Panamá, 24 de febrero de 2001
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Ya no es como antes

Han llegado las fiestas del dios Momo. Aunque “la cosa está dura”, el panameño juerguista se las ingeniará para pasarla bien

Hermes Sucre Serrano
hsucre@prensa.com

Mayte 1ra., reina del Carnaval Arranque 2001, fue coronada anoche por su antecesora Lilibeth Camaño, soberana del Carnaval 2000 Espectacular.

Al cantante y compositor Pedrito Altamiranda hay que reconocerle que es un gran profeta. Hoy más que nunca cobra vigencia su pregón que dice: “La calle está muy dura y la vaina se ve muy mal, pero a nadie le importa cuando llega el Carnaval”.

Sin embargo, este año la difícil situación económica y el inicio del año escolar son razones de peso para que el panameño “no suelte las riendas del todo” como en otras épocas de oro, salpicada con petrodólares.

Por ejemplo, el movimiento comercial de pre–carnaval ha sido lento. Soraida Núñez, dependienta de un escandaloso almacén de Calidonia, aseguró a La Prensa que las ventas han estado malas. “La gente anda de mirona y no compra nada”, comentó.

Los vendedores, que otros años convertían los semáforos en bazares ambulantes, la están pasando mal. Sergio Cuervo, buhonero de la 12 de Octubre, confesó que cuesta mucho vender sombreros, revólveres de agua, pañoletas. Lo que más sale son unas manitos plásticas que disparan agua.

Victoriano Montenegro, un cantinero de muchas barras recorridas, dijo que la gente está comprando el licor en los supermercados para ahorrar dinero.

Como siempre, la terminal de transporte se llenó de viajeros con colchonetas al hombro rumbo al interior, pero nada comparable con otros años.

Victoria Abrego, estudiante universitaria, informó de que muchos jóvenes se han ido para las playas. Otros participan en retiros religiosos. Un dato curioso es que muchas personas se han ido a disfrutar de los atractivos turísticos de Bocas del Toro.

Otro de los factores que afectó los preparativos del Carnaval fue el paro ordenado por los transportistas. Miles de personas que viven de pequeños negocios (venta de refrescos, buhonería, venta de frutas y viandas callejeras) tuvieron problemas para movilizarse a buscar sus insumos.

El panorama económico quizás no sea el más alentador, pero el Carnaval no es algo que los panameños puedan tomar a relajo.

Julio Crespo, presidente de la Junta del Carnaval capitalino, aseguró que a los citadinos les esperan cuatro días de alegría ininterrumpida. Los desfiles serán grandes sorpresas (¿buenas o malas?) y habrá veredas para la participación internacional y para la recreación de los niños. Los culecos serán en Vía Brasil. Un sentido pésame para los que viven en los alrededores.

Este año, la Junta de Carnaval ha prestado especial atención a la seguridad de los espectadores de los desfiles y demás espectáculos.

Algunos incrédulos afirman que es la fiesta de la improvisación. Los más críticos indican que este es un carnaval mediocre, clonado hace 10 años, por lo tanto, al final todos quedan igual de malos. No obstante, muchas veces las fiestas improvisadas resultan mejores. Es justo darle un voto de confianza a la junta y a la bella Mayte 1era.

En lo referente a la seguridad, la Gobernación de la Provincia promulgó una resolución por la cual se prohíbe a los particulares portar armas a lo largo del desfile y en las calles aledañas.

Estos pequeños de la calle Los Cerezos II, en ciudad Vacamonte, comenzaron desde temprano sus culecos.

Los bomberos, el SINAPROC, la Cruz Roja, el Ministerio de Salud, y la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre han elaborado programas para concienciar a la ciudadanía para que eviten accidentes y enfermedades.

Uno de los temas más controversiales de este Carnaval ha sido la medida adoptada por el Ministerio de Salud de repartir condones para evitar enfermedades de transmisión sexual, principalmente el mortal sida. La medida ha despertado opiniones en contra y a favor.

La Iglesia católica protestó porque considera que las relaciones sexuales deben tener su base en el matrimonio, con el fin de la procreación.

El Club Kiwanis de Panamá hizo público un comunicado en donde se opone a la distribución de anticonceptivos por tener un efecto contrario.

Según ellos, los medios de comunicación masiva muestran como algo normal la violencia física, el lenguaje vulgar, el consumismo, el engaño, el sexo prematrimonial y hasta la infidelidad conyugal.

Se muestra al hombre y a la mujer como objetos sexuales, que sin ningún asomo o escrúpulos hacen el amor con el primero que se lo insinúe.

Mireya Jaramillo de Pérez, enfermera de experiencia, considera que la medida del Ministerio de Salud es buena porque hay muchos jóvenes que, aparte de desconocer las enfermedades venéreas, toman licor en exceso hasta perder el conocimiento.

Como diría Andrés Poveda, si estos jóvenes pierden el conocimiento, de nada les van a servir los condones, ya que les pasaría como a algunos señores que compran las viagras y después no se acuerdan dónde las guardaron.

Las autoridades de Salud recomiendan la elección de sitios seguros y limpios para alojarse, evitar el uso de drogas y alcohol, y abstenerse de tener relaciones con desconocidos y sin protección. Del consejo al hecho hay mucho trecho. No hay que olvidar que en estas fiestas muchos jóvenes andan como diablos en Viernes Santo.

Otra cosa curiosa de este carnaval es la reaparición de la famosa rata del virus hanta. ¿Será una reencarnación? porque sólo aparece en tiempos de culecos. Por ahí apareció otro Hanta Corporation relacionado con un helicóptero que se dio su chapuzón, pero no en la mojadera. Nada más falta una “vaca loca” en un carro alegórico.

No se necesita consultar a ninguna gitana para saber cómo terminará el Carnaval: la gente quemada del sol, los bolsillos delgaditos y la tomadera de líquido para conciliar los maltratados estómagos.

El epílogo de la farsa incluye una tilenol cada vez que se menciona la palabra escuela. Y a los que no les quedó para el Gatorade, sólo les queda el agua...agua...agua...

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