De
política
Entre
culebrones
De
ahora en adelante, la suerte que corra el amorío, verá
restringida su aparición en el ámbito público
Sabrina
Bacal
Menos mal
que Betty la fea está atravesando por uno
de sus mejores momentos, puesto que de otra forma sería
difícil llenar el vacío dejado por la sorpresiva
renuncia de José Terán. Y es que pareciera que
uno de los protagonistas del drama romántico preferido
por los panameños no tuviese entre sus prioridades el
esparcimiento de la ciudadanía. Alguien debió
explicarle que toda novela que se respete tiene un inicio, un
desarrollo y un final predecible. ¡No se puede dejar en
ascuas a la sociedad; se pone en juego su salud mental!
La situación
de incertidumbre generalizada causada por su inexplicada partida,
solo podría ser terminada con un añorado desenlace
color de rosa. Tan feliz eventualidad, empero, comienza a disiparse
con los rumores que sugieren que no fue el corazón del
ex -ministro el único responsable de su dimisión.
Que si la carrera por la candidatura arnulfista para el 2004,
que si las diferencias personales con otros allegados a la presidenta,
que si los enfrentamientos a lo interno de la alianza oficialista.
En fin, hechos completamente intrascendentes, al lado de la
relación amorosa más comentada desde el internacionalmente
conocido idilio entre Endara y Ana Mae.
Imposible
olvidar cada uno de los altibajos emocionales que, según
los abundantes e improvisados intérpretes de los sentimientos
de la primera mandataria, se encontraban detrás de sus
incomprendidas determinaciones gubernamentales. Pero más
duro todavía será sacar de la mente aquellas vivencias
concretas que la pareja compartió con la nación
entera: miradas fugaces, intercambio de sonrisas, paseos en
crucero, viajes oficiales, entre otras.
De ahora
en adelante, la suerte que corra el amorío verá
restringida su aparición en el ámbito público.
Como en algunos extraños lugares del mundo, el análisis
de los hechos de interés general sería reducido
a meras cuestiones políticas, sociales, económicas
y ambientales. Tal pobreza en la comprensión de la realidad
está seguramente ligada a la falta de espontaneidad y
al exceso de pudor de los gobernantes de las naciones en cuestión.
Y por qué no, a la ausencia de picardía y curiosidad
de los gobernados sometidos a sus fríos mandatos.
Afortunadamente,
esas circunstancias siguen estando lo suficientemente lejanas
como para que los panameños se encuentren en peligro
de sumergirse en un mar de tedio. De cualquier forma, y en aras
de prevenir el bostezo colectivo que supondría esa situación,
es menester introducir un cambio en el estilo de novela que
se viene produciendo en los predios gubernamentales. Se debe
dejar a un lado el tipo de historias de Corín Tellado,
para adentrarse en un mundo más del tipo de John Le Carré.
Espías, conspiraciones, planes de golpe de Estado y enemigos
internos serían algunos de los ingredientes de la trama
que, aunque no sorprendería por su novedad, sí
lo pudiese hacer por el grado de imaginación requerido
para su versión actualizada.
Después
de todo, cualquier esfuerzo que aleje la atención de
la tarea de gobernar, será bienvenido.
Especial para La Prensa
¿Equipo
ganador o perdedor?
Eliminar
un buen jugador en momentos en que los resultados del juego
son adversos, no es señal de buena dirección técnica
Mario
Velásquez Chizmar
Salió
Terán, pero no hay crisis ministerial. La presidenta
ha sostenido reiteradamente que la causa de su velocidad no
es el Consejo de Gabinete. Ha dicho que se encuentra satisfecha
de la presteza de su gobierno, y aquellos que piensan lo opuesto
son pesimistas, desestabilizadores profesionales o periodistas
morbosos. La rotación de su equipo de gobierno cuando
todos pusieron a disposición sus cargos, así lo
demostró. En esa sí perdió el ministro
Juliao, pero finalmente quedó en el Gabinete, lo cual
es de importancia política para él y las fuerzas
arnulfistas que representa.
Es cierto
que ahora al Dr. Terán no le dieron otra cartera, pero
su salida no es producto de ninguna alteración en el
sistema de salud o del desborde de la presión de algún
sector del ramo o de sacudidas dentro de las filas oficialistas.
Cuando Juliao fue trasladado, resultó evidente que la
derrota en el caso del Fondo Fiduciario lo arrastró.
Otra diferencia es que Juliao era de los peores vistos en la
opinión pública y Terán era el de mejor
puntuación en este campo. En medio de señalamientos
de la necesidad de cambios ministeriales, sale el que mejor
imagen tenía y que marcaba entre los de más altos
índices de ejecutoria presupuestaria. Se trata de otra
muestra de que la jefa del Ejecutivo está conforme con
el octanaje de su equipo.
Aceptar
que solo motivos personales rodean esta decisión es duro.
En Panamá no son frecuentes actitudes de renuncias voluntarias
al ejercicio del poder. El Dr. Terán fue candidato a
vicepresidente en 1994, lo que induce a pensar que quiere ejercer
el poder, y no por poco tiempo. Poner fin a una carrera política
prometedora en esta forma, no parece lógico. No faltarán
arnulfistas tradicionales contentos con esta salida. Dirán
que este advenedizo fue distanciado del aroma del
poder para beneficio de una auténtica candidatura. Pero
si maneja el millonario proyecto que anunció, podría
sacar réditos políticos que enterrarían
esta felicidad.
Esta salida
no refleja ninguna modificación en la valoración
que desde el Palacio de las Garzas se profesa hacia el principal
equipo de trabajo. Surgen dudas fundadas cuando
se consideran los resultados del trabajo de este equipo: se
observan fisuras en sus acciones, falta de coordinación,
contradicciones en hechos y discursos, actuaciones individuales,
falsas declaraciones, sectorizados desprecios por la institucionalidad
democrática y lenta ejecución presupuestaria.
Además, con 19 meses en funciones, en conjunto, todavía
proyectan una imagen de neófitos en la búsqueda
de soluciones, rogándole a la sociedad civil que piense
por ellos. Establecer una real diferencia en el estilo de gobernar
no radica en mantenerse ocupado, porque la mínima gestión
en esta materia conlleva una alta dosis de dedicación
y esfuerzo. La diferencia hay que verla en esta hora con el
electoralista planteamiento novedoso y el prometido diestro
manejo de los asuntos de gobierno que motivaron a las masas
a votar por ellos. ¿El cambio va? Por eso la creciente
y generalizada decepción es más que peligrosa
para los arnulfistas.
Eliminar
un buen jugador en momentos en que los resultados del juego
son adversos, no es señal de buena dirección técnica.
Es, más bien, síntoma de que esa dirección
está feliz con el desarrollo del juego y con la actuación
de sus jugadores. Peor aún, significa que realmente se
trata de una concepción del método de gobernar
que viene avalado desde arriba y que con cualquier miembro funcionará
igual. Y si lo ocurrido es una victoria del sector tradicional,
el mensaje es que el arnulfismo rehúsa evolucionar. Como
lo miren, siguen sin anotar a su favor.
El autor es abogado y miembro del PRD