Panamá, 22 de enero de 2001
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Melodías de los 70

Karla Jiménez
kjimenez@prensa.com

La década de los setenta se caracterizó por ser un periodo de variaciones, cuyas manifestaciones se dejaron ver en el cine, la televisión, la moda, y por supuesto, en la música.

Justo cuando el rock se encontraba en una etapa experimental, tanto para los grupos sajones como para los latinoamericanos, surge una nueva tendencia rítmica, popular y polémica.

A finales de los años 60, ya comenzaban a emerger nuevas cadencias ‘‘rockeras’’: en la primera ola había artistas como Led Zeppelin y Pink Floyd cubriendo la escena británica, y Grateful Dead y Jimi Hendrix, quienes ya habían logrado un gran recorrido, en los predios del mercado estadounidense.

Latinoamérica por otro lado, apenas comenzaba a consagrase dentro de este estilo, con grupos como Arco Iris, Sui Generis (primer proyecto de Charly García y Nito Mestre), Fito Páez (ya había grabado tres álbumes) y la banda de rock pesado de Luis Alberto Spinetta, Pescado Rabioso.

Igualmente, los primeros años de esta época también fueron un buen momento para la balada romántica exportada de España. Cantantes como Camilo Sexto, Nino Bravo, Jeanette, Víctor Manuel, Ana Belén, Raphael, José Luis Perales, Rocío Jurado, Julio Iglesias, Massiel, Danny Daniel, Juan Bau y Miguel Gallardo invadieron con sus voces románticas el continente americano.

En 1972 una empresa estadounidense creó la primera calculadora electrónica de bolsillo. Tal invento, más otras tecnologías creadas, dieron paso a un estilo denominado disco, que tenía como orígenes sonoros al rythm and blues, el soul y el funk.

No todos recibieron con vítores el sonido disco. Por ejemplo, los rockeros pensaban que este ritmo solo era el conjunto de notas simples y compases repetitivos, y por lo tanto, era un atentado a la creatividad y un insulto para los verdaderos músicos. Los amantes de una transformación en el mundillo del espectáculo hicieron oídos sordos.

Revolución social

El bailable disco se colocó en la cubre más alta de la moda entre 1975 y comienzos de los ochenta. Su estrecha relación con las fiestas de la jet set y el hedonismo de la época, lo inmortalizaron para siempre.

Gracias a este género se dieron a conocer The Village People, The Comodores, Sunshine, Cameo, entre otros, que siguieron el sendero trazado por James Brown, Isac Hayes y Temptations.

También convirtió en dioses de adoración a los disc- jockey (de Nicky Siano a Frankie Knuckles y Larry Leva). Las discotecas fueron el terreno perfecto para sobresalir (allí tenemos a Studio 54), Tony Manero y Tania Charles nos enseñaron a bailar, todos adoraron los performance excéntricos de las Grace Jones, y se creó un ambiente más tolerante hacia las comunidades homosexuales (sus mejores representantes fueron The Village People).

Como el disco tenía una fuerte presencia afroamericana, se convirtió en estandarte de esta minoría étnica. Por eso, Donna Summer y Gloria Gaynor recibieron la corona de reinas indiscutibles de la pista de baile.

Cuando comenzaron los 80, el disco se enfrentó a su declive, y hay historiadores que atribuyen cierta responsabilidad de esto a Steve Dahl, un locutor de radio estadounidense que fue despedido de su trabajo cuando le cambiaron, sin su autorización, su programación de rock por el popular disco.

Desde entonces fue el abanderado de una batalla contra el disco, y lideró campañas públicas de quemas de álbumes, manifestaciones y declaraciones en los medios de comunciación de aquel entonces, que en más de una ocasión provocaron caos y la intervención policíaca.

Otros, más sensatos, piensan que el género simplemente menguó, ya que a sus filas entraron más de un artista sin talento.

Hoy por hoy, sus ritmos pulsantes y machacones son revividos. Los nostálgicos han hecho posible revivir aquellos años y los músicos de ahora han utilizado el disco como ingrediente de lo que actualmente se conoce como la música electrónica, jungle, house, garage y freestyle.

 
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