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A
duras penas para sobrevivir
TEXTO:
HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOS:
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
DE
RICARDO LOPEZ ARIAS
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| El
muchachito les pide excusas porque no tuvo tiempo para vestirse.
¿O será que no tenía con qué? Y pensar que con lo que alcanzaban
a vender tenían que sobrevivir, no sólo ellos, sino, quizás,
algunos más. De otra manera algo caliente y más nutritivo,
no lo podían conseguir. Son raíces que muy poco han variado.
Esa pobreza debería ser motivo de preocupación tanto entonces
como ahora, en medio de cierta abundancia y lujo superfluo
en la capital. Al fondo, la choza o bohío como las que que
aún hoy albergan a tantos panameños. |
Estas
escenas no han variado mucho en diversas regiones de nuestro país.
En los tiempos en que se tomaron estas fotografías, existían aún
menos productos de la tierra para vender. Pero se comían de más
variedad. No cabe duda de que la producción de frutas ha aumentado
en cantidad y en variedad en forma considerable.
Ojalá que todo esto le esté permitiendo a personajes como los
aquí presentes alcanzar por lo menos su sostén familiar.
Sin embargo, como ya veremos después, muchas frutas han desaparecido
del escenario nacional.
Revisando informes, tesis de grado y diversos estudios, hemos
logrado conocer que en tiempos pasados existieron hasta unas setenta
variedades de frutas y de semillas que, entre nosotros, se podían
comer.
Una tercera parte de ellas ha desaparecido del mercado y, peor
aún, de sus árboles, por lo menos en los alrededores de la capital.
Hoy predominan muchas frutas que son traídas de afuera y, a veces,
a precios inferiores a los de la localidad.
Volvamos a las nuestras que son las que nos interesan hoy.
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| Esta
familia viste mejor, tiene un caballo y ofrece algo más. Hablamos
en los textos de cuántas frutas han desaparecido. Existe un
libro de Víctor M. Acosta titulado Frutas de Panamá, que es
de gran interés. De allí hemos extraído los nombres de las
frutas y semillas que ya, por lo menos en esta ciudad, no
se encuentran jamás. Tales son la piñuela, el corozo, las
semillas del cuipo y del árbol Panamá. La pita, el piro, el
capulín, el cacao del monte, el guácimo, el guate, la toreta,
el madroño, la uvita de playa o la del monte, el algarrobo,
el icaco, la jagua, trompita, cañafístula, la raspa, manzanillo,
el garrapato y de seguro que más. Pero paciencia. Tal como
van las cosas, pronto nos comienzan a llegar del exterior.
Y para rematar, con nombres en idioma extraño. |
Entre
las criollas, aunque originalmente hayan sido traídas del exterior,
aún persiste el delicioso aguacate. La guanábana con sus muy variados
usos. El guineo. El café (su fruta, se puede comer). La granadilla,
la chirimoya, el níspero, la guayaba, la guaba, cada vez más escasa.
Las ciruelas, diferentes a las europeas. El caimito ¿qué le pasó?
Lo mismo que al mamón, al níspero, la guaba, el jobo (¿se acuerdan
de los helados de esta fruta que vendía Puruñoti allá en la calle
tercera?). El mamey, las variadas clases de mangos, cada uno más
delicioso que el otro. El digestivo tamarindo.
El limón, la lima (?), las mandarinas. La naranjas y sus nuevas
variedades sí abundan.
La piña, la sandía, los melones, la toronja, las fresas, la maracuyá,
también proliferan hoy. A la caña no la mencionamos, pues es más
un tallo que un fruto.
En las Raíces de la semana pasada, la referente al aeropuerto
de Tocumen, la fotografía del despacho no formaba parte de esas
instalaciones. El lugar era la agencia de viajes Balboa Express,
que estaba situada a la entrada del Hotel Central, allá en Catedral.
Dos de los diligentes empleados que allí aparecen son Judith Sosa
de Fábrega y Tony Stanziola. Gracias a Gustavo Rosanía por su
colaboración.
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