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La
administración de justicia en Panamá es un enigma.
Las leyes se aplican selectivamente, cuando convienen
y en los casos en que de antemano se decide condenar o
absolver. Tres medios de comunicación social impresos
-El Panamá América, El Universal y La Prensa- publicaron
noticias substancialmente idénticas, sobre una investigación
del Ministerio Público acerca de posibles falsificaciones
de títulos universitarios expedidos en el exterior. La
fuente era la misma y los nombres de las personas bajo
investigación también lo eran, porque el fiscal a cargo
de la investigación fue quien proporcionó la información.
Sin embargo, hace tres días, los periodistas Juan Manuel
Díaz de El Panamá América y Reiner Tuñón de El Universal,
fueron condenados a dieciocho meses de prisión, por haber
publicado el nombre del odontólogo Samuel Osorio entre
los profesionales a quienes se investigaba. Si alguien
se equivocó, fue el Ministerio Público, aunque su flaca
memoria le impida recordarlo. Ahora se pretende enjuiciar
a José Otero, del diario La Prensa por los mismos hechos.
Hace dos días, los agentes de la División de Captura de
la Policía Técnica Judicial le notificaron una orden de
conducción, a pesar de que ya estaba representado por
un abogado en el proceso. Como tantos otros, es un caso
kafkiano de hostigamiento judicial que ningún honor le
hace a la justicia panameña ni a quienes la imparten.
En cuanto al Ministerio Público, sería más apropiado sustituir
su nombre por el de “Misterio Público”.
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