Sandía
sin tropiezos
Estados
Unidos y Europa representan los potenciales mercados para una
nueva variedad de sandía sin semillas
Julio
César Aizprúa
jaizprua@prensa.com
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| La
mayor parte de la sandía producida en Panamá se utiliza para
el consumo local. LA PRENSA/Nicolás Psomas |
PALMA
GRANDE DE SANTO DOMINGO, Los Santos. –El cultivo de sandía sin
semillas está acaparando la atención de los productores de la
región de Azuero, quienes han empezado a ‘‘experimentar’’, con
miras a exportar hacia el mercado europeo.
Por esta razón, Diomedes Jaén está muy complacido. Jaén, un agroexportador
de la región, tiene muchas esperanzas en este cultivo, con el
cual los agricultores pueden ganar ‘‘un poco más’’ de lo que ganan
con la venta de la sandía tradicional.
Actualmente, la sandía tradicional se vende en el mercado internacional
a un precio de entre tres a cuatro centavos por libra, mientras
que la sandía sin semilla se mercadea a seis u ocho centavos por
libra.
La sandía que se está sembrando en las tierras azuerenses es de
la variedad ‘‘triploide’’, un híbrido que se obtiene de un cruce
entre dos plantas, que son polinizadas por el viento, los insectos,
y especialmente por las abejas.
Para lograr las plantas que cumplirán la función de femenina y
masculina, se utiliza material de alto valor genético, según explicó
Héctor Cedeño, enlace del Ministerio de Desarrollo Agropecuario
(MIDA) con la empresa israelí Tahal, encargada del proyecto de
riego.
Aunque no especificó el costo de producción por hectárea, Cedeño
aseguró que el mismo es ‘‘alto’’, en comparación con la siembra
de sandía tradicional, cuyo costo se calcula en unos 6 mil dólares
por hectárea.
‘‘El
costo de producción es mayor, pero se obtiene más fruta y mejores
precios’’, afirmó.
En cuanto a la sandía tradicional, el Comité Nacional de Semilla
y el Instituto de Seguro Agropecuario (IDIAP) recomiendan la siembra
de las variedades Jubilee, Jubilee II, Fiesta, Prince Charles,
Sugar Baby, Sangría, Royal Charleston y Charleston Gray.
‘‘Se
prefiere [la utilización] de los que tienen la piel verde oscuro
con rayas’’, sugiere esta entidad.
La sandía es uno de los rubros tradicionalmente producidos en
el país, destinado principalmente para el consumo interno.
Durante el periodo 1983-84, este cultivo se incluyó en el Programa
de Exportación de Productos no Tradicionales en la Región del
Azuero, que adelanta el Ministerio de Desarrollo Agropecuario
(MIDA).
Un informe del MIDA indica que, generalmente, los productores
realizan una mala preparación del suelo, utilizan una gran cantidad
de agroquímicos y tienen sistemas de riego deficientes.
Ahora, dijo Héctor Cedeño, los productores están recibiendo mucha
orientación sobre este cultivo, ‘‘para que hagan de la siembra
de sandía una actividad rentable que ayude al desarrollo socioeconómico
de la región’’.
Por otra parte, Cedeño informó de que unos 105 productores azuerenses
agrupados en la Unión de Cooperativistas Agropecuarios (UNCAPE)
están exportando melón a Europa, en donde la fruta se paga entre
seis a siete dólares. Los productores de la UNCAPE exportan melón
de las variedades Honey Dew y Cantaloupe.
Esta actividad exportadora está generando numerosos puestos de
trabajo en la región de Azuero, en donde cada trabajador recibe
como salario 8.25 dólares diarios.
La
sandía
- Durante el año agrícola 1998-99 existían
en el país 299 productores de sandía.
- En todo el país la superficie sembrada era de 940 hectáreas.
- Ese año agrícola la producción de sandía
fue de 261 mil 136 quintales.
- El rendimiento por hectárea fue de 309.50 quintales
por hectárea.
- La mayor cantidad de productores, unos 84, se localizaban
en la provincia de Herrera, seguido de unos 42 en la provincia
de Los Santos.
- Darién fue la provincia donde menos sandía se
sembró, apenas una hectárea.
Nota: El año agrícola comienza el 1 de abril y
finaliza el 31 de marzo del siguiente año.
Fuente:MIDA
La tragedia de
las ‘vacas locas’
LONDRES,Inglaterra
(EL MUNDO). –El profesor Peter Smith no es amigo de cumplidos
ni lisonjas. Pero lo cierto es que este epidemiólogo británico
está considerado una auténtica eminencia. No en vano, es uno de
los mayores expertos mundiales en ‘‘vacas locas’’ y, como tal,
está al frente del Comité Asesor de Encefalopatías Espongiformes,
un organismo integrado por los más relevantes investigadores en
este campo y creado para orientar al gobierno británico sobre
cómo afrontar la epidemia.
Unos 13 años lleva este hombre enjuto y de pelo cano intentando
desentrañar los secretos del mal de las ‘‘vacas locas’’ y de su
variante humana. Un dato: hace ya 10 largos años que este respetadísimo
especialista en Encefalopatías Espongiformes no prueba la carne....
P.-Después
de todas la medidas adoptadas para evitar la propagación del mal
de las ‘‘vacas locas’’, ¿cree que el Reino Unido puede proclamar
que es imposible que una persona contraiga aquí la enfermedad?
R.-Hay
que distinguir entre los casos que se producen ahora, y que casi
con toda seguridad se deben a una exposición anterior al agente
causante de la enfermedad, y las infecciones que se puedan producir
ahora mismo y que resultarán en enfermedad dentro de varios años.
No podemos estar seguros de que ahora no haya riesgo de que se
produzcan nuevos contagios.
Las medidas que se pusieron en marcha para controlar la encefalitis
espongiforme bovina (EEB) entre el ganado fueron particularmente
severas a partir de 1996, cuando aparecieron los primeros casos
de personas con la enfermedad.
Pero hay una pequeña cantidad de trasmisiones que creemos que
se producen a través de la vaca al ternero, de la madre al hijo.
Así que, a pesar de los controles sobre el ganado, debe de haber
una pequeña cantidad de animales infectados que aún hoy entran
en la cadena alimenticia humana. Pero el nivel de riesgo de contraer
el mal de Creutzfeltdt-Jakcob a través de productos cárnicos británicos
es en estos momentos muy bajo y, particularmente, si el ternero
tiene menos de 30 meses. No podemos decir que el riesgo sea cero,
pero pensamos que es muy bajo.
P.-¿Se
puede transmitir la enfermedad a través de las transfusiones?
R.-
Existe el riesgo teórico de adquirir la enfermedad a través de
transfusiones sanguíneas, pero hace años ya pusimos en marcha
medidas para evitar eso. No podemos decir que hayamos eliminado
el riesgo de contraer la enfermedad mediante transfusiones sanguíneas,
pero, sin duda, lo hemos reducido sustancialmente. No conocemos
ningún caso en el que la enfermedad se haya trasmitido a través
de la sangre.
P.-¿Es
posible contraer la enfermedad comiendo un filete de vaca sin
hueso?
R.-No
podemos decir que no. Lo único que por ahora podemos decir es
que no tenemos evidencias de que la carne musculosa o la sangre
de las vacas contenga el agente infeccioso.
P.-¿Puede
ser peligrosa la leche procedente de una vaca infectada?
R.-Una
vez más le he de responder que no podemos afirmar rotundamente
que no exista riesgo, pero la mayoría de los estudios realizados
indican que no hay peligro.
P.-¿Cuál
es el origen de esta enfermedad?
Tampoco
lo sabemos. Hay dos grandes teorías al respecto, y ambas son perfectamente
posibles. Una de ellas apunta a que el agente que produce el scrapie,
un tipo de Encefalopatía Espongiforme que padecen las ovejas
desde hace más de 200 años y que aparentemente nunca había tenido
ningún efecto en los seres humanos, sufriera una mutación y se
‘‘adaptara’’ a las vacas. La otra teoría se sustenta en que, normalmente,
las enfermedades no saltan de una especie a otra, así que lo que
pudo ocurrir es que el mal se originara en las vacas mediante
una mutación espontánea y, con que eso ocurriera en un sola vaca
que luego se empleara en la alimentación de otras vacas, el mal
se extendería.
Eso precisamente es lo que creemos que pasó con una epidemia llamada
kuru que se originó hace años en Papua Nueva Guinea, en una comunidad
que practicaba el canibalismo. Pensamos que lo que ocurrió entonces
es que alguien desarrolló espontáneamente esta nueva enfermedad
y, al servir de alimento a los restantes integrante de la tribu,
según era tradición, el kuru se convirtió en una epidemia masiva.
P.-¿Cuánta
carne infectada ha de comer una persona para contraer la enfermedad?
R.-No
tenemos ni idea. Pero confiamos en que sea necesario comer una
gran cantidad de tejido para resultar contagiado. Lo que sí sabemos
es que un gramo de tejido cerebral, el más infeccioso, es suficiente
para contagiar a una vaca. Y lo mismo en las ovejas. Pero si,
como suele ocurrir, al saltar la enfermedad de una especie a otra
se producen variaciones, debemos confiar en que la dosis necesaria
para infectar a una persona sea sustancialmente mayor. Pero, honestamente,
no lo sabemos.
P.-¿No
saben si las personas que han muerto a consecuencia de este mal
eran grandes comedores de carne o si, por el contrario, se movían
en los niveles normales de consumo de ternera?
R.-Una
vez más, no, no lo sabemos. Cuando a esas personas se les diagnosticó
la enfermedad, estaban realmente muy enfermas para poder decirnos
lo que comían o lo que no comían. Lo que hicimos fue preguntar
a sus familiares por sus hábitos alimenticios... de hace 10 ó
15 años, y es muy difícil saber lo que comía una persona hace
todo ese tiempo y por boca de terceros. Además, no sabemos si
la enfermedad se concentra o no en algunos productos determinados,
aunque sospechamos que probablemente el agente se pueda encontrar
en alimentos de mala calidad tipo hamburguesas, salchichas...
Asumimos que, dado que muchos animales enfermos entraron en la
cadena alimentaria, fue así como el mal alcanzó a las personas.
Pero, realmente, no hemos podido probarlo.
P.-¿Tienen
ustedes alguna estimación de cuántas personas podrían morir de
este mal en los próximos 10, 20 años tanto en Gran Bretaña como
en el conjunto de la UE?
R.-Cuando
salieron a la luz los primeros casos de humanos contagiados, nos
temíamos que pudieran ser millones las personas afectadas, dado
que han sido muchísimas las vacas infectadas que han servido de
alimentación a la gente. Al día de hoy, en el Reino Unido han
fallecido 80 personas de este mal, y el año pasado fue en el que
más muertes se registraron. El problema es que no sabemos qué
dosis de carne es necesaria para que una persona resulte infectada
y no sabemos tampoco cuál es el período de incubación de la enfermedad.
Si el período de incubación es, como media, de 10 años, significaría
que buena parte de los casos ya han salido a la luz. Pero si el
periodo de incubación es de 20,30 ó 40 años, entonces solo hemos
visto la primera parte de la epidemia.
Quizás sólo produzcan un centenar de casos y se acabe, pero también
es posible que estemos ante una epidemia que se prolongue durante
años y afecte, sólo en el Reino Unido, a 100 mil personas. No
lo sabemos.
P.-Profesor
Smith, ¿usted como carne de ternera?
R.-No.
Dejé de comerla en 1990, en parte a causa de la encefalopatía
espongiforme y, en parte, con la idea de llevar una vida más sana.
Pero el haber dejado de comer carne en 1990 no significa que no
esté infectado: la mayoría de los contagios se produjeron antes
de esa fecha.
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