Punta
Chame es conocida por sus excelentes playas y la gentileza de
sus pobladores. Sin embargo, pocos panameños saben que es una
importante área de anidación de tortugas marinas, entre las que
se destacan la golfito, la carey y la verde.
Las tres
especies de tortugas marinas están en peligro de extinción, debido
al incremento de la caza y a la destrucción de sus nidos. Se cree
que sus huevos son un alimento afrodisíaco.
Por ello,
decenas de organismos públicos y privados trabajan en programas
de protección y crianza de las tortugas marinas.
En Panamá,
Ramón Morales y otros 10 voluntarios desde hace un año crearon
la Fundación de Amigos de las Tortugas Marinas (FATMAR), para
evitar la desaparición del reptil marino.
FATMAR se
creó con el objetivo de convertir a Punta Chame en centro de anidamiento
de las tortugas marinas, especialmente la golfito, carey y verde.
El
rescate
Morales y
sus colaboradores, entre los que se destacan residentes de Punta
Chame, durante la noche y la madrugada rescatan los huevos de
las áreas de desove. Posteriormente los trasladan a su centro,
donde tiene reproducciones de sus nidos originales.
Tras un periodo
de 45 o 50 días, dependiendo de la especie, nacen las tortugas,
que son cuidadas y alimentadas durante tres meses.
En un estanque
con agua de mar, las pequeñas tortugas reciben sus platillos favoritos:
peces, agua mala, algas y camarones.
Luego de
tres meses están preparadas para ser llevadas a la costa; instintivamente
irán rumbo al mar, donde les esperan otros peligros.
En las profundidades
del Océano Pacífico panameño enfrentarán a enemigos tan diversos
como voraces. De acuerdo con estudios científicos, solo una o
dos de cada 100 tortugas alcanzarán la vida adulta.
Estas cifras
son menos optimistas cuando agregamos que las tortugas también
deben encarar otros peligros antes de alcanzar las olas, porque
en el camino al mar una buena cuota será devorada por aves e iguanas.
Ante tantos
obstáculos, es cuando toma mayor importancia la labor de FATMAR,
que criando a las pequeñas tortugas hasta los tres meses, les
proporciona un porcentaje mayor de supervivencia, al que tendrían
de nacer en su nido en la playa.
Una vida
en armonía
FATMAR lucha
contra viento y marea para proteger a sus hijas predilectas, sin
embargo, sus esfuerzos cuestan.
Como no reciben
ayuda gubernamental, solicitan una pequeña donación a los visitantes
de su centro llamado Villa Carey, localizado a una hora y 30 minutos
de la ciudad capital.
Los visitantes
reciben charlas sobre la vida de las tortugas marinas y sus principales
enemigos.
El funcionamiento
de Villa Carey tiene un costo mensual entre 700 y 800 dólares,
que son utilizados en la contratación de la persona que localiza
los nidos y cuida el centro, más los gastos en alimentos, electricidad,
cuidados médicos para las tortugas y educación ambiental.
“Este esfuerzo
lo realizamos porque deseamos llevar una vida en armonía con especies
menores como las tortugas”, dice Morales, quien tiene una empresa
que se dedica al mercadeo y a la organización de eventos para
niños.