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Otra
paradisíaca isla
TEXTO:
HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOS:
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
DE
RICARDO LOPEZ ARIAS
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| Debió
ser una verdadera odisea para Carlos Endara tomar estas fotos
en aquellos tiempos (hace aproximadamente 80 años). Es posible
que todo sucediera durante un viaje a la comarca Kuna Yala,
a donde con cierta frecuencia acudió. Existían algunas balandras
y hasta pequeños barcos de cabotaje, pero la mayoría del transporte
era más primitivo y no totalmente desprovisto de peligros.
Los motores fuera de borda para los cayucos ni existían. En
fin, aventuras que solo nuestros mayores acostumbraban a afrontar.
Se observan muy pocas casas de materiales. El resto son ranchos
o bohíos.¡Cómo abundaba la vegetación! Ni las escaleras, ni
el faro del que les hablamos en el texto principal existían.
Si usted no ha ido a Isla Grande, se lo recomendamos. Mas
si es amante de la tranquilidad, sepa escoger bien los días.
Las playas y lugares suelen estar llenos de turistas. |
La
mayoría de nuestras islas en los archipiélagos de Kuna Yala, de
las Perlas, de Bocas del Toro, Taboga, Coiba y muchas otras son
paradiasíacas (es una redundancia recordarlo).
La isla a que nos referiremos en esta edición de Raíces es,
más que una isla, simplemente un paraíso.
Es muy posible que tanto Rodrigo de Bastidas en 1501, como Cristóbal
Colón al año siguiente, pasaran por lo menos por el frente de
lo que hoy se conoce como Isla Grande, ya que ninguno de los dos,
en esa ocasión, se bajó del barco a colonizar.
Incluso eso es difícil de afirmar, ya que los mapas de la época
señalan el punto de regreso de los dos navegantes a España a la
altura de esa posición.
Cuando vivíamos en Colón, le oíamos decir al Dr. Harry Eno, nuestro
gran amigo, tocayo y colega, que cuando él vino a trabajar como
médico en la Compañía del Canal de Panamá, su base estaba en Isla
Grande, y que de allí, así como de las costas y playas cercanas,
se obtenían variados materiales para aquella construcción.
Victoriano Jackson, otro viejo poblador de la isla, nos recuerda
que las primeras familias que se establecieron en Isla Grande
fueron las de él, los Antíoco, Tesis, Molinar, Ayarza, Pérez,
Prestan (no los de Pedro), Ortega, Jiménez y otras más. Sus casas
estaban hechas de cañas y madera.
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| Se trata
del mismo lugar, pero de otro rincón. Hoy todo está totalmente
transformado. Múltiples casas de variados estilos, hoteles,
restaurantes, refresquerías, bares, vendedores ambulantes,
conjuntos musicales y componentes, alegran el lugar. En los
días feriados aquello se convierte (guardadas las proporciones)
en una Copacabana criolla y con su propio sabor. La gente
de Isla Grande no se puede quejar. Mejor propaganda, con todo
el respeto, no se las da ni el mismísimo IPAT. Este gesto
de Raíces nace del corazón. |
Jackson
cuenta que el faro de la isla fue construido por los franceses,
quienes también construyeron otro en Pedasí y un tercero en el
área que posteriormente se llamó Sherman.
Que los lugareños vivían y comerciaban con productos de la pesca,
de la caza de tortugas y de su carey, que llegó a venderse hasta
por 50 dólares la libra en países como Alemania, en donde se elaboraban
variados artículos.
Que los isleños vivían de productos agrícolas (coco y guineos),
así como de la caza de venados, conejos, saínos, machos de monte
y otros animales. Que desde Kuna Yala venían los kunas en sus
cayucos a Colón a vender casi que los mismos productos que salían
de Isla Grande.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses establecieron
un campamento en la isla y una especie de base militar. Represaron
un chorro y obtuvieron un chorro de agua para consumo humano y
para utilizarla en el enfriamiento de los motores de sus máquinas.
Los actuales visitantes del lugar podrán atravesar la isla usando
unas escaleras de cemento que construyó un caballero de nombre
Seferino, quien tenía una finca en la cima.
Nosotros recordamos cuando Quique Townsend descubrió todo aquello
y nos propuso a un grupo de habitantes de la ciudad de Colón ver
cómo podríamos tener nuestro rinconcito en aquel paraíso terrenal.
Pero por diversos motivos todo nuestro proyecto fracasó.
Hoy, para alegría nuestra, Isla Grande se ha convertido en un
polo de atracción turística. Funcionan seis hoteles y sus playas
se ven requetecolmadas de miles de personas que gozan del lugar.
Felicitaciones y a mejorar cada vez más los atractivos que se
pueden encontrar en Isla Grande.
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