El
legado de Clinton en Latinoamérica
Una entrevista con Arturo Valenzuela, asesor del ex presidente
Bill Clinton
Betty
Brannan Jaén
Corresponsal
bbrannan@prensa.com
En una entrevista
el primero de febrero, Arturo Valenzuela defendió el legado
clintonista en Latinoamérica; rechazó
la idea de que Clinton desatendió al hemisferio y destacó
la democracia y la estabilidad económica como sus dos logros
más importantes. Valenzuela, hoy director del Centro para
Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, fue
director para asuntos interamericanos del Consejo de Seguridad
Nacional de la Casa Blanca durante los últimos dos años
del gobierno de Clinton.
Aunque hablamos
más de la política hemisférica que de temas
panameños, Valenzuela lamentó que no se pudo avanzar
más en la limpieza de los polígonos y dijo que la
resolución de ese tema está bloqueada por poderosos
intereses en Estados Unidos.
La entrevista
(hecha en español) duró más de una hora,
y Valenzuela, como buen académico, incluyó mucho
contexto histórico y analítico en sus respuestas.
Por limitaciones de espacio, lo que sigue es una versión
altamente condensada de la entrevista.
En cuanto
a la política hacia Latinoamérica, ¿cuál
fue, a su juicio, el logro más importante del gobierno
de Bill Clinton?
Desde
el punto de vista no solamente de la importancia de lo que hizo
sino también del coraje político que se requería
para la decisión, sin duda fue el rescate para México.
Cuando el presidente Clinton tomó esa decisión,
había perdido en ese mismo noviembre [1992] el Senado y
la Cámara y estaba en una situación muy difícil.
Se viene una crisis terrible en la economía mexicana, el
envía un paquete al Congreso, y el Congreso le responde
no estamos interesados. Entonces, Clinton retira el
paquete del Congreso y por primera vez en la historia de Estados
Unidos, se utiliza el fondo de estabilización de
cambio en un rescate mayúsculo, que pasa a ser el
equivalente de 40 mil millones de dólares. Eso, a mi juicio,
permite que NAFTA [North American Free Trade Agreement] pueda
asentarse y progresar.
Entonces,
¿puede Clinton tomar algún crédito por la
democratización de México?
Sin
duda que si no se hubiese aprobado NAFTA y el paquete de rescate,
la economía mexicana hubiera tenido un problema mucho más
serio. Y eso hubiera tenido un impacto innegable sobre la transición
política que estaba ocurriendo. Al mismo tiempo, Estados
Unidos, bajo la administración Clinton, jugó un
rol muy importante -aunque menos aparente- en ayudar al proceso
de democratización en México, insistiendo por ejemplo
en las reformas electorales, en los procesos de observación
internacional de las elecciones y estableciendo buenos vínculos
con los partidos de oposición. Para resumir, yo diría
que los dos logros más importantes de la administración
Clinton es que se pudo mantener la estabilidad económica
de la región, a pesar de todas las dificultades, y que
no hubo un retroceso craso de la democracia, a pesar de las crisis
que ha habido en la región.
¿Cuando
usted usa la palabra craso, significa que si hubo
retrocesos disimulados, como Ecuador, por ejemplo?
Los
militares no han retomado el poder en ninguna parte. Ha habido
interrupciones al proceso constitucional y probablemente los que
más llegan a la situación de golpe de Estado son
Paraguay y Ecuador. Pero en ambos países, la solución
constitucional fue la que se privilegia y no se vuelve al autoritarismo
del pasado. Eso es importante ...[y] ...el papel de Estados Unidos
fue importante, aunque no me atrevería a decir decisivo.
El otro
gran logro del gobierno de Clinton es que todos estos temas se
atendieron con una política nueva, una política
mucho más multilateral y menos bilateralizada. Eso llevó
a la crítica, porque a mucha gente le molesta que la OEA
[Organización de Estados Americanos] se meta, pero yo creo
que eso ha sido un gran adelanto.
Pasemos a
los temas que preocupan a Panamá. La Prensa publicó
recientemente la carta de un lector que se quejaba de que Clinton
había sido cruel con Panamá, porque -entre otras
cosas- no fue al traspaso del Canal y no se avanzó sobre
los temas importantes como la limpieza de los polígonos.
Creo
que es legítimo, desde el punto de vista panameño,
decir que hubo muchas cosas que Panamá habría querido,
que no se cumplieron. Pero creo que no hay que descartar la importancia
del cumplimiento por parte de Estados Unidos de los Tratados del
Canal....
¿Estuvo
en duda en algún momento, que Estados Unidos cumpliría
con esos tratados?
No,
pero había sectores importantes que estaban todavía
objetando.
Sí,
pero ese tren estaba en marcha y....
Sí,
ese tren estaba en marcha. De acuerdo. No había ninguna
posibilidad de que eso no hubiese ocurrido, pero creo que ese
tema se manejó bien.
¿Y
qué de los polígonos?
Creo
que se pudo avanzar más. Se debió avanzar más.
A mí me hubiese gustado que se hubiera podido avanzar más.
Y creo que hubo ciertos desencuentros en las conversaciones entre
los dos países, pero lo fundamental allí es que
hay sectores muy importantes en Estados Unidos que sencillamente
no querían tocar ese tema.
Yo percibí
en el gobierno de Pérez Balladares un sentido de que sobre
el tema de los polígonos había que proceder con
cuidado para no perturbar el traspaso del Canal, que era lo más
importante.
Estoy
de acuerdo con eso. A pesar de que probablemente eran voces minoritarias,
es cierto que la postura de algunos era que nosotros estábamos
regalando una de las grandes obras que construimos y que financiamos,
olvidando quiénes habían trabajado en el tema o
cómo se había beneficiado Estados Unidos a través
del tiempo. Es cierto que el margen de negociación probable
del gobierno de Pérez Balladares no era muy fuerte.
Y cuando entró
el gobierno de Moscoso, ya era un fait accompli.
Claro.
En Panamá
también se habla de que antes, cuando Estados Unidos tenía
una presencia masiva en el país, había una relación
especial entre los dos países, y que esa relación
especial se ha evaporado con la retirada norteamericana
del Istmo.
Esa
relación especial nunca va a ser la misma,
obviamente. Eso se acabó. Era una relación única,
que convertía a Panamá -en cierta medida- en un
país privilegiado dentro del contexto de la estrategia
internacional geopolítica de Estados Unidos; al mismo tiempo,
convertía a Panamá en un país neocolonial
hasta cierto punto, por la merma en la soberanía. Cuando
eso termina, se acaba la relación especial y Panamá
pasa a ser un país cuyas relaciones con Estados Unidos
son parecidas a las de los otros países en la región.
La autora
es corresponsal en Washington
[Para
volver a Opinón, haga clic aquí]
|