Panamá, 17 de febrero de 2001
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Un pueblo en jaque

La situación de violencia que hay en Juradó ha provocado que muchos pobladores abandonen sus áreas y se refugien en tierras panameñas. Los lugareños de Jaqué sostienen que en la solución de este problema no se les toma en cuenta

ABDIEL ZARATE
azarate@prensa.com

La causa de este movimiento de población fue el asesinato del alcalde de Juradó, Henry Perea, el pasado 18 de enero del 2000, lo que también provocó la casi desolación de este poblado, al salir sus moradores en busca de paz a refugiarse en tierras panameñas.

Hace un año aproximadamente, producto de la situación de violencia del área, llegaron a Jaqué unos 480 colombianos. Ahora lo hicieron unos 140.

Desde 1985 a la fecha, se calcula que un millón 900 mil colombianos han emigrado de su tierra a Ecuador, Venezuela y Panamá, por el conflicto armado.

Las estadísticas de la Oficina Nacional para los Refugiados (ONPAR) dicen que en Jaqué hay unos 500 desplazados; en el Tuira, 235 y en Puerto Obaldía, 172.

En Jaqué habitan 2 mil 244 personas, de las cuales, mil 216 son hombres y mil 28 son mujeres. Allí solo hay 424 viviendas, algunas están construidas de madera y otras de cemento.

Históricamente este pueblo, de gran belleza natural, que se presta para el desarrollo del ecoturismo, ha sido de gente tranquila, trabajadora, hospitalaria y de alegría sana.

Sus habitantes son negros e indígenas emberá y waunan y se dedican a la producción agrícola y a la pesca artesanal.

Jaqué también se distingue por su riqueza marina, en donde destaca la existencia de grandes peces. Esto ha permitido la presencia de empresas con propósitos de pesca deportiva, como es el caso de la Tropic Star, en bahía de Piña y de otras, con fines ecoturísticos.

Heriberto Torres, oriundo de Jaqué y vinculado a una empresa ecoturística en el área, informa que la cantidad de desplazados ha rebasado la capacidad de servicios en la comunidad.

Aparte de esto, según Torres, la conducta de algunos desplazados riñe con las leyes y la buena moral. “Hay irrespeto público, robo de cementeras, violaciones y desenfreno en el uso de licor, producto del incremento de centros de expendio. Antes solo habían tres y ahora hay nueve”.

A Torres le preocupa que en el pueblo no haya ninguna organización firme ni planificación para insertar a esta población en el desarrollo de la comunidad. “No existe unidad de dirección ni autoridad que coordine la asistencia. Hay una baja capacidad de los funcionarios, como los policías, que desconocen métodos y técnicas para tratar una situación tan nueva como esta”, afirma.

“Ahora mismo existe un choque cultural en la comunidad, entre los valores de los desplazados y los valores de los moradores de Jaqué”, señala Torres.

Ejemplo: algunos desplazados llevan consigo puñales a la vista de todos y, cuando ingieren licor, quiebran botellas en las calles y hacen escándalos. Tienen una actitud de amenaza ante cualquiera acusación que se le haga. “Tanto es así, que muchos moradores de Jaqué no se atrevieron a informar de esto a los periodistas que visitaron el área recientemente, por temor a represalias”, denuncia Torres.

En Juradó reina la “Ley de Omerta”, dice Torres: nadie ve, nadie oye y nadie habla, ante el evidente tráfico de drogas, armas, abuso a la propiedad ajena y las muertes.

“Cerca de Juradó existen pueblos como Patajoná y Aguacate, de donde parten grupos que asaltan a los pescadores del Darién y Panamá. Por eso, hoy día en Jaqué hay miedo, zozobra y desesperación”, señalan.

Salir de Colombia y llegar a cualquier punto de la provincia de Panamá es la aspiración de muchos de los desplazados, como una salida a la situación desventajosa que se vive en muchas de sus comunidades, donde los servicios públicos no son eficientes y en donde hay un total abandono por parte de los gobernantes.

Esta realidad no es del todo diferente en Jaqué, pero al menos hay energía eléctrica las 24 horas del día, un aeropuerto con seis días de vuelos, un acueducto, un centro de salud, escuelas primarias y secundarias, un correo y un teléfono público.

Jaqué tiene 12 mil hectáreas de tierras cultivables con un sistema natural de riego por los ríos y sus afluentes, por lo que se intenta su desarrollo, a través del Programa de Desarrollo Rural Sostenible y del proyecto Pro Darién.

Sin embargo, ante la sobrepoblación que se da hoy día, para la cual los lugareños no estaban preparados, se les crean incomodidades. “Algunos residen con sus paisanos y otros en casas semi abandonadas”, añaden.

Dada esta situación, Torres opina que Panamá se juega en Jaqué el futuro de su soberanía, porque de no tomarse las medidas pertinentes, se avecinan conflictos y enfrentamientos.

“Es bueno destacar, que algunos desplazados muestran una conducta deseable y con el tiempo se han integrado al hacer pueblerino, con participación en las soluciones de los problemas comunitarios, como en la producción de alimentos y en las actividades de cultura popular”, indica Torres.

Torres considera que hay que elaborar un estudio-evaluación de la situación actual en Jaqué; que al mismo tiempo proponga al Ejecutivo y al Legislativo acciones inmediatas a tomar dentro de un plan operativo.

Un paso inmediato “es exigir una mejor selección y capacitación de los funcionarios públicos, especialmente los policías, a quienes se les debe dar fundamentos de psicología social, metodología de desarrollo grupal y nivel de liderazgo”, sugiere Torres.

Igualmente solicita que se nombre un equipo permanente de coordinación que resida en el área; con un plan que oriente la participación y la capacitación ciudadana.

“Se debe definir el tiempo que los desplazados estarán en Jaqué, de lo contrario, que se determine qué se va a hacer para integrarlos a la comunidad como elementos productivos", indica Torres.

 

 

 
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