Panamá, 9 de febrero de 2001
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Por cierto...

Bush padre concedió seis “perdones” que fueron tan criticados como los 176 de Clinton

Betty Brannan Jaén

Los indultados fueron Caspar Weinberger (ex secretario de Defensa), Elliott Abrams (ex subsecretario de Estado ara Asuntos Interamericanos), Duane Clarridge (ex jefe de la División Latinoamericana de la Agencia Central de Inteligencia), Robert Mc Farlane (ex director del Consejo de Seguridad Nacional), Clair George (CIA), y Alan Fiers (CIA). Los seis fueron indultados por su papel en el escándalo Irán-Contra, cuando el gobierno de Reagan secretamente le vendió misiles a Irán y usó esos fondos para financiar su ayuda ilícita a los contras nicaragüenses. Se les había acusado de mentir al Congreso durante las audiencias celebradas para investigar el escándalo.

Debo explicar que en las audiencias ante el Congreso, los testigos levantan la mano derecha y públicamente juran que dirán la verdad, toda la verdad y solo la verdad. Mentir en un testimonio ante el Congreso es considerado perjurio con igual gravedad que el cometido en cualquier caso judicial.

Es más, cometer perjurio ante al Congreso se considera mucho más grave, que cuando se hace en un pleito privado. Comparemos lo sucedido en el caso en que Bill Clinton mintió durante la tramitación de un pleito personal contra él, financiado por sus enemigos políticos. Se trataba de un pleito privado convertido en arma política, y Clinton trató de encubrir una relación íntima que era irrelevante al desempeño de sus responsabilidades públicas. No obstante, los republicanos arguyeron que ese perjurio debería costarle la presidencia, porque “ningún hombre está por encima de la ley”. Si ese es el criterio que debe regir, ¿Por qué cuando los altos funcionarios de Reagan mintieron ante el Congreso para encubrir las acciones ilícitas de su Gobierno, Bush padre los premió con indultos?

En ese momento, Bush defendió sus indultos alegando que esos “patriotas” habían sido víctimas de la “criminalización de diferencias políticas”. El procurador especial que investigaba el caso Irán-Contra, Lawrence Walsh, respondió que “mentirle al Congreso no es una diferencia política”. El New York Times calificó de “imperdonables” los indultos y subrayó que “mentirle al Congreso por cualquier razón es un delito”.

Desde entonces, Weinberger, Abrams y Clarridge han usado sus indultos para pregonar su inocencia de aquel perjurio. Sus acciones hacia Panamá, sin embargo, confirman un patrón de falsedad. En cuanto a Elliott Abrams por ejemplo, esa no fue la única vez que le mintió al Congreso. En 1986, después del asesinato de Hugo Spadafora, Abrams declaró bajo juramento ante el Senado que “Panamá es una de las sociedades más abiertas del hemisferio... Hay libertad general para expresar oposición política y generalmente se respetan los derechos de los individuos”. Al escuchar eso, la concurrencia en el salón de audiencia irrumpió en carcajadas, pero Abrams procedió a decir que Panamá “tiene un gobierno civil, pero con injerencia militar en aquellas áreas de interés para ellos”. Quien no sabía la realidad panameña en 1986 “hubiera pensado que [Abrams] estaba hablando de Inglaterra”, escribió Kevin Buckley en su libro. [Panamá: The Whole Story, 1990].

Caspar Weinberger también faltó a su deber de decir “toda la verdad” en un testimonio reciente ante el Senado. Weinberger criticó el contrato Hutchison, insinuando que hubo corrupción en el proceso de otorgamiento, pero omitió decir que la gran perdedora en esa licitación fue Bechtel, empresa de la que fue director. No defiendo el manejo “torista” del asunto, pero es obvio que esa omisión destruye la credibilidad de Weinberger sobre el tema Hutchison.

Por último, para medir la credibilidad de Duane Clarridge, solo hay que leer su libro [A Spy for All Seasons, 1997], que contiene una defensa apasionada de su fiel servidor el “presidente” Noriega, un líder relativamente “limpio” que tuvo la mala suerte de ser feo. Entre otras cosas, un alto funcionario de la CIA que no sabe que Noriega jamás fue presidente solo puede ser una de dos cosas: imbécil o mentiroso.

Corresponsal en Washignton

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