Panamá, 22 de enero de 2001
RESEÑA
RAICES
HOY EN LA RED
PORTADAS DEL DÍA
REPORTAJES ESPECIALES
DIRECTORIO DE E-MAIL
TITULARES POR E-MAIL
EDICIONES ANTERIORES
TRANSPORTE
EMPLEOS
SERVICIOS
ANUNCIOS VARIOS
BIENES RAICES
ALQUILER
VENTA
ARTÍCULOS VARIOS
FINANZAS
JUDICIALES

 

 

  .  
 

El cuento como terapia

Alicia Rego
Especial para La Prensa
revista@prensa.com

Los cuentos son el instrumento ideal para superar la barrera lingüística y mental entre los adultos y los niños

Aparte de los bien cono cidos beneficios (facilitador de la comunicación con los padres, enriquecedor del vo cabulario infantil, agiliza dor del desarrollo mental), los cuentos que se leen a los niños pueden ser una buena herramienta para el trata miento de algunos de los trastornos de conducta que presentan a lo largo de cada etapa de su crecimiento. De hecho, si muchos padres es tuvieran al tanto de las ne cesidades psíquicas primor diales de los menores y actuasen con la compren sión y la motivación que ca da problema requiere, por ejemplo a través de un cuen to, muchas de las terapias llevadas a cabo por especia listas ( a veces largas y cos tosas) se harían innecesa rias. Sin embargo, en ocasiones nos resulta difícil motivarlos adecuadamente y en lugar de estimularlos, más bien tendemos, incons cientemente, a desmorali zarlos. Y es que no solemos adecuar nuestras exigencias a sus posibilidades y facul tades momentáneas.

A través del cuento se pue de solventar esto, además de hacerlo en una forma fácil y amena que facilita el enten dimiento. Porque los cuen tos son el instrumento ideal para superar la barrera lin güística y mental entre los adultos y los niños, tanto así que muchos psicólogos no dudan que en ellos puede ha llarse una efectiva medida terapéutica. Y es que los pe queños se identifican con los héroes de las narracio nes y se apropian entusias mados de las ideas y solu ciones propuestas para la superación de sus dificulta des. Atención, motivación y comprensión del padre ha cia su hijo son los beneficios que deparan los cuentos y que facilitan el tratamiento de muchas conductas irre gulares como el morderse las uñas, la desobediencia o las que deparan algunos mie dos (nocturnos, a la muerte, al dentista...), entre otras tan tas más que, en ocasiones y a pesar de nuestras buenas intenciones, tendemos a con solidar por nuestra a veces torpe labor pedagógica.

Gerlinde Ortner, terapeu ta con muchos años de ex periencia en la clínica infan til, comparte estas ideas. Tanto así que escribió un li bro, Cuentos que ayudan a los niños, con una serie de historias encaminadas a mo tivar a los menores y ayu darlos a dejar atrás una se rie de comportamientos que sacan de quicio a sus pa dres. Sin pretender inventar fórmulas mágicas, los cuen tos que ella presenta los in vitan a identificarse con los protagonistas, que tienen problemas afines, para así dejar de pelearse con sus hermanos, contar mentiras, rechazar el alimento, tener pesadillas...; todo esto con un lenguaje muy ameno, na da moralizador, que se adue ña de la fantasía para, de jando de lado los sermones, sugerir una propuesta inno vadora, más ágil y más acor de con la capacidad de com prensión del niño que la que solemos plantear muchas veces los padres.

Así, hay en el libro un cuento para los niños que no quieren irse a la cama, que cuenta la historia de Andreas, un pequeñín al que le cuesta mucho retirar se a dormir a pesar de la diaria insistencia de sus progenitores. Ayudado por una fórmula que le provee un travieso duendecillo, An dreas consigue pasar las no ches en vela y así aprove char el tiempo para lo que realmente le gusta: jugar y ver televisión. Pero al día siguiente está tan cansado que no tiene fuerzas para na da, ni siquiera para comerse su comida favorita o prac ticar el fútbol. La noche si guiente pasa lo mismo, con lo cual la historia se repite. Esta vez Andreas no es ca paz ni de patear el balón ni de jugar a las carreras, el no dormir lo tiene agotado. Me nos mal que el Señor de los sueños descubre la travesu ra de su pequeño ayudante, el duende bribón, y hace que Andreas concilie el sueño temprano y duerma como un lirón. A la mañana si guiente, el niño despierta lle no de vitalidad y está listo para afrontar el día con mu cho ánimo y alegría. Acos tarse temprano ha sido lo me jor que ha podido hacer.

También está el cuento de Beatriz, una pequeña a la que le cuesta mucho hacer las cosas porque es muy len ta y se distrae con facilidad. Siempre está pensando en las musarañas. Pero un día, con la ayuda de un fantás tico reloj que le regala un curioso personaje, consigue vestirse sola, cepillarse los dientes y comer con rapidez. Su artilugio se enciende y brilla cuando ella termina lo que está haciendo. Beatriz está encantada con su reloj y sus padres con su actitud. Ellos no pueden ver el apa rato pero sí cómo la niña ha dejado de estar remolonean do todo el tiempo.

Oportuna es también la historia de Claudia una ni ña que tenía pesadillas. Un día su mamá le explicó que esos fastidiosos pensamien tos que aparecían de noche se debían a que, a veces los señores de los pensamientos que viven en nuestras men tes discuten entre sí porque todos quieren ser los prota gonistas de los sueños. Mu chas veces no se ponen de acuerdo y el resultado son esas pesadillas que se tie nen. Pero uno es dueño de esos pensamientos y puede aprender a controlarlos. No hay que tener miedo porque diciendo unas palabras má gicas, “un, dos, tres, miedo no te quiero ver”, y con la ayuda del peluche favorito, los pensamientos malos de saparecerán y surgirán otros más bonitos.

Y uno mismo puede in ventar cuentos según el pro blema que se quiera tratar. Sólo se necesita de imagi nación, fantasía, sensibili dad y paciencia. Tras el cuento, se intentará de al guna forma aplicar el men saje a la realidad a través de situaciones parecidas a las de los protagonistas. Según las distintas cuestiones se de berá establecer un progra ma de incentivos para esti mular a los niños a que imiten las conductas apro piadas.

Es verdad que los cuentos no pueden sustituir un tra tamiento formal cuando los problemas de conducta son serios, sin embargo pueden ser un complemento valioso, no solo por el contenido di dáctico del que hablamos si no también por el solo he cho de que requieren de la dedicación y atención de los progenitores, a veces tan echadas en falta por nues tros hijos. Y es que, el que un niño se percate de que uno de sus padres le dedica tiempo para algo más que los sermones y regaños es en sí mismo un primer paso para una efectiva terapia.

[Para volver a Revista, haga clic aquí]

 
.

[ volver a la página principal ]

Derechos reservados, Corporación La Prensa.

internet@prensa.com