Panamá, 29 de marzo de 2001
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Cementerios de naves

Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: Todos los derechos reservados por R. López Arias
A pesar de que son remolcadores los que priman en estas fotos, en una de ellas aparece una draga y al fondo, lo que parece ser una grúa. Algunas remolcadores eran conocidos por nombres como Bolívar, Gatún, Gamboa, La Boca, Empire, Gorgona, Tabernilla, Bohío, entre otros. Los remolcadores fueron de varias formas y tamaños. Sus cascos son muy fuertes y anchos, los motores de gran potencia. Sus hélices son también grandes y no se mueven muy rápidamente para aumentar la potencia. Hoy en día se remolca en tierra y en aire, como es el caso de los llamados planeadores. Volviendo al barco Ancón, el primero que oficialmente cruzó el Canal, su viaje desde Cristóbal hasta Balboa demoró 9 horas y 40 minutos. Nuestras fotografías de hoy son algo prosaicas, pero no todo ha de ser bellezas, recuerdos y emociones en nuestro semanario bregar.

Da la impresión de que estas dos fotografías fueron tomadas en el período comprendido entre la finalización de los trabajos del canal por los franceses y el inicio de las labores estadounidenses. Para ser más específicos, entre 1889 a 1906.

Mientras variados acontecimientos se desarrollaban, las diferentes embarcaciones aquí mostradas descansaban de un trabajo pasado y agotador.

Algunas sobrevivieron y volvieron a la labor. Otras fueron presa de las adversas condiciones del tiempo y el abandono.

Fue muy grande la variedad de naves que se utilizaron en la construcción de la vía interoceánica.

Cuando el 12 de marzo de 1881, la firma francesa M.M. Couvrex y H. Hersent firmó el contrato para iniciar las labores, técnicos, obreros, maquinistas y toda clase de equipo que trabajaba sobre el agua comenzó a llegar al istmo.

Las dragas fueron de las primeras en llegar y comenzar a trabajar.

El viaje para traerlas desde Filadelfia, Estados Unidos, y más adelante desde Bélgica y Escocia, en donde se construyeron, fue lo más azaroso que se pueda uno imaginar.

Mientras la furia del mar estremecía peligrosamente estos planchones cuadrados y sin proa, sus responsables y quienes los iban a utilizar hacían esfuerzos titánicos para poder mantenerlos a flote y poder ellos sobrevivir.

Esas dragas fueron ocho inicialmente. Una llevaba el nombre de Conde de Lesseps. Otra llegando a Cristóbal se incendió. Eso se debió a que los cascos eran de madera (para rematar).

Remolcadores, lanchones, lanchas, gabarras, barcos de transporte, grúas, en fin, todo de tipo de aparato que necesitara flotar para trabajar se estuvieron aquí para las obras canaleras.

La potencia necesaria para propulsar estos aparatos era producida por motores a vapor, Diesel o eléctricos.

Siguiendo con las dragas, el primer contrato para utilizarlas se firmó el 20 de febrero de 1882. La compañía arriba mencionada se comprometió a extraer 6 millones de metros cúbicos de materiales, pero pronto esa empresa se retiró.

Las ocho dragas existentes y el trabajo a realizar les fueron entregados a un par de hermanos canadienses residentes en California y –cáiganse para atrás– uno era ingeniero mecánico y el otro farmacéutico.

El ingeniero murió al cabo de pocos meses y el boticario cumplió con su labor y terminó millonario.

Y ya que estamos hablando de la participación de equipo acuático, recordemos también que antes de que el barco Ancón realizara la primera travesía interoceánica, se probó el paso a través de las esclusas en septiembre de 1913.

El remolcador Gatún navegó por las esclusas del mismo nombre y todo funcionó como debía. Las otras dos esclusas fueron probadas después con éxito.

Las llamadas mulas o trenes para remolcar los barcos no estaban aun presentes, los transportes se movilizaban por si solos.

El primer cruce comercial, se efectuó el 14 de mayo del año anotado. Un barco de nombre Alarhkan, cargado con 12 mil toneladas de azúcar que se había tenido que desviar, cruzó el Canal y al llegar al Pacífico descargó su contenido en varias lanchas antes de proseguir. Las mulas se probaron en junio de 1914.

Una vez probado todo lo necesario entonces sí cruzó el Ancón, pero 10 meses después de lo planeado, ya que un gran derrumbe se encargó de posponer lo hasta entonces planeado.

 
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