Panamá, 24 de febrero de 2001
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Escenas llamativas

TEXTO: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOS: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
DE RICARDO LOPEZ ARIAS

Qué calma tan envidiable y tan poco frecuente hoy, como la que en aquellos momentos reinaba en aquel lugar. Qué brisa tan agradable y tan deliciosa de sentir. Y el mar añadiendo su sedante rumor. ¿Qué tal las palmeras despeinadas por la fuerza de los elementos? ¿Qué tal poderse sentar sobre esas piedras centenarias a contemplar admirados las vetustas ruinas, que se asoman atrás, entre las cuales sobresale la torre de la vieja catedral? En la playa un pequeño grupo de aficionados también se dedica al arte de fotografiar. El todo, una bella tarjeta postal digna de que un mejor poeta la hubiese podido describir.

Siempre hemos envidiado a los amantes, aficionados o profesionales del arte de la fotografía, quiénes andan con sus cámaras y equipos al acecho de todo lo que les llama la atención o los puede haber sorprendido, a fin de captarlo y poderlo revivir mental y visualmente con posterioridad cada vez que lo deseen o lo consideren necesario.

La fotografía es, según nuestro sentir, una de las artes que más se deben admirar. Ya sea en forma profesional o como mera distracción, nos deja testimonios de hechos o de sentimientos, que después, quedarán casi eternamente grabados en nuestras memorias.

Vaya un merecido reconocimiento a tanto valiente profesional que hoy se juega la vida cumpliendo con sus obligaciones para satisfacer la voracidad noticiosa de los lectores.

Pero sobre todo porque durante su desempeño también se ven en riesgo de sufrir accidentes que les pueden producir lesiones y molestias.

Aún recordamos cómo un estimado colega de este diario sufrió una peligrosa fractura cumpliendo con su rutinario trabajo.

El fotógrafo que tomó nuestras fotos de hoy, seguro que no tuvo ningún gran peligro.

Pero sí tuvo necesidad de hacer gala de otras de sus muchas habilidades, tales como aprovechar una bella puesta del sol en nuestros privilegiados lugares o el de captar a uno de nuestros múltiples tipos bien representativos.

Otro lugar calmado es lo que les hemos querido traer. Y qué raro haberlo encontrado en el centro de esta bulliciosa ciudad. Si a eso añadimos la bella y espesa vegetación, tendremos una preciosa idea de lo que era el Parque de Santa Ana de ayer. Nótese el elegante caballero que respira también tanta satisfacción. ¿Que más se podría decir de esa recordada plaza? Pues que, vigilante, está detrás el busto de Carlos Alberto Mendoza, cuyo espacio permanente en dicho lugar se lo ganó después de incansables luchas y de haber desempeñado posiciones como las de escribiente, archivero, concejal, secretario de la Presidencia, diputado a la Asamblea Nacional, procurador general de la Nación, ministro de Estado, presidente de la República. Redactó además nuestra acta de independencia.

Desde muy temprana edad fuimos eternos curiosos y admiradores de variadas fotografías.

Recordamos aquellos primeros números de revistas ilustradas, principalmente Life, las cuales coleccionamos durante muchísimos años. Más tarde tuvimos la oportunidad de visitar sus instalaciones y repasar miles de tomas de los más variados acontecimientos en los más distantes lugares del mundo.

¿Y qué tal aquellas primeras fotos de fetos vivos y creciendo dentro de los úteros maternos?

Pero ya empezamos a divagar y, peor aún, a apartarnos del tema.

En todo caso, desde entonces seguimos acumulando libros de toda clase de fotografías. Más tarde nos cayó como llovido del cielo esto de las “Raíces” semanales, con las cuales les seguiremos fastidiando, cuando como ahora nos dedicamos a dejar volar a la imaginación, esa alegre loca casera.

 
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