Panamá, 5 de abril de 2001
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De política

Entre culebrones

De ahora en adelante, la suerte que corra el amorío, verá restringida su aparición en el ámbito público

Sabrina Bacal

Menos mal que “Betty la fea” está atravesando por uno de sus mejores momentos, puesto que de otra forma sería difícil llenar el vacío dejado por la sorpresiva renuncia de José Terán. Y es que pareciera que uno de los protagonistas del drama romántico preferido por los panameños no tuviese entre sus prioridades el esparcimiento de la ciudadanía. Alguien debió explicarle que toda novela que se respete tiene un inicio, un desarrollo y un final predecible. ¡No se puede dejar en ascuas a la sociedad; se pone en juego su salud mental!

La situación de incertidumbre generalizada causada por su inexplicada partida, solo podría ser terminada con un añorado desenlace color de rosa. Tan feliz eventualidad, empero, comienza a disiparse con los rumores que sugieren que no fue el corazón del ex -ministro el único responsable de su dimisión. Que si la carrera por la candidatura arnulfista para el 2004, que si las diferencias personales con otros allegados a la presidenta, que si los enfrentamientos a lo interno de la alianza oficialista. En fin, hechos completamente intrascendentes, al lado de la relación amorosa más comentada desde el internacionalmente conocido idilio entre Endara y Ana Mae.

Imposible olvidar cada uno de los altibajos emocionales que, según los abundantes e improvisados intérpretes de los sentimientos de la primera mandataria, se encontraban detrás de sus incomprendidas determinaciones gubernamentales. Pero más duro todavía será sacar de la mente aquellas vivencias concretas que la pareja compartió con la nación entera: miradas fugaces, intercambio de sonrisas, paseos en crucero, viajes oficiales, entre otras.

De ahora en adelante, la suerte que corra el amorío verá restringida su aparición en el ámbito público. Como en algunos extraños lugares del mundo, el análisis de los hechos de interés general sería reducido a meras cuestiones políticas, sociales, económicas y ambientales. Tal pobreza en la comprensión de la realidad está seguramente ligada a la falta de espontaneidad y al exceso de pudor de los gobernantes de las naciones en cuestión. Y por qué no, a la ausencia de picardía y curiosidad de los gobernados sometidos a sus fríos mandatos.

Afortunadamente, esas circunstancias siguen estando lo suficientemente lejanas como para que los panameños se encuentren en peligro de sumergirse en un mar de tedio. De cualquier forma, y en aras de prevenir el bostezo colectivo que supondría esa situación, es menester introducir un cambio en el estilo de novela que se viene produciendo en los predios gubernamentales. Se debe dejar a un lado el tipo de historias de Corín Tellado, para adentrarse en un mundo más del tipo de John Le Carré. Espías, conspiraciones, planes de golpe de Estado y enemigos internos serían algunos de los ingredientes de la trama que, aunque no sorprendería por su novedad, sí lo pudiese hacer por el grado de imaginación requerido para su versión actualizada.

Después de todo, cualquier esfuerzo que aleje la atención de la tarea de gobernar, será bienvenido.


Especial para La Prensa


¿Equipo ganador o perdedor?

Eliminar un buen jugador en momentos en que los resultados del juego son adversos, no es señal de buena dirección técnica

Mario Velásquez Chizmar

Salió Terán, pero no hay crisis ministerial. La presidenta ha sostenido reiteradamente que la causa de su velocidad no es el Consejo de Gabinete. Ha dicho que se encuentra satisfecha de la presteza de su gobierno, y aquellos que piensan lo opuesto son pesimistas, desestabilizadores profesionales o periodistas morbosos. La rotación de su equipo de gobierno cuando todos pusieron a disposición sus cargos, así lo demostró. En esa sí perdió el ministro Juliao, pero finalmente quedó en el Gabinete, lo cual es de importancia política para él y las fuerzas arnulfistas que representa.

Es cierto que ahora al Dr. Terán no le dieron otra cartera, pero su salida no es producto de ninguna alteración en el sistema de salud o del desborde de la presión de algún sector del ramo o de sacudidas dentro de las filas oficialistas. Cuando Juliao fue trasladado, resultó evidente que la derrota en el caso del Fondo Fiduciario lo arrastró. Otra diferencia es que Juliao era de los peores vistos en la opinión pública y Terán era el de mejor puntuación en este campo. En medio de señalamientos de la necesidad de cambios ministeriales, sale el que mejor imagen tenía y que marcaba entre los de más altos índices de ejecutoria presupuestaria. Se trata de otra muestra de que la jefa del Ejecutivo está conforme con el octanaje de su equipo.

Aceptar que solo motivos personales rodean esta decisión es duro. En Panamá no son frecuentes actitudes de renuncias voluntarias al ejercicio del poder. El Dr. Terán fue candidato a vicepresidente en 1994, lo que induce a pensar que quiere ejercer el poder, y no por poco tiempo. Poner fin a una carrera política prometedora en esta forma, no parece lógico. No faltarán arnulfistas tradicionales contentos con esta salida. Dirán que este “advenedizo” fue distanciado del aroma del poder para beneficio de una auténtica candidatura. Pero si maneja el millonario proyecto que anunció, podría sacar réditos políticos que enterrarían esta felicidad.

Esta salida no refleja ninguna modificación en la valoración que desde el Palacio de las Garzas se profesa hacia el principal “equipo de trabajo”. Surgen dudas fundadas cuando se consideran los resultados del trabajo de este equipo: se observan fisuras en sus acciones, falta de coordinación, contradicciones en hechos y discursos, actuaciones individuales, falsas declaraciones, sectorizados desprecios por la institucionalidad democrática y lenta ejecución presupuestaria. Además, con 19 meses en funciones, en conjunto, todavía proyectan una imagen de neófitos en la búsqueda de soluciones, rogándole a la sociedad civil que piense por ellos. Establecer una real diferencia en el estilo de gobernar no radica en mantenerse ocupado, porque la mínima gestión en esta materia conlleva una alta dosis de dedicación y esfuerzo. La diferencia hay que verla en esta hora con el electoralista planteamiento novedoso y el prometido diestro manejo de los asuntos de gobierno que motivaron a las masas a votar por ellos. ¿El cambio va? Por eso la creciente y generalizada decepción es más que peligrosa para los arnulfistas.

Eliminar un buen jugador en momentos en que los resultados del juego son adversos, no es señal de buena dirección técnica. Es, más bien, síntoma de que esa dirección está feliz con el desarrollo del juego y con la actuación de sus jugadores. Peor aún, significa que realmente se trata de una concepción del método de gobernar que viene avalado desde arriba y que con cualquier miembro funcionará igual. Y si lo ocurrido es una victoria del sector tradicional, el mensaje es que el arnulfismo rehúsa evolucionar. Como lo miren, siguen sin anotar a su favor.


El autor es abogado y miembro del PRD

 
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