Panamá, 17 de marzo de 2001
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De nuevo la Plaza de Francia

TEXTOS: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIA: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR R. LOPEZ ARIAS

Era la fresca y soleada mañana del 4 de diciembre de 1923. ¿La ocasión? El acto de inauguración de la Plaza de Francia, cuya primera piedra había sido colocada hacía dos años. El grupo humano que está más cerca a nosotros está formado por los miembros de la Policía Nacional luciendo sus uniformes de gala. A la izquierda y contra la pared de lo que era la cárcel, mas con dificultad, se alcanzan a distinguir los componentes de su banda de música. A su lado, la oficialidad de la citada policía. Los hombres que visten de blanco son los oficiales y tripulantes del barco insignia francés Jean d' Arc, enviado por la república de Francia a fin de hacerse partícipe de tan solemne ocasión. Nótese el obelisco con el gallo o coq, formidable representante del pueblo francés, y que lo debiéramos pedir prestado para que fuera del nuestro también. Arriba y sobre el paseo que oficialmente fue bautizado como Paseo Esteban Huertas, pero más conocido como de las Bóvedas, se observa el numeroso público que asistió a presenciar el llamativo acto. La antigua cárcel, convertida hoy en un museo y teatro, las arcadas que cubren las placas de mármol con las leyendas de la historia del Canal, escritas por Octavio Méndez Pereira, parte del océano Pacífico, la calzada de Amador y la isla de Flamenco, completan tan llamativa visión.

Recordemos que ese ancón fue la razón para que el curioso personaje ermitaño y portugués Gonzalo de Meneses Alancastre y Andrade, mejor conocido como el Hermano Gonzalo que vivía por allí, recomendara al gobernador Antonio Fernández de Córdoba que escogiera ese sitio para levantar en 1673, la nueva ciudad. El sitio ofrecía mayor seguridad en todo sentido.

Allí no solo se podían emplazar piezas de artillería, tales como cañones, sino que se dominaba toda la superficie a defender.

Sabemos que la primitiva ciudad había quedado destruida después del ataque de Henry Morgan y que todo se tuvo que trasladar. La falta de una defensa adecuada contribuyó también al desastre de lo que sucedió.

De manera que el nuevo sitio escogido se comenzó a rodear de murallas y fortificaciones que lo pudieran resguardar. Con la ayuda económica del virreinato de Perú -al cual pertenecía Panamá- más la de los particulares de esa región, se iniciaron los trabajos pertinentes en 1672 para ser finalizados, aun cuando después hubo añadiduras, en 1686.

Muy pronto -y fíjense que aquí nunca ha habido nada nuevo sobre todo en aspectos de corrupción- pronto se descubrió que los materiales utilizados no eran los más indicados y se inició un desfile de ingenieros y arquitectos que llegaban a investigar y a ofrecer su experto parecer, antes de que lo construido se fuera a caer.

Después de tomada la foto anterior, Carlos Endara se apresuró a captar esta. De espaldas aparece el presidente Porras y cerca de él su esposa, doña Alicia Castro. El conde Baudande de Saint Salvy, enviado extraordinario de Francia; después, Narciso Garay, quien fue enviado a corresponder la visita, saluda al primer mandatario. También están en la foto ministros, funcionarios de la cancillería, diplomáticos, el comandante del Jean d' Arc, oficiales y tripulantes del navío. Al fondo se ve el altar preparado para oficiar la misa con el crucifijo y demás ornamentos traídos para la ocasión. El copón, de gran valor histórico, data del siglo XVIII. Luis XVIII, hermano del guillotinado Luis XVI, lo mandó a elaborar en su recuerdo. Desconocemos qué papel jugaba la ametralladora, a no ser que fuera una curiosidad, ya que no eran muy populares aquí. Raíces publicó otra página alusiva a los mismos actos el 24 de septiembre de 1995.

Superados todos los inconvenientes en lo que hoy es la Plaza de Francia, que era parte de la Punta o Castillo de Chiriquí, quedaron alojados la armería del rey, los cuarteles de sus tropas locales, la sala de armas, la audiencia y la cárcel, más una explanada que después servía para ejercicios y hasta para retretas.

Después Colombia, para los mismos fines, hizo uso de los edificios y del lugar.

Más tarde se erigió allí la Embajada de Francia y el Palacio Legislativo; después la Corte Suprema de Justicia, la sede de la Policía ya panameña, así como la cárcel.

Siguiendo en tiempos de la República, se le encargó al arquitecto Leonardo Villanueva M. el diseño y la construcción de lo que sería la actual Plaza de Francia.

 
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