Panamá, 25 de febrero de 2001
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Rodrigo de Bastidas y 1501

Los problemas de un nombre y una fecha

Alfredo Castillero Calvo
Especial para La Prensa
invest@prensa.com

(Nota de Redacción: Al acercarse la posible celebración del descubirmiento del Istmo de Panamá, y por considerarlo de interés, se publica este artículo del historiador Alfredo Castillero Calvo, quien hace aclaraciones y aporta puntos de vista sobre el particular).

Rodrigo de Bastidas

Pues no, no hay tal Galván y, señores profesores, háganme el favor de no repetir más este error. Todos los cronistas, desde Las Casas, Oviedo, Fernando Colón, Diego Porras, Diego Méndez y otros, sin excepción, nos hablan de Rodrigo de Bastidas, a secas, y sin el Galván. Tampoco encontramos este error en las historias tradicionales de reputados autores extranjeros, como Fernández de Navarrete (en su Colección de Viajes, de 1825-1837), o Bancroft (1883), y que sabemos conocían nuestros historiadores, y ya en el siglo XX, tampoco en las numerosas obras que se escribieron a raíz de la construcción del Canal (casi todas entre 1913 y 1915) con detalladas introducciones sobre la historia panameña (Abbott, Avery o Marshall, o, ya en 1944, Anderson). Incluso en las tempranas historias publicadas en el propio Panamá, como la Historia del Istmo de B. Seeman (1868), o Panamá en 1915, de J. de Arosemena, se habla solo de Rodrigo de Bastidas. Y lo mismo en obras canónicas sobre el Descubrimiento, como la de Amando Melón (1952), o en la biografía de Balboa de K. Romoli (1955), o en Carl O. Sauer (1966).

¿De dónde surgió entonces este desliz? Atinaste: en Panamá, donde la historia anda como anda. Investigué sistemáticamente el asunto y rápidamente se me reveló el misterio en la primera historia “oficial” de Panamá, la que escribieron Arce y Sosa en 1911 y de la que se han hecho varias ediciones. Allí, en la p. 42 de la 1ª, y en la 139 de la de 1999, refulge en su gloriosa unicidad, el Galván, y con razón abrigo el temor que para siempre. Sorprende, sin embargo, que ninguna de las otras historias generales de Panamá repite el error: ni Castillero Reyes, ni Pereira, ni Chong, ni Araúz y Pizzurno. ¿Tal vez Arce y Sosa agregaron el Galván porque era el apellido de alguno de sus padres? Era una posibilidad, pensé, pero no, tampoco era así. El papá era Alonso Sánchez y la mamá Catalina Gutiérrez. El secreto del Galván, mucho me temo, se lo llevaron a la tumba sigilosamente Arce y Sosa. Y nunca lo sabremos, como tantas otras cosas.

Se trata, pues, del típico caso de falsedad que a fuerza de repetirse acaba por imponerse, como el mito de Anayansi, o “caretita”. Y lo traigo a colación porque ya es tiempo de que se descubra otra mentira. Es cierto que Balboa tomó por concubina a una hija de Careta, y no por “esposa” como caritativamente algunos quisieran, ya que si fue así ¿cómo es que Pedrarias casó por poder a una hija suya con Balboa? Pero aparte de Las Casas y del alegato del Conde de Puñoenrostro en defensa de su abuelo Pedrarias, nadie habla del caso y ninguno da su nombre, que hasta donde sé lo inventó un ocurrente catedrático español que huyó del franquismo y estuvo enseñando en la Universidad durante los años 50. Anayansi apareció en sus apuntes de clases, y el mito quedó consagrado en El Tesoro del Dabaibe, de Méndez Pereira. Recomendación a los profesores: dejar tranquila a Anayansi. Y sobre todo dejar de seguir evocando aquella cándida escena, que es sólo una figura literaria, en la que la muchacha cueva pilaba arroz, a la sombra de un palo de mango, mientras suspiraba por el jerezano, porque hasta donde se sabe, el arroz llegó después, con la Conquista, el pilón fue traído de Africa con los esclavos, y el mango no llegó de la India hasta principios del XIX. Me apena decir que, si eso es así, como en efecto lo era, la pobre estaría en el suelo, moliendo maíz en un metate, y a todo sol, o quizá a la sombra de un rancho, de un guayabo o de un corotú. De que existió, existió, de eso no cabe duda , pero nadie sabe cómo se llamaba, y si el imaginario popular la ha convertido en lo que es, se debe únicamente a la licencia literaria de Méndez Pereira. No es más que un mito.

Si continúo enumerando la lista de embustes, falsedades y fantasías que ha ido acumulando nuestra historiografía, no nos alcanzará el espacio de este artículo. Pero tenía que mencionar estos dos casos, porque son los mejor conocidos de aquellos heroicos comienzos. Y también porque esta empedernida y terca insistencia en el error, merece un buen estudio de mentalidades colectivas, que algún día tendré que hacer.

He visto circular un papel con la lista de actividades que prepara la Comisión Oficial para la Conmemoración del Descubrimiento del Istmo por, ¿quién cree usted?, pues no por otro que “Rodrigo Galván de Bastidas”. Mis estimados comisionados, ruégoles por este medio no perpetuar más el error. Quiten el Galván que ninguna falta nos hace y está de más, o quedarán en evidencia.

Segundo problema: la fecha. Sigue siendo un misterio la obsesión del pueblo panameño por las fechas conmemorativas. Sin proponérmelo, me he ganado una mala fama en la materia. En mi libro Conquista, Evangelización y Resistencia (1995) cambié varias fechas de fundación, pero la que más molestó fue la de Penonomé, al que dejé sin fecha fija, y los penonomeños no me lo han perdonado. Pero en cambio a los santeños les di una fecha nueva que no se esperaban: el 1º de noviembre, y ahora tienen un día más para celebrar. Ahí si soy bien recibido, al menos por los más jóvenes, que se enteraron del asunto por los profesores de la Extensión y por un libro mío sobre Los Santos de 1969.

Como estamos en vísperas de muchas celebraciones, vale la pena que puntualicemos, empezando por el viaje de Bastidas. De buena fuente sé que la Comisión piensa (o pensaba, porque a dos de sus miembros les di ya la voz de alerta) celebrar el “descubrimiento”, el próximo mes de marzo. Nadie me lo ha dicho, pero lo he adivinado: porque en la Historia de Panamá de Ernesto Castillero Reyes (1ª edición de 1943, pero todavía sigue saliendo sin cambios) dice que es marzo. Allí dice que Bastidas llegó al puerto de Retrete “poco más o menos en marzo de 1501" (página 12 de la 5ª y 7ª edición, que son las que tengo). Dado que Retrete queda cerca de Nombre de Dios, se desprende que habría llegado antes al extremo oriental del Istmo, que fue por donde avanzó desde Urabá y por donde por primera vez lo avistó. Pero sucede que en otra obra menos conocida del propio Castillero Reyes éste se enmienda y dice que fue en octubre (Lecciones de Historia Patria, 1967, pág. 12): “Bastidas entró por el oriente en las aguas del Istmo en octubre de 1501". No indica su fuente ni explica por qué se corrige.

Pero examinemos a otros historiadores locales. Elsa Mercado Sousa, en su tesis doctoral El Hombre y la Tierra en Panamá (1959) dice que Bastidas “zarpó de Cádiz en el año 1502". ¿Pero no habíamos quedado que era en 1501? Y un historiador tan sazonado como Gasteazoro (et al) complica más el asunto: dice que “Rodrigo de Bastidas visitó parcialmente las costas del litoral Atlántico del Istmo en 1500" (La Historia de Panamá en sus textos, I, p.12). Por su parte, Bonifacio Pereira (Historia de Panamá, 1969, 3ª ed., p.128), coincide con Castillero Reyes en que el año fue 1501, aunque no dice en qué mes o día, y Moisés Chong no da ninguna fecha. Tercian por último Araúz y Pizzurno afirmando que Bastidas “no pudo zarpar de Cádiz hasta mediados de 1501" (El Panamá Hispano, 1991, p.21). Corren pues la fecha de salida, pero sin aclararnos cuándo llega Bastidas a Panamá. Para dificultar las cosas, ningún historiador panameño cita sus fuentes ni analiza el problema.

Como ve el lector, nuestros propios historiadores han armado un verdadero galimatías. ¿Habremos de buscar la solución entre los extranjeros? Si y no, porque tampoco allá afuera se ponen de acuerdo. Seeman dice que la fecha es 1500, Bancroft no da fecha de llegada, Marshall y Abbott otra vez que 1500. Es cuando llegamos a mediados del siglo XX que los extranjeros empiezan a estabilizarse en 1501, como sucede con Ch. Anderson, A. Melón, K. Romoli y C. O. Sauer.

Los historiadores de aquende y allende, por supuesto, deben basarse, en el mejor de los casos, en fuentes “primarias”. Pero sucede que, salvo el Asiento, Capitulación, o Licencia de Bastidas para realizar este viaje, unos contratos de los pilotos del viaje conservados en el Archivo de Protocolos de Sevilla y muy poca cosa más, es casi lo único que hasta ahora se conoce y que podríamos llamar propiamente fuentes “primarias”. Los relatos de Las Casas y Oviedo, para referirnos a contemporáneos conspicuos y muy informados, son realmente de segunda mano, pues aunque Las Casas era amigo y admirador de Bastidas, y Oviedo vivió muchos años en Panamá y fue luego Cronista oficial de Indias, ninguno viajó con Bastidas ni por tanto fue testigo de primera mano. De hecho, Las Casas y Oviedo contribuyeron con lo suyo para confundir más las cosas. Por lo demás sólo le dedican al tema un par de escuálidas y decepcionantes páginas. Al relatar el viaje, el dominico empieza hablando de 1500, refiriéndose a la fecha del Asiento, pero más adelante, cuando debe aclararlo, lo enreda más, diciendo que el viaje se inició “al principio del año”. ¿De 1500? ¿Salió antes de firmar el Asiento? Por supuesto que no podía ser. Oviedo no lo hace mejor: “Digo que Rodrigo de Bastidas salió de España año de mil e quinientos e dos”. Otros cronistas importantes, como López de Gómara (1552), y Juan López de Velasco (1570), siguen a Oviedo y vuelven a repetir que la salida es en 1502.

De hecho el primero en plantearse las fechas con criterio analítico fue el marino Martín Fernández de Navarrete (Colección de Viajes), quien propone como fecha de salida de Cádiz octubre de 1500, y esta fecha fue la canónica hasta mediados del siglo XX (la siguen Bancroft, Melón y Sauer, por ejemplo), pero en 1955 la cuestiona seriamente K. Romoli.

Como este no pretende ser un artículo erudito, sino sólo arrojar alguna luz sobre el problema, resumiré en qué podemos basarnos para reconstruir la cronología del viaje. Tenemos como primera referencia datada ante quem, la fecha del Asiento de los Reyes con Bastidas: 5/VI/1500, publicada en Fernández de Navarrete (tomo II) y en la Colección Torres de Mendoza (tomo II). La siguiente fecha se basa en un pagaré conservado en el Archivo de Protocolos de Sevilla, en el que Martín Boriol, dueño de la nao Santa María de Gracia, y Juan de la Cosa, piloto de la carabela San Antón, se comprometen a entregar cierta suma a uno de los proveedores de alimentos para el viaje. La fecha: 18/II/1501. Luego, todavía entonces no habían salido de España. (Cf. Col. de documentos inéditos para la Hist. de Hispano-América, X,15, Madrid, 1927-32). Un piloto que había regresado de un viaje a Brasil en febrero de 1501, declaró que vio partir a Bastidas, luego éste salió después, probablemente en marzo, o quién sabe. Pero si sale en marzo, es imposible que en marzo del mismo año (como quiere Castillero Reyes y lo secunda la Comisión) haya llegado a Panamá. Nadie sabe cuándo llegó a tierra continental americana, iniciando su carrera de descubrimiento a partir de la Goajira, pero se afirma que fue Bastidas quien descubrió el Magdalena, al que llegaría, según se dice, el día en que se celebra la fiesta de la santa y de allí el nombre del famoso río. Bancroft y otros dicen que eso fue en marzo. Pero cualquiera sabe que el día de la Magdalena cae el 22 de julio. Y así tenemos otra fecha ante quem, es decir, una fecha anterior a la llegada al Istmo panameño.

Como este era un viaje de descubrimiento de tierras desconocidas, y Bastidas y su gente, además de ir reconociendo y explorando las nuevas tierras, las irían cartografiando (para eso estaba Juan de la Cosa, el gran cartógrafo quien después hizo, precisamente, el primer Mapa Mundi con el Nuevo Mundo incluido, hoy en el Museo Naval de Madrid) y además, entrando en contacto con los indios, para comerciar con ellos, sonsacarles el oro y llevarse algunos como esclavos, el recorrido debía ser, necesariamente, muy lento.

Un ejemplo es el 4º viaje de Colón, este sí, cuidadosamente fechado por su hijo Fernando: entra a Bocas del Toro el 5 de octubre de 1502 y llega a Retrete, último sitio de Panamá donde estuvo Bastidas, el 26 de noviembre, total 52 días. De haber seguido este patrón, como seguramente lo hizo, Bastidas no habría llegado a divisar los “farallones” del Darién, probablemente, hasta septiembre u octubre, sino más tarde, ya que se sabe que sólo en Cartagena demoró unas tres semanas y se tomó su tiempo explorando el golfo de Urabá, deteniéndose a cada paso para negociar con los indios y procurarse alimentos. Romoli propone octubre como fecha de llegada a Retrete, aunque no da, ni creo que podía darlas, bases documentales precisas.

Castillero Reyes probablemente se basó en Romoli cuando corrigió su fecha original. Y hasta tanto no se vaya a Sevilla, se examinen algunas probanzas de méritos de algunos de los que fueron con Bastidas, u otras fuentes marginales todavía vírgenes, si las hay, probablemente nunca sabremos, muy a nuestro pesar, ya que tanto parece importarnos, qué día y a qué hora, del año de gracia de 1501, don Rodrigo de Bastidas, próspero notario sevillano vecino del barrio de Triana, “descubrió” el Istmo de Panamá.

 
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