El
derecho de escoger
¿Se
acuerdan del precio de la papa? El año pasado hizo estragos
en los bolsillos de los consumidores. ¿Debe subsidiar el
consumidor a los productores?
JUAN LUIS
BATISTA
jlbatista@prensa.com
¿Debe
el consumidor panameño sacrificar su bolsillo para proteger
al productor nacional? En teoría cualquiera dice que hay
que apoyar al productor, pero, a la hora de pagar, pocos son los
que están dispuestos a honrar sus palabras.
Se supone
que, en un mercado libre, este debate se daría directamente
en las estanterías de los comercios. Ahí el consumidor
dirime con su elección: sobreviven los productos de mejor
calidad o precio.
Pero muchas
veces el consumidor panameño no puede ejercer este derecho.
Según la Comisión de Libre Competencia y Asuntos
del Consumidor (CLICAC), el mercado local está distorsionado
debido, entre otras cosas, a la deficiente estimación del
consumo nacional en ciertos productos. Esto genera desabastecimiento
y por consiguiente el aumento de precios.
Otro factor,
que -según ha denunciado la CLICAC- contribuye al desabastecimiento
es el retraso y la poca celeridad en la concesión de licencias
de importación. Lo que ocurrió el año pasado
con los precios de la cebolla y la papa es el mejor ejemplo de
este problema.
En septiembre
de 1999, los consumidores compraban la libra de papa a 33 centavos;
exactamente un año después, el precio se había
triplicado: 85 centavos la libra. ¿La razón? Las
trabas a la concesión de licencias de importación,
sumado al hecho de que la producción nacional no era suficiente
para satisfacer la demanda. Como era de esperarse, las quejas
de los consumidores se hicieron sentir en la calle y en los medios
de comunicación.
Según
el Departamento de Información de Precios y Mercados de
la CLICAC, el desabastecimiento y el precio alto de algunos productos
son los efectos directos de la mala previsión sobre la
producción y la errónea estimación del consumo
nacional por debajo de los niveles reales (ver gráfica
adjunta sobre los cálculos de consumo en algunos productos
agrícolas).
Como se recordará,
la admisión de Panamá en el comercio mundial, mediante
la ratificación del Acuerdo de Marrakech, incorpora al
país oficialmente al sistema de normas y compromisos con
la Organización Mundial del Comercio (OMC). Eso supone
que se debe permitir el comercio libre. Para jugar con estas reglas,
se deben disminuir los aranceles de varios productos agrícolas
y de la industria local, entre otras cosas.
En respuesta
a estas medidas, los productores nacionales, junto con algunas
instituciones del Estado, han creado las denominadas Comisiones
Nacionales Consultivas de Productos Agropecuarios, que, entre
otras cosas, hacen los cálculos de consumo, producción
y abastecimiento de los principales rubros agrícolas.
Esas comisiones
no necesariamente hacen bien sus cálculos, lo cual distorsiona
el mercado, de acuerdo con la CLICAC. Lo que pasó con el
precio de la cebolla y la papa el año pasado fue un ejemplo
de eso. Por esta razón la CLICAC sugiere que no se restrinjan
las importaciones que puedan producir desabastecimiento, es decir,
los productos que más demanda tengan históricamente;
que no se creen falsas expectativas de producción, y que
no se hagan subestimaciones para deprimir las importaciones.
Según
la CLICAC, los problemas del campo panameño no deben trasladarse
al consumidor, ya que este es el último en la cadena de
comercialización y sobre él recaen todos los excesos
de precio que se fijen en la cadena, lo cual sería una
especie de impuesto. Las autoridades han hecho ingentes
esfuerzos para solucionar este problema; sin embargo, vemos que
a pesar del alza de aranceles, los subsidios, las barreras no
arancelarias utilizadas actualmente, no han cumplido su objetivo
porque el problema es de productividad y eficiencia y no se produce
en el mercado, sino en el proceso productivo, concluye la
CLICAC.
¡Cuidado
con las vacas!
REDACCION DE LA PRENSA
Basado en
servicios internacionales
Los consumidores de América Latina y el Caribe deben estar alerta
ante la entrada de carne y otros productos que la contengan, advirtió
José Vargas Niello, Director de la Oficina para América Latina
y el Caribe de Consumers International.
Desde el 23 hasta el 26 de enero se llevó a cabo en la ciudad
de Cartagena de Indias (Colombia) una Conferencia Internacional
entre representantes de organizaciones de consumidores y especialistas
de Europa y de América Latina, para comenzar el llamado Diálogo
Euro-Latinoamericano de Consumidores por el Desarrollo y la Democracia.
La actividad, que se extenderá hasta el 2003 ha sido organizada
por la Unión Europea y Consumers International.
En una conferencia de prensa a la que asistieron medios locales
y nacionales, Vargas dijo que como en Europa no se podrá comercializar
la carne sospechosa de estar contaminada con la enfermedad de
las vacas locas o encefalopatía espongiforme bovina (EEB) es probable
que esta sea exportada hacia América Latina, Asia y Africa.
“Estamos estudiando si ha llegado carne de este tipo a la región
y celebramos que en algunos países, como en Argentina, ya se esté
prohibiendo su ingreso”, dijo. No obstante, para Vargas las cosas
se complican porque la carne llega también ”incorporada en productos
elaborados, como en alimentos para bebés, por ejemplo".
El 16 de enero el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria
de Argentina (SENASA) prohibió la importación desde Europa de
todos los productos considerados de alto y medio riesgo de contagio,
como la carne y los alimentos elaborados con partes de vacas,
ovejas y cabras. El objetivo es evitar que el mal de las vacas
locas ingrese al país. Los chocolates y los quesos serán mantenidos
bajo estricta vigilancia, así como la leche en polvo y los helados
importados.
(Con información de Consumers International )
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