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El
Cortijo
Los
calamares rellenos de carne de cangrejo estuvieron deliciosos
por dentro y por fuera, delicadísimos sin más que un toque de
aceite de oliva y un ligero espolvoreo de queso parmesano
Aristóloga
Especial
para La Prensa
revista@prensa.com
La primera cosa que se viene a la mente, por supuesto, es: ¿Por
qué, si un cortijo es una finca andaluza, no se trata de los frutos
de la tierra, sino que presenta, como sus especialidades, los
mariscos? La respuesta es clara y rápida:
El restaurante, hermano de otros como Siete Mares y Le Bistrot,
que se especializan en mariscos, ha seguido la fórmula infalible
de sus freres, con lo que no le ha ido muy mal. (Además se puede
alegar que está a la orilla del mar).
La lista de vinos, que comenzamos viendo, no es de las más baratas.
Tampoco es de las más caras, pero se acerca; dígase, por otro
lado, que la redime su amplia selección, que como es de esperar,
tiene un buen contingente español-chileno-argentino, y se puede
comenzar con botellas de unos 15 dólares (también está el Lancer’s
a 11 dólares, pero ¿para qué?).
Pedimos una picada informal, para lo que nos arreglaron un plato
con tres selecciones: la primera, unas arañitas perfectamente
crocantes por fuera, suavecitas por dentro. Pero había un levísimo
resabio, que al principio nos hizo dudar de la calidad o frescura
de los calamares, pero nos llevó a la conclusión de que el problema
podía estar en el aceite, que estaba en el punto ese, en el borde
de comenzarse a agotar.
Los calamares rellenos de carne de cangrejo fueron otra cosa totalmente
distinta: deliciosos por dentro y por fuera, delicadísimos sin
más que un toque de aceite de oliva y un ligero espolvoreo de
queso parmesano. Ya sea así la receta o que “les tocó” de otro
plato que estaba a la par en la plancha, no importa: el resultado
fue afortunado y delicioso. El tercer componente de este trío
fue una orden de pulpo a la gallega, suave, de ideal textura,
y con la fragancia de mil hierbas. Nosotros le preguntamos al
chef y contestó que había usado orégano, pero nosotras olíamos
mucho más: olíamos componentes de las hierbas de Provenza como
menta y estragón. En fin, estuvieron estupendos.
Pedimos acto seguido unos langostinos al ajillo, cinco langostinos
regordetes y firmes, que estuvieron excelentes, con el toque secreto
del cocinero: un chorrito de salsa de soja. También pedimos una
orden de guabina asada, que vino más bien levemente rebosada en
harina antes de pasar por el grill.
Y recalco que la guabina es un redescubrimiento del propietario,
quien volvió a imponer este pescado otrora olvidado en la mesa
panameña.
Para postre, con orgullo se nos indicó que los postres eran todos
de factura casera. Un pie de manzana caliente con helado (pie
a la mode) fue el menor de los chascos: A la “delicia de almendras”
le añadieron no solo almendras, le añadieron un remojo profundo
de extracto de almendras enfrascado, que se le pasó la mano. Con
el “amor” que me tienen algunos chefs, y con el parecido que tienen
el olor de las almendras con el del cianuro, casi tumbo la silla
del susto. Pero en este caso la víctima no era yo, era el dulce.
El tercero, el cheesecake con galletas Oreo, tenía textura de
repello y gusto sincrónico.
En resumen, la cocina impecable con la lastimosa excepción de
los postres. El servicio fue muy bueno, y la decoración, perfectamente
mantenida, está como el primer día que pisé ese restaurante en
la década del setenta: en general, la escasez de comensales y
el aire acondicionado extremadamente frío, dan la impresión, desafortunadamente,
de un mausoleo para el funcionariado.
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Calificación:
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*
* *
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Presupuesto:
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$$$
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Crédito:
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Todas
las tarjetas de crédito
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Teléfono:
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269-6386 y 269-6387
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Horario:
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De
lunes a viernes, de 11:00 a.m. a 11:00 p.m. y los sábados
de 4:00 p.m. en adelante |
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Acceso
a discapacitados:
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No |
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Recomendados:
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Calamares
rellenos de cangrejo (B/.9.00) y langostinos al ajillo (B/.12.00) |
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Buena
relación costo-calidad:
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Guabina a la plancha (B/.9.50) y Arañitas (B/.5.00) |
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Dirección:
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Calle
D-1, El Cangrejo, diagonal al Hotel Granada |
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