Panamá, 9 de febrero de 2001
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Un largo camino hasta las olas

Manuel Vega Loo
mvega@prensa.com

Punta Chame es conocida por sus excelentes playas y la gentileza de sus pobladores. Sin embargo, pocos panameños saben que es una importante área de anidación de tortugas marinas, entre las que se destacan la golfito, la carey y la verde.

Las tres especies de tortugas marinas están en peligro de extinción, debido al incremento de la caza y a la destrucción de sus nidos. Se cree que sus huevos son un alimento afrodisíaco.

Por ello, decenas de organismos públicos y privados trabajan en programas de protección y crianza de las tortugas marinas.

En Panamá, Ramón Morales y otros 10 voluntarios desde hace un año crearon la Fundación de Amigos de las Tortugas Marinas (FATMAR), para evitar la desaparición del reptil marino.

FATMAR se creó con el objetivo de convertir a Punta Chame en centro de anidamiento de las tortugas marinas, especialmente la golfito, carey y verde.

El rescate

Morales y sus colaboradores, entre los que se destacan residentes de Punta Chame, durante la noche y la madrugada rescatan los huevos de las áreas de desove. Posteriormente los trasladan a su centro, donde tiene reproducciones de sus nidos originales.

Tras un periodo de 45 o 50 días, dependiendo de la especie, nacen las tortugas, que son cuidadas y alimentadas durante tres meses.

En un estanque con agua de mar, las pequeñas tortugas reciben sus platillos favoritos: peces, agua mala, algas y camarones.

Luego de tres meses están preparadas para ser llevadas a la costa; instintivamente irán rumbo al mar, donde les esperan otros peligros.

En las profundidades del Océano Pacífico panameño enfrentarán a enemigos tan diversos como voraces. De acuerdo con estudios científicos, solo una o dos de cada 100 tortugas alcanzarán la vida adulta.

Estas cifras son menos optimistas cuando agregamos que las tortugas también deben encarar otros peligros antes de alcanzar las olas, porque en el camino al mar una buena cuota será devorada por aves e iguanas.

Ante tantos obstáculos, es cuando toma mayor importancia la labor de FATMAR, que criando a las pequeñas tortugas hasta los tres meses, les proporciona un porcentaje mayor de supervivencia, al que tendrían de nacer en su nido en la playa.

Una vida en armonía

FATMAR lucha contra viento y marea para proteger a sus hijas predilectas, sin embargo, sus esfuerzos cuestan.

Como no reciben ayuda gubernamental, solicitan una pequeña donación a los visitantes de su centro llamado Villa Carey, localizado a una hora y 30 minutos de la ciudad capital.

Los visitantes reciben charlas sobre la vida de las tortugas marinas y sus principales enemigos.

El funcionamiento de Villa Carey tiene un costo mensual entre 700 y 800 dólares, que son utilizados en la contratación de la persona que localiza los nidos y cuida el centro, más los gastos en alimentos, electricidad, cuidados médicos para las tortugas y educación ambiental.

“Este esfuerzo lo realizamos porque deseamos llevar una vida en armonía con especies menores como las tortugas”, dice Morales, quien tiene una empresa que se dedica al mercadeo y a la organización de eventos para niños.

Regresan en treinta años

Cuando La Prensa visitó Villa Carey, en Punta Chame, pudo percatarse de que unas 700 pequeñas tortugas de la especie golfito compartían un mismo estanque y otras 10 adultas estaban bajo observación para conocer su comportamiento.

Las jóvenes golfito comparten su estanque con una carey, que fue rescatada de las redes de un camaronero.

“El pescador al ver la tortuga la rescató y se la entregó al centro para que la cuidáramos”, indica Morales.

De los 700 bebés tortuga fueron liberados el pasado lunes 5 de febrero, 60 ejemplares. En este proyecto ayudaron los niños del sector, quienes disfrutaron mucho de la experiencia.

Como dato curioso, los perros presentes en la liberación no atacaron a las tortugas, simplemente observaron su recorrido hacia las olas de la playa norte de Punta Chame.

Morales señala que los machos de las tortugas nunca regresarán a las playas de Punta Chame. Solo volverán las hembras dentro de 30 años, y esa visita será muy breve, ya que solo tardarán el tiempo que les tome desovar y alimentarse para recuperar sus energías.

Aún los científicos no han determinado cuál es el proceso interno que ayuda a las tortugas a recordar el lugar donde nacieron. Solo saben que la caminata que realizan desde el nido hasta la playa les proporciona la información necesaria para realizar en un futuro ese periplo.

 
 

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