Panamá, 17 de febrero de 2001
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Otra paradisíaca isla

TEXTO: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOS: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
DE RICARDO LOPEZ ARIAS

Debió ser una verdadera odisea para Carlos Endara tomar estas fotos en aquellos tiempos (hace aproximadamente 80 años). Es posible que todo sucediera durante un viaje a la comarca Kuna Yala, a donde con cierta frecuencia acudió. Existían algunas balandras y hasta pequeños barcos de cabotaje, pero la mayoría del transporte era más primitivo y no totalmente desprovisto de peligros. Los motores fuera de borda para los cayucos ni existían. En fin, aventuras que solo nuestros mayores acostumbraban a afrontar. Se observan muy pocas casas de materiales. El resto son ranchos o bohíos.¡Cómo abundaba la vegetación! Ni las escaleras, ni el faro del que les hablamos en el texto principal existían. Si usted no ha ido a Isla Grande, se lo recomendamos. Mas si es amante de la tranquilidad, sepa escoger bien los días. Las playas y lugares suelen estar llenos de turistas.

La mayoría de nuestras islas en los archipiélagos de Kuna Yala, de las Perlas, de Bocas del Toro, Taboga, Coiba y muchas otras son paradiasíacas (es una redundancia recordarlo).

La isla a que nos referiremos en esta edición de Raíces es, más que una isla, simplemente un paraíso.

Es muy posible que tanto Rodrigo de Bastidas en 1501, como Cristóbal Colón al año siguiente, pasaran por lo menos por el frente de lo que hoy se conoce como Isla Grande, ya que ninguno de los dos, en esa ocasión, se bajó del barco a colonizar.

Incluso eso es difícil de afirmar, ya que los mapas de la época señalan el punto de regreso de los dos navegantes a España a la altura de esa posición.

Cuando vivíamos en Colón, le oíamos decir al Dr. Harry Eno, nuestro gran amigo, tocayo y colega, que cuando él vino a trabajar como médico en la Compañía del Canal de Panamá, su base estaba en Isla Grande, y que de allí, así como de las costas y playas cercanas, se obtenían variados materiales para aquella construcción.

Victoriano Jackson, otro viejo poblador de la isla, nos recuerda que las primeras familias que se establecieron en Isla Grande fueron las de él, los Antíoco, Tesis, Molinar, Ayarza, Pérez, Prestan (no los de Pedro), Ortega, Jiménez y otras más. Sus casas estaban hechas de cañas y madera.

Se trata del mismo lugar, pero de otro rincón. Hoy todo está totalmente transformado. Múltiples casas de variados estilos, hoteles, restaurantes, refresquerías, bares, vendedores ambulantes, conjuntos musicales y componentes, alegran el lugar. En los días feriados aquello se convierte (guardadas las proporciones) en una Copacabana criolla y con su propio sabor. La gente de Isla Grande no se puede quejar. Mejor propaganda, con todo el respeto, no se las da ni el mismísimo IPAT. Este gesto de Raíces nace del corazón.

Jackson cuenta que el faro de la isla fue construido por los franceses, quienes también construyeron otro en Pedasí y un tercero en el área que posteriormente se llamó Sherman.

Que los lugareños vivían y comerciaban con productos de la pesca, de la caza de tortugas y de su carey, que llegó a venderse hasta por 50 dólares la libra en países como Alemania, en donde se elaboraban variados artículos.

Que los isleños vivían de productos agrícolas (coco y guineos), así como de la caza de venados, conejos, saínos, machos de monte y otros animales. Que desde Kuna Yala venían los kunas en sus cayucos a Colón a vender casi que los mismos productos que salían de Isla Grande.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses establecieron un campamento en la isla y una especie de base militar. Represaron un chorro y obtuvieron un chorro de agua para consumo humano y para utilizarla en el enfriamiento de los motores de sus máquinas.

Los actuales visitantes del lugar podrán atravesar la isla usando unas escaleras de cemento que construyó un caballero de nombre Seferino, quien tenía una finca en la cima.

Nosotros recordamos cuando Quique Townsend descubrió todo aquello y nos propuso a un grupo de habitantes de la ciudad de Colón ver cómo podríamos tener nuestro rinconcito en aquel paraíso terrenal. Pero por diversos motivos todo nuestro proyecto fracasó.

Hoy, para alegría nuestra, Isla Grande se ha convertido en un polo de atracción turística. Funcionan seis hoteles y sus playas se ven requetecolmadas de miles de personas que gozan del lugar.

Felicitaciones y a mejorar cada vez más los atractivos que se pueden encontrar en Isla Grande.

 

 
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