Panamá, 9 de febrero de 2001
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Presión arterial y sal

La mayor cantidad de sal que ingerimos se encuentra en alimentos procesados y no en los alimentos frescos

Jorge Motta, M.D.
Especial para La Prensa

jmotta@pananet.com

La relación entre el consumo de sal y el nivel de la presión arterial ha sido un poco confusa y a veces controversial. Debido a esto, los médicos periódicamente encontramos pacientes que nos dicen que han leído en algún lugar que esa relación no existe. Esta confusión y controversia probablemente ha llegado a su fin con la publicación de un excelente estudio el 24 de enero en el New England Journal of Medicine sobre la relación entre niveles de presión arterial, el uso de dos tipos de dietas y el consumo de tres diferentes niveles de sal.

Desde hace muchos años un gran número de estudios sobre la relación entre el consumo de sal y el nivel de presión arterial han producido resultados inconsistentes. Eso se ha debido principalmente a los diferentes tipos de personas incluidas en estos estudios. Si el estudio fue a largo plazo y se concentró en personas mayores de 60 años o en personas de la raza negra o en hipertensos, los resultados generalmente mostraron una reducción significativa de la presión arterial con la disminución del consumo de sal. Si por lo contrario, el estudio fue de corta duración y se concentró en personas jóvenes, en blancos o en personas con presiones arteriales normales, el efecto en el nivel de la presión arterial con una reducción del consumo de sal fue mucho menor.

El estudio reportado en el New England Journal of Medicine evaluó los efectos de una dieta regular, una especial de la Asociación Americana del Corazón llamada DASH y tres niveles de consumo de sal en la presión arterial de un grupo de personas con una representación balanceada de edades, razas y sexos. El grupo que consumió una dieta baja de sal que contenía 5.8 gramos de sal (2.3 gramos de sodio) diarios, disminuyó su presión arterial significativamente al compararse con el grupo que continuó utilizando la cantidad típica de sal en la dieta estadounidense que es 8.7 gramos (3.5 gramos de sodio) al día. En el grupo que redujo su consumo de sal a tres gramos (1.2 gramos de sodio) al día, se observaron reducciones aún mayores de la presión arterial.

Si vamos a intentar reducir el contenido de sal de nuestras dietas, tenemos que tener claro que la mayor cantidad de sal que ingerimos se encuentra en alimentos procesados y no en los alimentos frescos o la cantidad que muchas veces añadimos sin razón con el salero. El contenido de sal en alimentos procesados puede variar desde 50 miligramos de sodio en 12 onzas de Coca Cola a 500 miligramos en una pequeña lata de maní salado. Pero el importante beneficio de vigilar estos números y tipos de comidas es que pequeñas reducciones de la presión arterial pueden producir grandes reducciones del número de casos de importantes problemas cardiovasculares. Se estima que solo una reducción de dos puntos de la presión mínima o diastólica produce una reducción del 6% de enfermedad coronaria y un 17% de enfermedad cerebrovascular. La combinación de la Dieta Especial para Eliminar Hipertensión (conocida como DASH, por sus siglas en inglés) y un bajo consumo de sal llegó a reducir la presión máxima o sistólica en algunas personas en 9.5 puntos y en 4.5 puntos la presión mínima, lo que podría significar para ellos, una gran disminución del riesgo de sufrir un infarto o un derrame. Es importante darse cuenta que al utilizar una nutrición saludable y disminuir el consumo de sal podemos alcanzar reducciones de presión que son equivalentes a las reducciones que producen algunos medicamentos excesivamente caros frecuentemente usados para controlar la presión arterial. También este tipo de dieta y bajo uso de sal ha producido en otros estudios reducciones de más del 30% de infartos fatales y no fatales, lo que es similar a las reducciones que vemos con el uso de medicamentos para reducir colesterol.

El mensaje más importante de este estudio es que nuestra forma de vivir contiene los factores más determinantes del futuro de nuestra salud, especialmente nuestra manera de comer. Todos hemos escuchado los dichos que nos advierten que “somos lo que comemos” o que “cavamos nuestras tumbas con nuestras bocas”. Es por eso que debemos guiar nuestros hábitos alimenticios no solo a un consumo bajo de sal, sino también a favorecer dietas que contengan en su mayoría frutas, vegetales, cereales, legumbres, pescados, productos lácteos y carnes bajas en contenido de grasas.

La descripción de estas dietas se pueden obtener fácilmente en recientes publicaciones de la Asociación Americana del Corazón, en www@aha.org.

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