Presión
arterial y sal
La
mayor cantidad de sal que ingerimos se encuentra en alimentos
procesados y no en los alimentos frescos
Jorge
Motta, M.D.
Especial para La Prensa
jmotta@pananet.com
La relación
entre el consumo de sal y el nivel de la presión arterial
ha sido un poco confusa y a veces controversial. Debido a esto,
los médicos periódicamente encontramos pacientes
que nos dicen que han leído en algún lugar que esa
relación no existe. Esta confusión y controversia
probablemente ha llegado a su fin con la publicación de
un excelente estudio el 24 de enero en el New England Journal
of Medicine sobre la relación entre niveles de presión
arterial, el uso de dos tipos de dietas y el consumo de tres diferentes
niveles de sal.
Desde hace
muchos años un gran número de estudios sobre la
relación entre el consumo de sal y el nivel de presión
arterial han producido resultados inconsistentes. Eso se ha debido
principalmente a los diferentes tipos de personas incluidas en
estos estudios. Si el estudio fue a largo plazo y se concentró
en personas mayores de 60 años o en personas de la raza
negra o en hipertensos, los resultados generalmente mostraron
una reducción significativa de la presión arterial
con la disminución del consumo de sal. Si por lo contrario,
el estudio fue de corta duración y se concentró
en personas jóvenes, en blancos o en personas con presiones
arteriales normales, el efecto en el nivel de la presión
arterial con una reducción del consumo de sal fue mucho
menor.
El estudio
reportado en el New England Journal of Medicine evaluó
los efectos de una dieta regular, una especial de la Asociación
Americana del Corazón llamada DASH y tres niveles de consumo
de sal en la presión arterial de un grupo de personas con
una representación balanceada de edades, razas y sexos.
El grupo que consumió una dieta baja de sal que contenía
5.8 gramos de sal (2.3 gramos de sodio) diarios, disminuyó
su presión arterial significativamente al compararse con
el grupo que continuó utilizando la cantidad típica
de sal en la dieta estadounidense que es 8.7 gramos (3.5 gramos
de sodio) al día. En el grupo que redujo su consumo de
sal a tres gramos (1.2 gramos de sodio) al día, se observaron
reducciones aún mayores de la presión arterial.
Si vamos
a intentar reducir el contenido de sal de nuestras dietas, tenemos
que tener claro que la mayor cantidad de sal que ingerimos se
encuentra en alimentos procesados y no en los alimentos frescos
o la cantidad que muchas veces añadimos sin razón
con el salero. El contenido de sal en alimentos procesados puede
variar desde 50 miligramos de sodio en 12 onzas de Coca Cola a
500 miligramos en una pequeña lata de maní salado.
Pero el importante beneficio de vigilar estos números y
tipos de comidas es que pequeñas reducciones de la presión
arterial pueden producir grandes reducciones del número
de casos de importantes problemas cardiovasculares. Se estima
que solo una reducción de dos puntos de la presión
mínima o diastólica produce una reducción
del 6% de enfermedad coronaria y un 17% de enfermedad cerebrovascular.
La combinación de la Dieta Especial para Eliminar Hipertensión
(conocida como DASH, por sus siglas en inglés) y un bajo
consumo de sal llegó a reducir la presión máxima
o sistólica en algunas personas en 9.5 puntos y en 4.5
puntos la presión mínima, lo que podría significar
para ellos, una gran disminución del riesgo de sufrir un
infarto o un derrame. Es importante darse cuenta que al utilizar
una nutrición saludable y disminuir el consumo de sal podemos
alcanzar reducciones de presión que son equivalentes a
las reducciones que producen algunos medicamentos excesivamente
caros frecuentemente usados para controlar la presión arterial.
También este tipo de dieta y bajo uso de sal ha producido
en otros estudios reducciones de más del 30% de infartos
fatales y no fatales, lo que es similar a las reducciones que
vemos con el uso de medicamentos para reducir colesterol.
El mensaje
más importante de este estudio es que nuestra forma de
vivir contiene los factores más determinantes del futuro
de nuestra salud, especialmente nuestra manera de comer. Todos
hemos escuchado los dichos que nos advierten que somos lo
que comemos o que cavamos nuestras tumbas con nuestras
bocas. Es por eso que debemos guiar nuestros hábitos
alimenticios no solo a un consumo bajo de sal, sino también
a favorecer dietas que contengan en su mayoría frutas,
vegetales, cereales, legumbres, pescados, productos lácteos
y carnes bajas en contenido de grasas.
La descripción
de estas dietas se pueden obtener fácilmente en recientes
publicaciones de la Asociación Americana del Corazón,
en www@aha.org.
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