Panamá, 9 de febrero de 2001
RESEÑA
RAICES
HOY EN LA RED
PORTADAS DEL DÍA
REPORTAJES ESPECIALES
DIRECTORIO DE E-MAIL
TITULARES POR E-MAIL
EDICIONES ANTERIORES
TRANSPORTE
EMPLEOS
SERVICIOS
ANUNCIOS VARIOS
BIENES RAICES
ALQUILER
VENTA
ARTÍCULOS VARIOS
FINANZAS
JUDICIALES

 

 

  ..  
 

Juradó, un lugar desierto

La Infantería de Marina de Colombia se ha tomado el lugar

NAYRA DELGADO
ndelgado@prensa.com

JURADO, Colombia. -Juradó es hoy un pueblo desierto, incomunicado y sin servicios básicos, situado a unos 80 kilómetros de Jaqué. De los 6 mil habitantes que solía tener, apenas quedan 400, casi desapercibidos ante el aumento de la presencia militar.

La Infantería de Marina se ha tomado el lugar.

El asesinato del alcalde, Henry Perea Torres, el pasado 18 de enero, desalentó las ya pocas esperanzas que les quedaban a los juradenses refugiados en Panamá.

Habían vuelto al pueblo, unos meses antes, después de escuchar el optimista discurso que Perea expusiera en Jaqué sobre el restablecimiento de la ley y el orden en su pueblo natal. Resultó ser una espada de doble filo.

Dos asaltos de la guerrilla -y un asesinato- en poco más de un año, han obligado al grueso de los habitantes de este pueblo costero a abandonar todas sus pertenencias y a pensar en comenzar una nueva vida en cualquier otro lugar.

No tienen muchas opciones, pero Jaqué es una de ellas, y, hasta ahora, la más pacífica. Las otras dos opciones, Buenaventura y Valle Solano están, según informan, bajo el mando paramilitar.

Alrededor de 171 refugiados colombianos han llegado a Jaqué en los últimos días después que el alcalde de Juradó, una comunidad en la costa pacífica colombiana, fuera asesinado a tiros por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Ahora, la cifra de refugiados colombianos en Jaqué oficialmente asciende a más de 500. Extraoficialmente son muchos más.

En la actualidad, ONPAR, ACNUR y la Cruz Roja Panameña proveen a los refugiados de alimento, alojamiento y cuidados médicos necesarios, “tal como lo estipula la ley panameña y tal como hicimos con los refugiados que llegaron en diciembre de 1999”, aseguró José del Carmen Serracín, de ONPAR.

Pero para los jaquenses la atención humanitaria no es suficiente. Demandan la seguridad que siempre caracterizó el lugar y más unidades de policía fronteriza.

Aunque el pueblo permanece tranquilo y parece seguro, Imelda no para de quejarse de que viven en constante tensión. “Estamos atemorizados”, dice Imelda, natural de Jaqué, mostrando el sentimiento agridulce generalizado de toda la población jaquense.
Vea El Contagio de una guerra

Además en portada

 
 

[ Regresar ]

Derechos reservados, Corporación La Prensa.
internet@prensa.com