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Ignorar
las encuestas de opinión pública o restarles validez,
es la tentación permanente de los políticos subdesarrollados
cada vez que sus resultados no los favorecen. Es peor
que un error; se trata de una verdadera estupidez. Divorciarse
de la opinión pública es un método infalible para equivocarse,
como tardíamente han comprobado muchos políticos en todo
el mundo. Unicamente hay dos métodos fehacientes para
conocer el estado de la opinión ciudadana: consultas electorales
o encuestas científicas. En el primer caso, lo que se
aprende, llega demasiado tarde para corregir rumbos. En
el segundo, se reflejan actitudes y valoraciones que indican
lo que se está haciendo bien y lo que se hace mal. Sin
duda, es cuestión de percepciones, pero son ellas las
que configuran el estado de la opinión en un momento determinado.
Por ello no deben desestimarse y, por el contrario, hay
que estudiarlas y analizarlas para aprender de ellas,
y cambiar las actitudes y políticas equivocadas. Es muy
positivo que dos políticos de la alianza gubernamental,
Kaiser Bazán y Raúl Arango, recomienden a la presidenta
de la República que preste más atención a las encuestas,
porque deben servir de lección para gobernar mejor. Después,
será demasiado tarde para el Gobierno y para el país.
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