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Juradó, un lugar desierto
La Infantería de Marina de Colombia se ha tomado el lugar
NAYRA DELGADO
ndelgado@prensa.com
JURADO, Colombia. -Juradó es hoy un pueblo desierto, incomunicado
y sin servicios básicos, situado a unos 80 kilómetros de Jaqué.
De los 6 mil habitantes que solía tener, apenas quedan 400, casi
desapercibidos ante el aumento de la presencia militar.
La Infantería de Marina se ha tomado el lugar.
El asesinato del alcalde, Henry Perea Torres, el pasado 18 de
enero, desalentó las ya pocas esperanzas que les quedaban a los
juradenses refugiados en Panamá.
Habían vuelto al pueblo, unos meses antes, después de escuchar
el optimista discurso que Perea expusiera en Jaqué sobre el restablecimiento
de la ley y el orden en su pueblo natal. Resultó ser una espada
de doble filo.
Dos asaltos de la guerrilla -y un asesinato- en poco más de un
año, han obligado al grueso de los habitantes de este pueblo costero
a abandonar todas sus pertenencias y a pensar en comenzar una
nueva vida en cualquier otro lugar.
No tienen muchas opciones, pero Jaqué es una de ellas, y, hasta
ahora, la más pacífica. Las otras dos opciones, Buenaventura y
Valle Solano están, según informan, bajo el mando paramilitar.
Alrededor de 171 refugiados colombianos han llegado a Jaqué en
los últimos días después que el alcalde de Juradó, una comunidad
en la costa pacífica colombiana, fuera asesinado a tiros por las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Ahora, la cifra de refugiados colombianos en Jaqué oficialmente
asciende a más de 500. Extraoficialmente son muchos más.
En la actualidad, ONPAR, ACNUR y la Cruz Roja Panameña proveen
a los refugiados de alimento, alojamiento y cuidados médicos necesarios,
“tal como lo estipula la ley panameña y tal como hicimos con los
refugiados que llegaron en diciembre de 1999”, aseguró José del
Carmen Serracín, de ONPAR.
Pero para los jaquenses la atención humanitaria no es suficiente.
Demandan la seguridad que siempre caracterizó el lugar y más unidades
de policía fronteriza.
Aunque el pueblo permanece tranquilo y parece seguro, Imelda no
para de quejarse de que viven en constante tensión. “Estamos atemorizados”,
dice Imelda, natural de Jaqué, mostrando el sentimiento agridulce
generalizado de toda la población jaquense.
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