Un
pueblo en jaque
La
situación de violencia que hay en Juradó ha provocado
que muchos pobladores abandonen sus áreas y se refugien
en tierras panameñas. Los lugareños de Jaqué
sostienen que en la solución de este problema no se les
toma en cuenta
ABDIEL
ZARATE
azarate@prensa.com
La causa
de este movimiento de población fue el asesinato del alcalde
de Juradó, Henry Perea, el pasado 18 de enero del 2000,
lo que también provocó la casi desolación
de este poblado, al salir sus moradores en busca de paz a refugiarse
en tierras panameñas.
Hace un año
aproximadamente, producto de la situación de violencia
del área, llegaron a Jaqué unos 480 colombianos.
Ahora lo hicieron unos 140.
Desde 1985
a la fecha, se calcula que un millón 900 mil colombianos
han emigrado de su tierra a Ecuador, Venezuela y Panamá,
por el conflicto armado.
Las estadísticas
de la Oficina Nacional para los Refugiados (ONPAR) dicen que en
Jaqué hay unos 500 desplazados; en el Tuira, 235 y en Puerto
Obaldía, 172.
En Jaqué
habitan 2 mil 244 personas, de las cuales, mil 216 son hombres
y mil 28 son mujeres. Allí solo hay 424 viviendas, algunas
están construidas de madera y otras de cemento.
Históricamente
este pueblo, de gran belleza natural, que se presta para el desarrollo
del ecoturismo, ha sido de gente tranquila, trabajadora, hospitalaria
y de alegría sana.
Sus habitantes
son negros e indígenas emberá y waunan y se dedican
a la producción agrícola y a la pesca artesanal.
Jaqué
también se distingue por su riqueza marina, en donde destaca
la existencia de grandes peces. Esto ha permitido la presencia
de empresas con propósitos de pesca deportiva, como es
el caso de la Tropic Star, en bahía de Piña y de
otras, con fines ecoturísticos.
Heriberto
Torres, oriundo de Jaqué y vinculado a una empresa ecoturística
en el área, informa que la cantidad de desplazados ha rebasado
la capacidad de servicios en la comunidad.
Aparte de
esto, según Torres, la conducta de algunos desplazados
riñe con las leyes y la buena moral. Hay irrespeto
público, robo de cementeras, violaciones y desenfreno en
el uso de licor, producto del incremento de centros de expendio.
Antes solo habían tres y ahora hay nueve.
A Torres le
preocupa que en el pueblo no haya ninguna organización
firme ni planificación para insertar a esta población
en el desarrollo de la comunidad. No existe unidad de dirección
ni autoridad que coordine la asistencia. Hay una baja capacidad
de los funcionarios, como los policías, que desconocen
métodos y técnicas para tratar una situación
tan nueva como esta, afirma.
Ahora
mismo existe un choque cultural en la comunidad, entre los valores
de los desplazados y los valores de los moradores de Jaqué,
señala Torres.
Ejemplo: algunos
desplazados llevan consigo puñales a la vista de todos
y, cuando ingieren licor, quiebran botellas en las calles y hacen
escándalos. Tienen una actitud de amenaza ante cualquiera
acusación que se le haga. Tanto es así, que
muchos moradores de Jaqué no se atrevieron a informar de
esto a los periodistas que visitaron el área recientemente,
por temor a represalias, denuncia Torres.
En Juradó
reina la Ley de Omerta, dice Torres: nadie ve, nadie
oye y nadie habla, ante el evidente tráfico de drogas,
armas, abuso a la propiedad ajena y las muertes.
Cerca
de Juradó existen pueblos como Patajoná y Aguacate,
de donde parten grupos que asaltan a los pescadores del Darién
y Panamá. Por eso, hoy día en Jaqué hay miedo,
zozobra y desesperación, señalan.
Salir de Colombia
y llegar a cualquier punto de la provincia de Panamá es
la aspiración de muchos de los desplazados, como una salida
a la situación desventajosa que se vive en muchas de sus
comunidades, donde los servicios públicos no son eficientes
y en donde hay un total abandono por parte de los gobernantes.
Esta realidad
no es del todo diferente en Jaqué, pero al menos hay energía
eléctrica las 24 horas del día, un aeropuerto con
seis días de vuelos, un acueducto, un centro de salud,
escuelas primarias y secundarias, un correo y un teléfono
público.
Jaqué
tiene 12 mil hectáreas de tierras cultivables con un sistema
natural de riego por los ríos y sus afluentes, por lo que
se intenta su desarrollo, a través del Programa de Desarrollo
Rural Sostenible y del proyecto Pro Darién.
Sin embargo,
ante la sobrepoblación que se da hoy día, para la
cual los lugareños no estaban preparados, se les crean
incomodidades. Algunos residen con sus paisanos y otros
en casas semi abandonadas, añaden.
Dada esta
situación, Torres opina que Panamá se juega en Jaqué
el futuro de su soberanía, porque de no tomarse las medidas
pertinentes, se avecinan conflictos y enfrentamientos.
Es bueno
destacar, que algunos desplazados muestran una conducta deseable
y con el tiempo se han integrado al hacer pueblerino, con participación
en las soluciones de los problemas comunitarios, como en la producción
de alimentos y en las actividades de cultura popular, indica
Torres.
Torres considera
que hay que elaborar un estudio-evaluación de la situación
actual en Jaqué; que al mismo tiempo proponga al Ejecutivo
y al Legislativo acciones inmediatas a tomar dentro de un plan
operativo.
Un paso inmediato
es exigir una mejor selección y capacitación
de los funcionarios públicos, especialmente los policías,
a quienes se les debe dar fundamentos de psicología social,
metodología de desarrollo grupal y nivel de liderazgo,
sugiere Torres.
Igualmente
solicita que se nombre un equipo permanente de coordinación
que resida en el área; con un plan que oriente la participación
y la capacitación ciudadana.
Se debe
definir el tiempo que los desplazados estarán en Jaqué,
de lo contrario, que se determine qué se va a hacer para
integrarlos a la comunidad como elementos productivos", indica
Torres.
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