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A mediados del pasado siglo, Europa daba sus primeros
pasos para alcanzar lo que hoy es la Comunidad Económica
Europea. Casi al mismo tiempo, los foros económicos latinoamericanos
sembraban las semillas de lo que se conocería más tarde
como políticas de sustitución de importaciones. Básicamente,
se recomendaba estimular la producción nacional a través
de incentivos fiscales y protegerla de la competencia
foránea. Con algunas variantes, la mayoría de los países
latinoamericanos adoptó legislaciones restrictivas a la
importación, a través de altos aranceles, cuotas que fijaban
límites absolutos sobre lo que se podía importar, y un
sistema paralelo, supuestamente temporal, durante el cual
habría protección y se mantendrían los beneficios. La
teoría era proteger la industria nacional hasta que se
desarrollara y pudiera competir con la extranjera. En
la mayoría de lo casos, el sistema falló, la protección
y los beneficios se prorrogaron una y otra vez, y el consumidor
sufrió de altos precios y pobre calidad. Se había creado
un mercado cautivo que impedía la competencia. Mientras
Europa reducía las barreras, Latinoamérica establecía
otras nuevas y mayores. Pero las situaciones cambian,
aunque los gobernantes no se den cuenta. Los reducidos
mercados de muchos de nuestros países, no son suficientes
para grandes industrias, y hemos aprendido la lección
tardíamente. Eso es lo que trata de corregir el Area de
Libre Comercio de las Américas (ALCA), cuya sede temporal
le corresponde a Panamá, y tal vez podría obtener la permanente
si entendemos el problema, le dedicamos el tiempo necesario
y nos ganamos la confianza de los demás países. ¡Manos
a la obra!
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