Los
ferrocarriles y los vapores
Los
vapores y el ferrocarril contribuyeron a mejorar el intercambio
comercial
Alonso
Roy
Especial
para La Prensa
revista@prensa.com
El istmo de Panamá ha sido en la historia, y seguirá siéndolo,
un puente de paso para comercio, viajeros, soldados, tesoros y
carga de toda índole.
Estos transeúntes iban hacia variados destinos, pero necesitaban
un paso corto y rápido para trasladarse de un océano a otro y
Panamá parecía que lo podía proporcionar.
El Camino Real (de Panamá a Portobelo) y sobre todo el Paso de
Cruces (Panamá a Cruces) eran rutas para atravesar el istmo, pero
siguiendo caminos infernales y peligrosos, donde además abundaban
los asaltantes de toda categoría, para aún complicar, en grado
sumo, este riesgoso viaje.
El descubrimiento de minas de oro en California en enero de 1880
y la posibilidad de obtener una rápida fortuna, produjo una desmedida
sed de riquezas, con el consiguiente aumento de los buscadores
de tesoros, que se presentaron por todas partes, pero sobre todo
en Colón, para atravesar Panamá y tomar otro barco hacia California.
El naufragio de un barco en la bahía de Colón, abarrotado con
pasajeros de todo tipo de nacionalidades, clases y profesiones,
que se volcaron con ansias de un rápido cruce de Panamá, fue observado
por William Henry Aspinwall, John Lloyd Stevens y Henry Chauncey,
quienes formaron una compañía para construir un ferrocarril interoceánico
y ofrecer un pasaje rápido, cómodo y seguro, a todos estos aventureros.
Después de intensas luchas contra enfermedades y el clima, se
inauguró en enero de 1855 dicha vía férrea, que desde sus inicios
fue un tremendo éxito económico.
Hacia 1881 la compañía fue adquirida por los franceses durante
su época de construcción del Canal de Panamá.
Cuando todas las propiedades fueron obtenidas por Estados Unidos
en 1904 el ferrocarril fue incluido, llamándose Panama Railroad
Company, que tuvo enorme importancia en el éxito de este país
en terminar la vía acuática.
En 1893 se formó la Línea Columbia entre Nueva York y Colón, que
en 1896 cambió su nombre para Panama Railroad Steamship Co., aumentando
su flota con la nueva adquisición de los vapores Allianca, Advance
y Finance, que tomaron una parte muy activa en el transporte de
equipos y de trabajadores para la obra del Canal.
En 1905 se compraron los barcos México y La Habana, que fueron
bautizados como Colón y Panamá, además del Shawmut y Tremont,
que se denominaron Ancón y Cristóbal.
Tuvieron particular importancia en el transporte de cemento, maquinarias
y hombres durante toda la construcción. El Ancón pasaría a la
historia, cuando fue escogido para el cruce inaugural del Canal
el 15 de agosto de 1914.
Posteriormente, se mandó a construir tres barcos de lujo en los
astilleros de Quincy, Massachussetts (Estados Unidos) a un costo
de 4 millones de dólares cada uno, bajo rígidos parámetros en
lo concerniente a seguridad, belleza y eficiencia, que fueron
bautizados como Cristóbal, Ancón y Panamá, conservando así la
tradición de estos nombres.
La ruta se cambió para Panamá-Nueva York-Panamá y en los viajes
del Cristóbal, principalmente, actuaba un conjunto de Lucho Azcárraga,
durante la travesía, con números musicales, canciones y bailes
típicos panameños, que resultaron una gran atracción, por la alegría
y entusiasmo contagioso de sus actuaciones.
El Cristóbal era, en verdad, un buque festivo, donde existía un
alto espíritu de camaradería entre todos los pasajeros.
Durante 42 años realizó una serie de traslados por la ruta Panamá-Nueva
Orleans-Panamá, y en una ocasión llegó a tener un total de 27
en el año.
Por medio de la Ley No. 841 de septiembre de 1950, la Compañía
del Ferrocarril de Panamá y la Compañía de Vapores Panamá fueron
unidas bajo el nombre de Compañía del Canal de Panamá.
El último viaje del Cristóbal fue el 19 de septiembre de 1981.
El Ancón y el Panamá habían sido retirados en 1956 y 1961.
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