Panamá, 17 de febrero de 2001
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El legado de Clinton en Latinoamérica


Una entrevista con Arturo Valenzuela, asesor del ex presidente Bill Clinton

Betty Brannan Jaén
Corresponsal
bbrannan@prensa.com

En una entrevista el primero de febrero, Arturo Valenzuela defendió el legado “clintonista” en Latinoamérica; rechazó la idea de que Clinton desatendió al hemisferio y destacó la democracia y la estabilidad económica como sus dos logros más importantes. Valenzuela, hoy director del Centro para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, fue director para asuntos interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca durante los últimos dos años del gobierno de Clinton.

Aunque hablamos más de la política hemisférica que de temas panameños, Valenzuela lamentó que no se pudo avanzar más en la limpieza de los polígonos y dijo que la resolución de ese tema está bloqueada por poderosos intereses en Estados Unidos.

La entrevista (hecha en español) duró más de una hora, y Valenzuela, como buen académico, incluyó mucho contexto histórico y analítico en sus respuestas. Por limitaciones de espacio, lo que sigue es una versión altamente condensada de la entrevista.

En cuanto a la política hacia Latinoamérica, ¿cuál fue, a su juicio, el logro más importante del gobierno de Bill Clinton?

“Desde el punto de vista no solamente de la importancia de lo que hizo sino también del coraje político que se requería para la decisión, sin duda fue el rescate para México. Cuando el presidente Clinton tomó esa decisión, había perdido en ese mismo noviembre [1992] el Senado y la Cámara y estaba en una situación muy difícil. Se viene una crisis terrible en la economía mexicana, el envía un paquete al Congreso, y el Congreso le responde “no estamos interesados”. Entonces, Clinton retira el paquete del Congreso y por primera vez en la historia de Estados Unidos, se utiliza el “fondo de estabilización de cambio” en un rescate mayúsculo, que pasa a ser el equivalente de 40 mil millones de dólares. Eso, a mi juicio, permite que NAFTA [North American Free Trade Agreement] pueda asentarse y progresar”.

Entonces, ¿puede Clinton tomar algún crédito por la democratización de México?

“Sin duda que si no se hubiese aprobado NAFTA y el paquete de rescate, la economía mexicana hubiera tenido un problema mucho más serio. Y eso hubiera tenido un impacto innegable sobre la transición política que estaba ocurriendo. Al mismo tiempo, Estados Unidos, bajo la administración Clinton, jugó un rol muy importante -aunque menos aparente- en ayudar al proceso de democratización en México, insistiendo por ejemplo en las reformas electorales, en los procesos de observación internacional de las elecciones y estableciendo buenos vínculos con los partidos de oposición. Para resumir, yo diría que los dos logros más importantes de la administración Clinton es que se pudo mantener la estabilidad económica de la región, a pesar de todas las dificultades, y que no hubo un retroceso craso de la democracia, a pesar de las crisis que ha habido en la región”.

¿Cuando usted usa la palabra “craso”, significa que si hubo retrocesos disimulados, como Ecuador, por ejemplo?

“Los militares no han retomado el poder en ninguna parte. Ha habido interrupciones al proceso constitucional y probablemente los que más llegan a la situación de golpe de Estado son Paraguay y Ecuador. Pero en ambos países, la solución constitucional fue la que se privilegia y no se vuelve al autoritarismo del pasado. Eso es importante ...[y] ...el papel de Estados Unidos fue importante, aunque no me atrevería a decir decisivo.

“El otro gran logro del gobierno de Clinton es que todos estos temas se atendieron con una política nueva, una política mucho más multilateral y menos bilateralizada. Eso llevó a la crítica, porque a mucha gente le molesta que la OEA [Organización de Estados Americanos] se meta, pero yo creo que eso ha sido un gran adelanto”.

Pasemos a los temas que preocupan a Panamá. La Prensa publicó recientemente la carta de un lector que se quejaba de que Clinton había sido cruel con Panamá, porque -entre otras cosas- no fue al traspaso del Canal y no se avanzó sobre los temas importantes como la limpieza de los polígonos.

“Creo que es legítimo, desde el punto de vista panameño, decir que hubo muchas cosas que Panamá habría querido, que no se cumplieron. Pero creo que no hay que descartar la importancia del cumplimiento por parte de Estados Unidos de los Tratados del Canal...”.

¿Estuvo en duda en algún momento, que Estados Unidos cumpliría con esos tratados?

“No, pero había sectores importantes que estaban todavía objetando”.

Sí, pero ese tren estaba en marcha y....

“Sí, ese tren estaba en marcha. De acuerdo. No había ninguna posibilidad de que eso no hubiese ocurrido, pero creo que ese tema se manejó bien”.

¿Y qué de los polígonos?

“Creo que se pudo avanzar más. Se debió avanzar más. A mí me hubiese gustado que se hubiera podido avanzar más. Y creo que hubo ciertos desencuentros en las conversaciones entre los dos países, pero lo fundamental allí es que hay sectores muy importantes en Estados Unidos que sencillamente no querían tocar ese tema”.

Yo percibí en el gobierno de Pérez Balladares un sentido de que sobre el tema de los polígonos había que proceder con cuidado para no perturbar el traspaso del Canal, que era lo más importante.

“Estoy de acuerdo con eso. A pesar de que probablemente eran voces minoritarias, es cierto que la postura de algunos era que nosotros estábamos regalando una de las grandes obras que construimos y que financiamos, olvidando quiénes habían trabajado en el tema o cómo se había beneficiado Estados Unidos a través del tiempo. Es cierto que el margen de negociación probable del gobierno de Pérez Balladares no era muy fuerte”.

Y cuando entró el gobierno de Moscoso, ya era un fait accompli.

“Claro”.

En Panamá también se habla de que antes, cuando Estados Unidos tenía una presencia masiva en el país, había una “relación especial” entre los dos países, y que esa “relación especial” se ha evaporado con la retirada norteamericana del Istmo.

“Esa “relación especial” nunca va a ser la misma, obviamente. Eso se acabó. Era una relación única, que convertía a Panamá -en cierta medida- en un país privilegiado dentro del contexto de la estrategia internacional geopolítica de Estados Unidos; al mismo tiempo, convertía a Panamá en un país neocolonial hasta cierto punto, por la merma en la soberanía. Cuando eso termina, se acaba la relación especial y Panamá pasa a ser un país cuyas relaciones con Estados Unidos son parecidas a las de los otros países en la región”.

La autora es corresponsal en Washington

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