|
El
sistema electoral es quizás uno de los aspectos en los
que la naciente democracia panameña ha conocido avances
importantes en la década del noventa. Si bien es cierto
que los partidos políticos han jugado un papel determinante
en la reconstrucción de la democracia representativa,
no menos cierto es que de ellos se espera que maduren
y crezcan a medida que la democracia lo hace. Es por eso
que la exclusión de las organizaciones no gubernamentales,
agrupadas bajo la denominación de sociedad civil, de la
fase decisoria de la Comisión de Reformas Electorales
tiene un sabor a anacronismo que no puede despertar simpatías
en el sector de la ciudadanía que no está afiliado a los
partidos políticos. Cierto es que los partidos son el
vehículo natural de la democracia, pero ello no faculta
a ningún partido ni institución a privar de participación
en la toma de decisiones a las organizaciones que no tienen
ese carácter. Con la presentación del paquete de reformas
electorales se pondrá a prueba la madurez de nuestra clase
política, pues será el momento para que todos presenciemos
un debate gobernado por la altura de sus principios o
por el egoísmo y miopía de quienes han desarrollado intereses
mezquinos. Es sabido que los candidatos de libre postulación
jamás han sido una amenaza para los candidatos de los
partidos, que, por supuesto, cuentan con mucho más recursos.
De lo que se trata solamente es del derecho a participar
que tiene todo ciudadano; derecho que los partidos políticos
no pueden, ni deben querer, conculcar.
|