde como políticas de sustitución de importaciones. Básicamente, se recomendaba estimular la producción nacional a través de incentivos fiscales y protegerla de la competencia foránea. Con algunas variantes, la mayoría de los países latinoamericanos adoptó legislaciones restrictivas a la importación, a través de altos aranceles, cuotas que fijaban límites absolutos sobre lo que se podía importar, y un sistema paralelo, supuestamente temporal, durante el cual habría protección y se mantendrían los beneficios. La teoría era proteger la industria nacional hasta que se desarrollara y pudiera competir con la extranjera. En la mayoría de lo casos, el sistema falló, la protección y los beneficios se prorrogaron una y otra vez, y el consumidor sufrió de altos precios y pobre calidad. Se había creado un mercado cautivo que impedía la competencia. Mientras Europa reducía las barreras, Latinoamérica establecía otras nuevas y mayores. Pero las situaciones cambian, aunque los gobernantes no se den cuenta. Los reducidos mercados de muchos de nuestros países, no son suficientes para grandes industrias, y hemos aprendido la lección tardíamente. Eso es lo que trata de corregir el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), cuya sede temporal le corresponde a Panamá, y tal vez podría obtener la permanente si entendemos el problema, le dedicamos el tiempo necesario y nos ganamos la confianza de los demás países. ¡Manos a la obra!

 
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